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Elecciones en Islandia: la gestión de la crisis llega a las urnas

  • Según las encuestas, los verdes y socialdemócratas no volverán a ganar
  • Regresarán los conservadores,  los mismos que llevaron al país al abismo
  • La población está descontenta por el 'corralito' y las subidas de impuestos

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230.000 islandeses votan su nuevo Parlamento

Aparentemente, resulta incomprensible: una enorme paradoja. Pero si las encuestas y los indecisos no se mueven,   Islandia volverá a estar gobernada por los conservadores, los mismos que estaban al frente del país cuando, a finales de 2008,  vivió el estallido de una crisis financiera,  que casi nadie quiso ver y situó al país del hielo y el fuego, al borde del abismo.

Islandia tiene en estos momentos un paro inferior al 6% y sigue bajando; ha protegido del huracán de la crisis a sus sectores más vulnerables y la economía crece por encima del 2%. Visto así, cualquiera pensaría que la coalición de verdes y socialdemócratas, hizo bien los deberes y que las elecciones deberían refrendar lo que parece un buen balance.  Pero muchos islandeses no lo ven igual: han subido más de un centenar de impuestos,  hay “corralito”, lo que impide la libre circulación de capitales, y las hipotecas se han disparado tras la devaluación de la corona.

Muchas familias que habían contratado préstamos en moneda extranjera, vieron cómo, en cuestión de días, su deuda se doblaba. Por si fuera poco, las relaciones entre los verdes y el Partido Socialdemócrata tampoco han sido todo lo buenas que debieran y algunos desacuerdos han impedido la reforma de la Constitución,  un asunto en el que participó gran parte de la sociedad islandesa, -referéndum incluido-,  que ahora se siente frustrada, cuando no engañada.

Entre dos anda el juego

El Partido de la Independencia, hegemónico en Islandia desde que dejó de ser colonia danesa, podría volver al gobierno,  aunque las encuestas dan como ganador al Partido Progresista, una formación conservadora, de origen agrario  que  parece tener, al menos sobre el papel, soluciones a todos los problemas. Su programa electoral promete pleno empleo, menos impuestos, la inclusión en la actual Constitución de clausulas protectoras de los recursos naturales de Islandia y sobre todo, recortes sustanciales de las hipotecas, el  cáncer de la economía de los islandeses.

Sigmundur David Gunnlaugsson, con apenas 38 años, es su líder. El Partido Progresista podría ganar en votos, pero la decisión de quién será el próximo primer ministro de Islandia la tomará su presidente desde hace 17 años, –el carismático Ólafur R. Grimsson–, teniendo en cuenta posibles alianzas y su propio criterio sobre a quien considera más adecuado como futuro jefe de gobierno.

Un presidente al servicio de sus ciudadanos

Elegir a quien mejor dirigirá los destinos del país. Es una más de las prerrogativas constitucionales del presidente, que acaba de iniciar su quinto mandato con los índices de popularidad disparados. Su negativa a sancionar los acuerdos parlamentarios para el pago de la deuda y convocar un referéndum en el que los islandeses pudieran decidir, le ha convertido en poco menos que un héroe nacional,  por más que algunos le reprochen que él también confió y vendió las excelencias del enriquecimiento rápido que ofrecían los llamados vikingos financieros.

Grimsson cree que Islandia tiene muchos motivos para sentirse orgullosa del camino recorrido desde el colapso de sus bancos.

“La economía islandesa se está recuperando, -nos dice sin dudar el Presidente-.  Por supuesto que nos ayudó el hecho de no formar parte de la Unión Europea. Algunas de las medidas que aplicamos pudimos hacerlo porque estamos fuera de la Unión Europea pero muchas de las que hemos llevado a cabo en Islandia se podrían haber aplicado en Europa: ustedes podían haber dejado hundirse a los bancos, ustedes podían haber introducido control de capitales, como acaban de hacer en Chipre. Ustedes podían haber protegido el estado del bienestar en vez de aprobar medidas de austeridad que empobrecieran a la clase media y baja”,  nos reprocha Grimsson desde su orgulloso euroescepticismo.

Un líder en apuros

Bjarni Benediktosson, el líder del Partido Independiente, tendría muchos números en las quinielas del nuevo gobierno, pero inspira poca confianza debido a  su vinculación con la élite que causó el colapso del año 2008. Por eso son muchos los que piensan en Hanna Birna Kristjánsdóttir, la vicepresidenta del partido, como futura primera ministra. El propio Benediktsson, -en un movimiento estratégico, cuando las encuestas empezaron a fallarle-,  se manifestó dispuesto a considerar la posibilidad de retirarse y dar paso a su segunda. No lo ha hecho, pero todavía está a tiempo aunque, en apariencia, espera a que el recuento de votos ofrezca un mapa definitivo del nuevo Parlamento y de sus posibles coaliciones.

En el puzzle islandés también cabe un acuerdo entre conservadores y socialdemócratas. No sería la primera vez. Son demasiadas cosas las que les separan, pero les une su condición de partidos consolidados, con crédito a la baja que tienen que recuperar. Porque si de algo ha servido la crisis ha sido para cambiar el paradigma de las últimas generaciones: las que creyeron en la economía especulativa y financiera; las que se olvidaron de su condición de país de pescadores y granjeros. Las que ahora desconfían de los bancos pero también de los partidos políticos tradicionales que fascinados con las élites del poder económico, no vieron lo  que se venía encima. Ahora ya saben que Santa Claus no existe y que en todo caso, solo viene un día por Navidad.