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Un naufragio, dos capitanes y un país a la deriva

  • Italia resume sus dos almas en el capitán del barco y el comandante de Livorno
  • La prensa identifica a Schettino con los vicios que han llevado al país al abismo
  • Las redes sociales ensalzan al comandante como salvador del honor patrio

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El comandate Gregorio De Falco, el héroe del momento del naufragio

"Dos hombres, dos marinos originarios de Campania -la región de Nápoles- dos historias; una que nos humilla, otra que intenta redimirnos. Gracias, comandante De Falco, nuestro país necesita a gente como usted".

Este singular agradecimiento en la edición del miércoles del Corriere della Sera, el periódico más leído de Italia, habría sonado como un insólito ejercicio de autoflagelación nacional a cualquier observador extranjero hace apenas unos meses.

Sin embargo, la caída del berlusconismo, la sensación de que la tercera economía de la eurozona está de facto gobernada desde Alemania y el FMI, la perspectiva de recortes sin fin para tratar de reducir décadas de vida por encima de las posibilidades y la dimisión de la clase política de su papel en favor de la tecnocracia han obrado un singular milagro: la desgracia puntual del naufragio de un crucero resume para buena parte de los italianos los vicios y las virtudes de todo un país.

El Corriere considera que el capitán Francesco Schettino y el comandante de Livorno Gregorio De Falco son dos caras de la misma moneda, "las dos almas de Italia", pero esa licencia poética no se queda en el rotativo milanés.

"Por un lado está el fanfarrón, el chulo, perfecto para salir en 'La isla de los famosos' que ha reemplazado el hueco de la mediocridad y la mentira que ha dejado vacante Silvio Berlusconi", dice sin pelos en la lengua el habitualmente moderado La Stampa.

El paralelismo de Schettino con Il Cavaliere va más allá."Poco pelo castaño engominado y peinado hacia atrás, con unas Ray-Ban negras, que conoce las normas pero está habituado a saltárselas" apunta Il Fatto Quotidiano, en una clara alusión a los escándalos de corrupción del ex primer ministro y a su negación de la crisis económica hasta colocar al país al borde del rescate financiero y en manos del gobierno tecnócrata de Mario Monti.

En el otro lado se encuentra un héroe improbable, el jefe de la Capitanía de Livorno, calvo y una fina barba blanca que jugó "el papel crucial de redimir el honor herido de la colectividad" al enfrentarse a él en una conversación que ha dado la vuelta al mundo, defiende La Stampa.

La frase

Ese papel se resume en una frase hecha himno del momento, repetida mil y una veces en Facebook y en Twitter e incluso convertido en lema de una camiseta que se desde desde esta mañana al módico precio de 12,90 euros: "Suba a b-o-r-d-o, coño".

La conversación entre el capitán del Costa Concordia y la Guardia Costera arroja luz sobre el accidente

La orden firme, indignada, apasionada al capitán de regresar a la nave y socorrer a miles hombres, mujeres y niños  se produjo a las 1.46 horas del viernes.

"No soy un héroe", ha contestado tajante el comandante. De acuerdo con los comentarios en las redes sociales, los italianos no están muy de acuerdo con De Falco, al que ven como un espejo en el que mirarse entre la crisis económica y la corrupción.

"De Falco for presidente", aseguran en Twitter, "Santo Subito", "Lo quiero como presidente del Consejo, "Vaya a mi casa, la puerta para usted estará siempre abierta" son algunos de los mensajes que circulan por internet sobre el nuevo héroe, que jamás pisó el Concordia.

"Son los hombres como De Falco los que deberían gobernarnos. En vez de eso estamos llenos de hombres como Schettino", decía un tweet de una usuaria llamada Sofia Rosada.

Curiosamente, estas particulares versiones mediáticas de Cristo y Judas -uno salvador, el otro traidor- no son demasiado diferentes sobre el papel.

Ambos marineros, de mediana edad, procedentes de la región napolitana de Campania, de profunda tradición marinera.

Éxito en las redes sociales

"Para nosotros es la ofensa más dura porque hay tantos marineros campanos que son como De Falco de los que no nadie habla, tantos marineros valientes que no se comportan como el comandante Schettino y no se merecen esa etiqueta", ha asegurado Raffaella, esposa del comandante "héroe" al Corriere della Sera.

Tras darse cuenta de que el capitán no volvería, el comandante de Livorno ha reconocido que lloró de rabia cuando tuvo claro que en el interior del casco habían quedado atrapados hombres, mujeres, discapacitados y quizá algún niño.

Mientras, según el auto de la juez que instruye el caso Francesco Schettino, permaneció sobre una escollera de la isla italiana  de Giglio mirando como se hundía la embarcación que había abandonado tras caerse "accidentalmente" en un bote salvavidas.

Pero más allá de estas dos versiones del hombre italiano - en un lado de la balanza el matón cobarde; en el otro el hombre refinado de ética rigurosa - la imagen de un país en crisis se refleja también en la del Costa Concordia, un enorme barco, varado de forma absurda como una ballena.

"Símbolo de una nación a la deriva", concluye La Stampa.

"El mejor icono del país que somos", añade, implacable Il Fatto, que acuña la sentencia que culmina la autoflagelación: "Nosotros los italianos no podemos ser tomados en serio ni siquiera en las tragedias, que se convierten en bromas macabras".