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Un Sarkozy menos 'super' para seguir en el Elíseo

  • Ha sido uno de los presidente más impopulares por su estilo hiperactivo
  • Ahora quiere transmitir una imagen presidencialista y solemne
  • Ha acometido reformas que se han quedado cortas ante el declive del país

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El presidente francés y líder de la UMP, en un discurso de campaña.
El presidente francés y líder de la UMP, en un discurso de campaña.

"Mi principal error fue pensar que seguía siendo ministro". Con estas palabras Nicolás Sarkozy asumía parcialmente en una reciente entrevista en la revista Paris Match la acusación recurrente de los franceses a uno de los presidente más impopulares que se presenta a la reelección: haber desacralizado la solemnidad del Elíseo y ponerlo al servicio de un estilo personal de hacer política.

Con una humildad casi desconocida, el presidente saliente ha sugerido incluso su retirada política durante la precampaña electoral, algo que parecería inconcebible para el mismo Sarkozy cinco años antes.

El entonces presidente Jacques Chirac, al que nunca le gustó como sucesor, lo tildó de un  hombre ambicioso, trabajador, enérgico,  "con un apetito insaciable de  acción, sin dudar de nada y menos aún de sí mismo".

Promesa de ruptura

Pese a ser ministro de los gobiernos de Chirac, Sarkozy fue capaz de presentarse en 2007 como el candidato de la ruptura frente a una estructura política, económica y social que había extendido entre sus compatriotas una idea de decadencia que tras las crisis económica no ha hecho más que aumentar.

Con un 53% de los votos, este hijo de un inmigrante húngaro, que había permenecido fuera de los círculos de poder habitual -ni pertenecía a la burguesía rural ni había estudiado en las prestigiosas escuelas de administración pública francesa- prometió "reformar Francia" y se permitió asegurar que no podía permitirse el "derecho" a decepcionar.

Sin embargo, su estilo personal de hacer política, ejemplo de una nueva derecha sin complejos, que no se anda por las ramas, habla claro y actúa rápido se convirtió de repente en su talón de Aquiles.

"El factor más importante de su impopularidad es la forma en la que ha desacralizado la política y ha rebajado la función de la Presidencia al servicio de su persona. Eso es lo que los franceses le reprochan, esa manera de ser y de hacer", ha estimado el politólogo Stephane Rozes del Instituto Cap a Afp.

Rechazo a su carácter

Este carácter ha convertido a su primer ministro, François Fillon, en casi un "colaborador" a los ojos de los analistas políticos franceses; le ha permitido hacer grandes declaraciones como su desafortunada predicción de la "reinvención del capitalismo" en pleno colapso financiero en 2008 o protagonizar sonoros conflictos con la prensa e insultar a ciudadanos que le han increpado en escenas que han dado la vuelta al mundo.

En el otro lado, también le ha permitido ser protagonista en conflictos internacionales como la guerra de Osetia entre Rusia y Georgia, cuando actuó de mediador, o la intervención militar en Libiaque impulsó y patrocinó.

Para el exministro socialista Claude Allegre, el problema de Sarkozy es que su estrategia "es muy adecuada y muy rentable cuando se trata de aprobar una legislación para reformar las instituciones y, especialmente, para calmar las crisis internacionales, pero es mucho menos pertinente cuando se trata de reformas profundas y necesariamente lentas".

Eso ha hecho que, pese a la hiperactividad de Sarkozy, en el último lustro el líder europeo que ha salido más reforzado ha sido la canciller alemana, Ángela Merkel, que se ha beneficiado de las reformas profundas que hizo su predecesor, Gerhard Schröder, y que hicieron que la economía germana estuviese mejor preparada para afrontar la crisis.

En un nuevo giro de los acontecimientos, Sarkozy ha terminado poniendo al pais vecino como modelo y ha mencionado como ejemplo las reformas emprendidas allí, en un reconocimiento tácito de que pese a las medidas impopulares que ha tomado no ha logrado romper las estructuras que decía querer romper.

Eso sí, ha dado marcha atrás en su intención de que Merkel hiciera campaña por él, algo que algunos analistas veían contraproducente.

"Ha empezado muchas reformas que no ha terminado, pero trató de hacer frente a cosas con que sus predecesores no se arevieron", señala Bruno Jeanbart del instituto de sondeos OpinionWay.

Arañar en el Frente Nacional

Pero su lema "trabajar más para ganar más" de 2007 ha quedado enterrado después de que no se haya producido un aumento del poder adquisitivo de los trabajadores en un país donde el proceso de deslocalización industrial es llevado con gran pesar ante el rechazo social que sigue despertando la globalización.

Ahora lo ha sustituido por otro, la "Francia fuerte", en un guiño al electorado de extrema derecha del Frente Nacional, con la esperanza de que la vinculación de seguridad e islam le haya recuperar los votos que arañó hace cinco años a Jean-Marie Le Pen y que ha recuperado su hija Marine.

Por ahora, parece que le ha dado resultado: ha remontado en las encuestas y se ha colocado en primer lugar con una ligera ventaja sobre François Hollande en primera vuelta, impulsado sobre todo por su papel en los tiroteos de Toulouse, con el espectacular cerco al islamista radical Mohamed Merah.

Pero la incógnita sigue siendo si para la segunda ronda podrá conseguir el impulso necesario para remontar y evitar así una 'jubilación anticipada' con 57 años.