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Tokyo 2020

Yulimar Rojas, Rebeca Andrade y otros atletas que vencieron la pobreza para alcanzar la gloria olímpica

  • Cada atleta esconde una historia de superación que comienza saliendo de los barrios más humildes en sus países
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Yulimar Rojas y otros atletas que salieron de la pobreza
Yulimar Rojas bate el récord mundial y gana el oro en la final de triple salto

Los Juegos Olímpicos son la cita más importante del deporte a nivel mundial. Todos los países presentan orgullosos a sus joyas de la corona en una competición en la que, simplemente, el hecho de acceder ya supone un gran triunfo para cualquier deportista. Un triunfo que, en algunas ocasiones, es aún más sorprendente por las historias que esconden los atletas.

[Clasificación y resultados de Juegos de Tokyo 2020

Algunos de los nombres propios que hoy vemos en las portadas de los periódicos nacieron en los barrios más humildes de su país y crecieron viendo las Olimpiadas, pensando que nunca podrían colgarse una medalla. Pero, los sueños a veces se cumplen y la saltadora Yulimar Rojas, la gimnasta Rebeca Andrade y el corredor Mohamed Katir, referentes en sus diferentes disciplinas, son algunos ejemplos de que el lugar de origen es sólo un dato más y no impide a nadie alcanzar la gloria olímpica.

La atleta Yulimar Rojas hizo historia este domingo. La venezolana batió el récord mundial de triple salto y se coronó como la campeona olímpica de Tokyo 2020, volando por encima de la arena negra y marcando un 15,67. Rojas pudo con la ucraniana Inessa Kravets, que puso el listón en 15,50 allá por 1991. Treinta años después, la bandera de Venezuela ondea con fuerza gracias a Rojas. La saltadora de 1,92 metros nació en uno de los barrios más humildes de Caracas. Se crió rodeada de una familia que siempre apoyó su pasión por el deporte: su padre biológico se marchó y sus seis hermanos y una madre coraje lucharon por dar alas a su esperanza. En su "ranchito", como ella lo llama, era difícil tener un plato de comida al día, pero era feliz imaginando una vida algo mejor.

"Yo vengo de la pobreza de donde la vida es dura. De un ranchito sin pintura donde existe la humildad, allí donde anhelé y deseé tener una vida digna. Allí empezó todo, en mi rancho está la razón de mi existencia, una historia, una vivencia y un ejemplo familiar", reza una de las fotografías que compartió Rojas hace más de cuatro años.

La venezolana descubrió el deporte a sus catorce años y se enamoró del voleibol. Fue un flechazo no correspondido que la llevó a fijarse en el atletismo. Los técnicos la captaron enseguida y un año más tarde, comenzó a competir con el primer equipo venezolano, convirtiéndose en una de las promesas del deporte de Venezuela. Por Facebook, contactó con el medallista olímpico Iván Pedroso para que la entrenara. Sin pensarlo, desembarcó en Guadalajara (España) para convertirse en la mejor del mundo.

Fue entonces cuando pudo hacerle una promesa a su madre que siempre persiguió: regalarles una casa nueva donde construir nuevos recuerdos. Rojas compartió una fotografía de adolescente para recordar con nostalgia su andadura. "Recordando mis inicios y la promesa hecha a mi madre de luchar por tener una casita con cutro paredes para ella y mi familia. Nunca te rindas, lucha por tus sueños, no pares, no desistas, nunca permitas que destruyan tus deseos y objetivos y aférrate a ellos. Llegarás muy lejos". Ella ha cumplido, desafiando los límites de los sueños.

Rebeca Andrade, de la periferia brasileña a hacer historia

La ausencia de Simone Biles ha eclipsado, en cierta medida, la sorpresa de Rebeca Andrade. La brasileña le ha entregado a Brasil las dos primeras medallas de su historia en gimnasia artística femenina: oro en salto y plata en concurso completo.

Su primer metal olímpico llegó el pasado viernes al ritmo de Baile de favela, una canción con la que quería homenajear sus orígenes. Andrade creció en uno de los municipios más poblados de la ciudad de Sao Paulo, Guarulhos. Se crió en la periferia, rodeada de favelas, junto con sus ocho hermanos y una madre que trabajó cada día de su vida por sacarlos adelante. Con tan sólo cuatro años, pisó su primer gimnasio y desde entonces, se agarró fuerte al tapiz, aunque su dura infancia obstaculizó, puntualmente, su avance en el deporte. Allí, en su ciudad natal, la bautizaron como la Daianinha de Guarulhos, en honor a Daiane dos Santos, la campeona mundial de gimnasia artística, referente y paisana de Andrade.

Hace seis años, cuando miraba de reojo a dos Santos, publicaba en su perfil de Instagram una afirmación que hoy parece premonitoria. "Nunca pares de luchar porque todo está por llegar", decía. En 2015 llegaba su oportunidad internacional con la Copa Mundial de Gimnasia, donde demostró su valía obteniendo la plata. Unos meses más tarde, emprendía su viaje a los Juegos de Río 2016. Allí conocía a sus ídolos y admirados campeones olímpicos, sin ni siquiera imaginar que, cinco años más tarde, ella se colgaría una medalla.

Ni su dura infancia ni pasar tres veces por el quirófano han frenado un talento innato. Andrade ha hecho historia.

Mohamed Katir, la gacela cuyo padre llegó en patera

Una de las esperanzas del atletismo español se llama Mohamed Katir. El que naciera en Marruecos hace 23 años se estrenará en las series clasificatorias de los 5.000m masculinos este martes ante la atenta mirada del mundo, que ha visto cómo en tan sólo un mes ha batido tres récords nacionales en 1.500, 3.000 y 5.000 metros.

Katir llegó a Mula (Murcia) con tan sólo cinco años. Un tiempo antes, su padre llegó en patera a España para regalar a su familia una vida mejor. A base de esfuerzo, él mismo hizo de los montes murcianos su pista de atletismo, creciendo cada día hasta convertirse en el fenómeno que es hoy. "Si hay algo que aprendí desde pequeño es a nunca confundir a mis visiones con mis sueños, ambiciones con empeño", decía en una de sus publicaciones de Instagram. Todo lo que ha conseguido es gracias a un duro y constante trabajo y al apoyo de su familia.

El atleta destronó al afincado récord de España durante 24 años en 1.500 metros, Fermín Cacho, el pasado mes de julio. Katir no había nacido aún y hoy puede decir que lo ha superado. Tiene muchos referentes, seguro, pero nadie le inspira tanto como su familia. "Soy un chaval muy humilde, siempre con los pies en el suelo, vengo de una familia obrera, muy humilde, gracias a mi abuelo y a mi padre, que me enseñaron a mirar el mundo desde otra perspectiva. Ellos para mí son los mejores del mundo". Él dejó atrás la pobreza para convertirse en lo que siempre soñó: un deportista de élite.