Las carreteras para llegar a Borodyanka, en las afueras de Kiev, están destruídas. Igual que las aldeas. Una tras otra. Y, en los bosques, aún se ven las decenas de trincheras, ahora vacías, que los rusos ocuparon durante semanas.
Llegaron a la ciudad el pasado 28 de febrero y comenzaron, entonces, los días de horror. "Mi vecino tenía una cadena de oro en el cuello y los rusos le dijeron que seguro que no ganaba tanto dinero para llevar joyas, le mataron y su hermano le tuvo que enterrar en un patio", cuenta Nadia a TVE.