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El voto latino, clave en la recta final de campaña

       
  • Los latinos son ya la minoría más importante con derecho a voto en EE.UU.
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  • Los candidatos lanzan mensajes en castellano para captar su voto
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  • Obama cuenta con ventaja aunque decepcionó por la reforma migratoria
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  • Son claves en estados como Florida, Colorado o Nevada

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Informe Semanal - El sueño de los "dreamers"

Superados los debates, entramos en la recta final de la campaña electoral estadounidenseEl 6 de noviembre se nos echa encima y la carrera sigue muy ajustada.

Algo que nadie realmente esperaba a estas alturas, ni el confiado equipo de campaña del presidente Barack Obama ni los sueños más optimistas del republicano Mitt Romney.

Ambos candidatos dan ahora el acelerón final de mítines, entrevistas, anuncios, tensión arterial para no cometer ni un solo error y cálculos minuciosos del posible reparto de colores en el mapa electoral.

Aritmética pura con la mirada puesta en los estados clave, aquellos que oscilan entre rojo y azul cada cita con las urnas, ante el temor de que la contienda se acabe disputando por 100.000 votos: Ohio, Virginia, Wisconsin y Florida.

Y para afinar los cálculos, las ecuaciones se centran en las minorías. La estrella este 2012: la comunidad hispana.

Una comunidad decisiva

Según el último censo, la población hispana supera los 50 millones de personas, más del 16% de la población.

Se ha convertido en la principal minoría del país. Cada 30 segundos en EE.UU. un joven hispano cumple 18 años. Habilitados para votar este año 23,7 millones de latinos, 4 millones más que en 2008 y récord histórico, según el Centro Pew Hispano.

Pero los pronósticos apuntan a un total de 12 millones de votos en noviembre. El gran reto es la abstención. Históricamente ronda el 50% en EEUU y asciende dramáticamente entre la población hispana, que se registra poco y vota aún menos.

De ahí que las campañas lancen sin pausa anuncios, guiños y demás artillería electoral con acento español. Ambos candidatos necesitan con ardor esos votos.

Desde Ronald Reagan, un republicano con menos de un tercio del voto latino está condenado a perder las elecciones. Tampoco Obama puede mirar la Casa Blanca con los mismos ojos si pierde el apoyo hispano, que le llevó a la victoria hace cuatro años.

2008 cambió las cosas. Aquel joven senador de Illinois consiguió un 67% del voto latino. Hoy mantiene esa tendencia en las encuestas, casi 50 puntos por encima de Mitt Romney, pero no debe confiarse, porque el candidato republicano está ganando terreno. Un último sondeo del Tampa Bay Times dice incluso que Romney va por delante de Obama con dos puntos de ventaja.

Las promesas incumplidas de Obama

El presidente Obama se enfrenta a la desilusión ante una recuperación económica que no llega, un listón demasiado alto como para cumplir todas las expectativas y una larga sombra de promesas incumplidas. El paro azota con especial fuerza a la comunidad hispana.

Y es la reforma del sistema migratorio pendiente lo que arrastra Obama con mayor pesar.

Lo reconoció en un extraordinario encuentro con Univisión el pasado mes de septiembre. “Mi mayor fracaso es que no se ha logrado una reforma integral del sistema migratorio, pero vamos a seguir trabajando” asumió bajando la mirada ante un incisivo e insistente Jorge Ramos, que le recordaba que una promesa es una promesa.

“Se tiende a pensar que el presidente es todopoderoso y puede hacerlo todo. En nuestro sistema de gobierno, soy la cabeza del poder ejecutivo. Pero no del legislativo ni del judicial. Necesitamos la cooperación de todos para poder aprobar algo. Asumo la responsabilidad de que no lo conseguimos, pero yo no prometí cumplirlo todo, el 100%, cuando fui elegido presidente”.

Romney no concreta soluciones

Mitt Romney ataca con fuerza esta debilidad. La palabra que el presidente, el candidato y el hombre no ha cumplido. Claro que el republicano tampoco tiene una agenda migratoria clara. Dice querer encontrar una solución permanente para los más de once millones de indocumentados en EEUU. 

Pero no concreta cual. Se niega a una amnistía, ha pasado a la historia del eufemismo con su propuesta de “autodeportación” y tiende a sugerir que hay partes de la ley antiinmigrante de Arizona que son un modelo a seguir.

El presidente Obama también tiene un punto débil: Su administración ha batido el récord de deportaciones, un millón y medio en su primer mandato.

A cambio dice no olvidar la reforma migratoria, asegura estar comprometido con el Dream Act y ha aprobado ya el plan de acción diferida que dará permisos de trabajo a 1,4 millones de jóvenes estudiantes indocumentados sin antecedentes penales.

Es innegable a estas alturas que ambas campañas están haciendo esfuerzos constantes por hacerse con el voto hispano. Quizás no tanto como deberían, pero las señales están ahí.

Acento español

Por primera vez hemos vivido dos convenciones con importante acento español, acelerando los rumores de que el primer presidente hispano de la historia ya ha nacido.

De los hermanos Castro triunfando en el escenario demócrata, al joven senador de origen cubano Marco Rubio en cuyas manos dicen está el futuro del partido republicano.

A Mitt Romney le gusta recordar que su padre George nació en México y que su hijo Craig habla un impecable español, después de haber trabajado de voluntario dos años en Chile.

Pero ambos candidatos deben luchar contra la abstención. Las razones son muchas. Además de la asfixia ante la crisis económica y el paro, la edad podría ser otro factor para no ir a votar.

Los nuevos votantes latinos tienen entre 19 y 25 años, según las encuestas, y la movilización cuesta algunos más, sobre todo en los estados “seguros”.

Más de la mitad de los votantes hispanos de EE.UU. se concentran en Texas, Arizona, California y Nueva York. Son estados que no cambiarán de color, tradicionalmente republicános o demócratas.

Los ojos, en Florida

Territorios menos disputados, donde la campaña y la movilización se relaja. No sienten que haya nada en juego. En Florida es distinto.

El voto hispano en EE.UU. tradicionalmente ha sido de tendencia demócrata. Aunque no es fácil agruparlo, porque no es un voto homogéneo, compuesto por diversos orígenes sociales, culturales y geográficos: mexicanos, puertorriqueños, salvadoreños, colombianos…

En Florida, la población hispana está formada en su mayoría por cubano-estadounidenses, que hasta ahora tendían a ser más conservadores. Pero las nuevas generaciones apuntan a un cambio de color. Los ojos la noche del 6 de noviembre estarán puestos en Florida. Muchos ya se atreven a mentar la agonía del lento recuento que otorgó la victoria a George W. Bush.

La pregunta es si estas elecciones cambiarán algo para la comunidad hispana, con menor representación política de la que merece su peso demográfico y decepción acumulada tras años de promesas rotas y familias divididas.

Para que la gran sombra de la reforma migratoria se disipe, hace falta un acuerdo bipartidista en Washington. Gane quien gane. Y eso no parece estar cerca, en un territorio arrasado por la polaridad parlamentaria. Lo terrible es que los más afectados por este desencuentro político, los que más sufren las consecuencias del bloqueo legislativo, son los inmigrantes irregulares. Y ellos no podrán votar el próximo 6 de noviembre.

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