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Guía para entender a los hermanos Taviani

       
  • Los octogenarios directores italianos renacen con César debe morir
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  • La película obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín

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"César debe morir" es el título de la nueva película de los hermanos Taviani

De repente, otra vez, los Taviani. 35 años después de su Palma de Oro en Cannes por Padre Padrone, los octogenarios directores han protagonizado con César debe morir un hermoso renacer coronado por el Oso de Oro en Berlín.

Su última película, elegida por la academia italiana para representar al país transalpino en los premios Oscar, es una apuesta radical: presos reales de una cárcel romana de máxima seguridad ensayan Julio César, de William Shakespeare, para representar la obra a un grupo de visitantes. César debe morir parece un documental pero no lo es. Los presos se interpretan a sí mismos con frases guionizadas. Además, el actor que interpreta a Bruto, ya no está en prisión y ha participado en películas como GomorraUn propuesta que desnaturaliza la farsa y la realidad a partes iguales.

La historia del cine es un suspiro. Cuando los hermanos Taviani nacieron en Sicilia hace más de 80 años el sonido apenas balbuceaba en las pantallas. Casualidad o no, Paolo y Vittorio han hecho del uso de la banda sonora en general una de sus marcas de estilo, un estilo que nunca ha sido natural y que tiene fama de tosco e intelectual. Sin embargo, el poderoso blanco y negro sobre los auténtica prisión supone un salto de calidad que redondea una película de calidad incontestable.

Paolo, el menor de los dos, ha visitado Madrid para presentar la película y recibir el premio honorífico del V Festival de cine italiano de Madrid. Con 81 años y una vitalidad inoxidable, gusta de extenderse e hilar las respuestas. El legado de los Taviani merece ser revisado.

Adaptadores, traidores

Siempre han buscado las mejores compañías. Eso sí, para traicionarlas. Tolstoi (No estoy solo), Pirandello (Kaos, Tu ríes), Goethe (Las afinidades electivas) y ahora Shakespeare. El propio proceso de creación de César debe morir ilustra de que modo los Taviani se topan con los escritores más que perseguirlos. Durante una visita a la cárcel romana de Rebibbia, asistieron a una representación de Dante por parte de lo presos de máxima seguridad. Inmediatamente les sedujo relacionar a presos de la camorra y la 'Ndrangheta con Julio César. Al fin y al cabo una obra de traición, honor, amistad y asesinato.

“No es que elijamos a los grandes autores, elegimos los que hemos amado muchísimo.  En el pasado hemos encontrado afinidades con algunas historias de Tosltoi o Pirandello pero nunca han sido ilustraciones de obras”, aclara Paolo. “Si Pirandello viera las películas que hemos hecho de sus novelas diría que le han traicionado mucho. Precisamente él decía que las ideas son como unos sacos vacíos: si no lo llenan de sentimientos tuyos, el saco se queda vacío y cae; si poner tus sentamientos, el saco queda de pie. Hemos cogido estos sacos de estos autores y los hemos llenado de contenidos. Otras veces, como en La noche de San Lorenzo (Premio Especial del Jurado en Cannes) hemos inventado nuestras historias. Depende del momento que atravieses”.

La evocación del sonido

“Siempre nos preguntamos ¿El sonido es importante en esto?”, explica Paolo sobre su proverbial uso de la banda sonora. En No estoy solo, el preso imagina lugares mirando una pared mientras escucha los sonidos en su mente. Y Padre, padrone supone la culminación de esas experimentaciones.

“Padre padrone habla de un hombre que del silencio pasa a hablar y que ha elegido la glotología como profesión. Alguien que ha sido mudo durante 20 años y luego elige la comunicación. Sobre todo en esta película hemos exaltado primero el silencio, que también es sonido, después el sonido contra el silencio y luego la llegada de la música que es liberadora. Siempre he dicho que la herencia del gran patrimonio musical italiano es el cine. En el pasado escribíamos en el guion; “aquí va a música” y nada más.”

El pesimismo y el fin de la utopía

La obra de los Taviani recorre el desengaño de la izquierda de los años 60, 70, y 80. Sus ‘héores’ se golpean contra un muro insoslayable: el final de la utopía de cambiar la sociedad. En César debe morir, los presos encuentran en la actividad artística un escape catártico pero, al mismo tiempo, una amarga constatación de su realidad. “Desde que conozco el arte, esta celda me parece una prisión”, dice el preso que interpreta a Casio.

El arte es un elemento para sobrevivir pero esa frase no es nuestra. La dijo el preso y nos impresionó muchísimo. Era un camorrista, que ha vivido en un horizonte cerrado. Y el arte le ha abierto nuevos horizontes y paisajes y le ha creado una felicidad fuerte. Y a la vez es un dolor porque se da cuenta de que ha perdido más de lo que creía. El poder del arte también puede dar dolor a los que han trabajado interpretando pero, haciendo este trabajo, han conquistado un poco de autoconsciencia y pensamos que les puede ayudar para enfrentarse al horror”.

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