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Obama llega a la cumbre del G-20 con la mayor reforma financiera desde el crack del 29 ya cerrada

  • Tras 20 horas de reunión, han aprobado el texto antes de la cumbre del G20
  • Se limitan las actividades de Wall Street, que ha luchado para tumbarla

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Estados Unidos va a aprobar la mayor reforma financiera desde la Gran Depresión

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha aplaudido este viernes el acuerdo preliminar para  la reforma del sistema financiero de su país, la mayor desde la Gran Depresión y que regula la actividad de las firmas de Wall Street.

En una breve intervención antes de viajar a Canadá para participar en las cumbres del G8 y el G20, Obama ha asegurado que "el crecimiento económico y la prosperidad dependen de que contemos con un sector financiero firme y robusto".

Tras más de 20 horas de reunión, un comité conjunto de representantes del Congreso y el Senado de EE.UU. han llegado a un acuerdo para la 'reconciliación' de las versiones ya aprobadas por el Congreso y el Senado con concesiones de última hora al sector bancario.

El objetivo de los demócratas era claro: que su líder se presentase con los deberes hechos mientras que otros países aún están en discusiones sobre este asunto.

La legislación se dirige ahora a los plenos de ambas cámaras, donde se espera que se le dé la aprobación final a finales de la próxima semana, de forma que el presidente de EE.UU. pueda firmarla antes del próximo 4 de julio.

La ley, una de las principales prioridades de Obama, establece un sistema de alerta sobre riesgos financieros y un comité de protección financiera al consumidor.

La mayor reescritura de las reglas financiera desde los años 30 tiene como principal objetivo evitar que se produzca una crisis financiera como la que ocurrió entre 2007 y 2009, que llevó a la economía a la recesión y llevó a los contribuyentes a pagar gigantes planes de rescate.

Mayoría demócrata

El trabajo del comité ha culminado a las 5:39 hora de Washington (11:39 hora peninsular española) y se le ha dado luz verde con los votos de la mayoría demócrata. En el caso de los miembros del Congreso, ha recibido el apoyo de 20 a 11, mientras que en el de los senadores de 7 a 5.

Y es que el pacto se ha fraguado tras negociaciones a puerta cerrada y fuera del foro en el que se reunía el comité, aunque asegura la aprobación en el pleno de ambas cámaras.

La ley ha estado sujeta a fuertes presiones de los lobbies de Washington pagados por el sector financiero en los últimos meses. 

"Estamos preocupados pro el gran dinero. Estoy preocupado por la influencia corrupta en el gran dinero, pero es reconfortante saber que cuando la opinión pública se compromete, ganará", ha declarado de forma solemente el congresista demócrsata Barney Frank, que encabezaba la comisión.

Los demócratas han logrado que la reforma se haya ido endureciendo en parte por la ira de la opinión pública hacia Wall Street, logrando una importante victoria legislativa, la segunda tras la histórica reforma sanitaria, y mejorando su posición ante las decisivas elecciones legislativas de noviembre.

La reforma restringe la potestad de los bancos cuyos depósitos están asegurados a nivel federal de hacer negocios en su propio interés, lo que ha provocado una fiera oposición en bancos y grandes firmas de Wall Street, que lo ven como una intervención en sus actividades más lucrativas.

El Senado dio luz verde a la reforma el pasado mes de mayo con un texto sensiblemente más dura de lo inicialmente esperado. En particular, obligaba a los grandes bancos como Goldman Sachs a deshacerse del negocio de derivados financieros.

Cambios en la armonización

El Senado fue especialmente contundente con estos productos, los que detonaron la crisis. Ahora tendrán que negociarse a la luz pública, como cualquier otro activo, en cámaras de compensación y con garantías que cubran posibles pérdidas.

Se crea también una nueva agencia de protección al consumidor y se facilita el desmantelamiento de las compañías cuya quiebra puede arrastrar a todo el sistema financiero.

Con todo, el acuerdo de esta madrugada ha prosperado gracias a una serie de 'rebajas' introducidas en el último momento.

Por ejemplo, se ha rebajado la propuesta del senador demócrata Blanche Lincoln, que requería a los bancos separen sus productos derivados de alto riesgo de la banca tradicional.

Decenas de congresistas demócrayas consideraban que la propuesta de Lincoln propiciaba que estas firmas comerciasen con estos derivados fuera de Estados Unidos y habían amenazado con votar en contra si se incluía.

El compromiso adoptado permite a los bancos seguir implicados en derivados de tipos de interés y cambio de divisas, que suponen un volumen de 615 millones de dólares en el mercado de derivados.

Los legilsadores también han resuelto otro elemento controvertido, la llamada regla Volcker, por el nombre del ex presidente de la Reforma Federal y asesor de Obama, Paul Volcker.

Esa regla suponía restricciones para los bancos tradicionales en las actividades comerciales más arriesgadas. La versión final les da a los bancos poco margen para evitar la prohibición, pero les concede la posibilidad de invertir hasta un 3% de su patrimonio neto en fondos de capital riesgo y hedge funds.

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