El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha exhibido la operación militar que acabó con la muerte de 23 disidentes de las FARC en un bombardeo.
El Gobierno la ha presentado como uno de los mayores golpes de los últimos años contra los grupos armados en el país. Ha sido en el Guaviare, en el sur de Colombia, contra las disidencias de las FARC: grupos que no se acogieron al acuerdo de paz o después volvieron a las armas.
De la Espriella se ha desplazado hasta allí para reivindicar su estrategia de mano dura: "Lo prometí y lo estoy haciendo. Vine a derrotar al terrorismo y lo estoy cumpliendo". Es el tercer bombardeo que ordena en apenas tres semanas.
Entre los fallecidos está El Tigre, un poderoso jefe de uno de los grupos armados de la zona, responsable también del reclutamiento de niños en sus filas.
De la Espriella ha asegurado que va a continuar su estrategia de puño de hierro: más presión militar y cero negociación. Pero los grupos armados también han respondido y continúan con los ataques.
En Los Patios, cerca de la frontera con Venezuela, un coche bomba contra una estación de Policía ha dejado un muerto y 11 heridos. En distintas zonas se repiten los ataques contra policías y militares con drones cargados de explosivos. La incógnita es si esta estrategia del nuevo Gobierno conseguirá reducir la violencia o acabará alimentando una nueva escalada.
Foto: Presidencia de Colombia/EFE — Rueda de prensa del presidente colombiano en Riohacha