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En plena cuenta atrás para el cónclave, las cámaras captan a los cardenales desde todos los ángulos. Los periodistas, micrófono en mano. Algunos son reacios a hablar, pero otros sí dan una idea de cómo transcurren las congregaciones. "Todo va muy bien, hay un gran intercambio de opiniones". Incluso, se atreven a vaticinar cuánto durará el cónclave: "Dos o tres días, si me equivoco, me pueden pedir una pizza".

Los 133 purpurados se reúnen, aún con acceso a información del exterior. Aunque no es el único momento que comparten durante la sede vacante. También asisten a las misas de los novendiales por el papa Francisco. El español Fernández Artime ha presidido la octava y penúltima.

Los cardenales solo comparten algo de protagonismo estos días con personas como el sastre Raniero Mancinelli. Vistió a los tres últimos papas y ya se ha puesto a trabajar aun sin haber recibido el encargo oficial del Vaticano.

También se preparan los productos químicos y el mecanismo para que salga la fumata negra o blanca. "Pulsarán el botón y el humo durará unos 7 minutos", explica el encargado en anteriores cónclaves.

Mientras, en la Capilla Sixtina trabajan para no dejar ningún cabo suelto. Sus paredes serán testigo de la elección del nuevo papa, el número 267.

Foto: REUTERS/Amanda Perobelli

Roma se prepara ya para una elección de la que va a estar pendiente todo el mundo a partir del próximo 7 de mayo, fecha de inicio del cónclave. La mirada está puesta, concretamente, en la chimenea de la Capilla Sixtina, donde los purpurados se recluirán hasta que alcancen un acuerdo y un nombre que, quizás, se conozca antes de que acabe la próxima semana.

En las calles de la capital italiana, se siente aún la tristeza por el fallecimiento de Jorge Bergoglio, pero a nadie se le escapa que, estos días, ya han comenzado las intrigas dentro del Vaticano. "Muchos cónclaves nos han sorprendido. Se esperaba un papa de transición y llegó Juan XXIII, que llamó al Concilio Vaticano Segundo y reformó toda la Iglesia. Se esperaba un papa italiano y salió Karol Wojtyla, un cura polaco. Y lo mismo, con Francisco". Es la opinión de una de las voces renovadoras de la Iglesia, la argentina María Lía Zervino, presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, que ha hablado para ‘Informe Semanal’.

Otra mujer, Valentina Alazraki, una conocida periodista de Televisa que lleva 50 años cubriendo la información del Vaticano, recuerda "la voluntad de revolucionarlo todo" con la que llegó Bergoglio en marzo de 2013. En poco tiempo, se sabrá si los cardenales se inclinan por la continuidad y el aperturismo emprendido o vuelven a posturas más conservadoras. "Francisco quería que cambiáramos de mentalidad", cuenta Alazraki, "se bajó un poco del pedestal de Pontífice. Modificó la forma de ejercer el papado. No tenía miedo de abordar ningún tema ni de acercarse a ningún grupo".

Es lo que destacan, también, muchos de los fieles con los que el programa ha hablado en la Plaza de San Pedro, justo en los días del funeral del papa argentino. "Yo quiero pensar que va a ser como una continuación de lo que ha sido el legado de Francisco", dice una joven. A la espera, la decisión de 133 cardenales, que tienen en sus manos el futuro de la Iglesia católica.