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Crónicas - El sueño de Sara

El sueño de Sara

Una actriz española en los años 40, en la Edad de Oro del cine mexicano y en el Hollywood de las grandes estrellas.

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Han pasado ya más de setenta años desde que allá por 1942, con tan solo catorce, María Antonia Abad, ganara un concurso cuyo premio era, ni más ni menos, que un papel en una película...Desde entonces, Sara Montiel vivió para el cine y la canción, dentro y fuera de España. Y aún hoy, sigue subiéndose a los escenarios.

Decidir dedicar un programa de Crónicas a una artista y cantante como Sara Montiel, no es tarea fácil. A la sorpresa de muchos, se añade la pregunta de porqué ella, y no otra u otro… A la segunda de estas cuestiones, hay algunas respuestas, aunque no convenzan a todos: Sara Montiel sigue activa, a pesar de su edad. Es, además, para toda una generación –la de nuestros padres y abuelos, la de aquellos que sufrieron la guerra y la posguerra-, la imagen de la belleza, de la superación y de algunos sueños que ayudaban a sobrevivir en las penurias de aquellos años. Fue, además, la primera actriz española que conquistó Hollywood, y conoció a los actores y actrices que llenaban las grandes pantallas de nuestros cines.

En la primavera de 2012, Sara Montiel estuvo en Estados Unidos, en algunas universidades y en la sede del Instituto Cervantes en Chicago y Nueva York. Allí le rindieron homenaje y Sara Montiel volvió a recordar aquellos momentos del Hollywood de las grandes estrellas, y del cine mexicano en su Edad de Oro. Aquella visita de Sara a Nueva York, motivó a la escritora Elvira Lindo a escribir, semanas después, un artículo que tituló Su Saritísima (“…lo que Montiel se merece es algo que en España escasea, un biógrafo que se convierta en su sombra e investigue con seriedad esta vida insólita..”. ). El País. Cultura. 13 mayo 2012.

No hemos cogido el testigo de las palabras de Elvira Lindo, ni lo pretendemos. Pero, si, después de leer aquello, alguien cercano sugirió la posibilidad de dedicarle un Crónicas, de hacer un recorrido por su vida, que muchos hoy desconocen. Sara Montiel formó parte durante muchos años del universo de las grandes divas, del glamour, de la fantasía. Era parte del imaginario de un gran número de españoles y españolas, como ella, que tenían muy cerca aún los sonidos y las imágenes de una Guerra.

El actor José Sacristán nos habla del encanto y la fascinación que el cine produjo durante sus años de juventud


Sara Montiel, como muchas mujeres de su generación, apenas tuvo acceso a una educación completa. Una de las cosas que más sorprende al hablar con ella, además de su vitalidad y su sentido del humor, es su reconocimiento, sin ningún reparo, de lo poco que sabía cuándo empezó en esto del cine. Apenas había aprendido a leer y escribir, pero era consciente de que necesitaba hacerlo y, gracias a la ayuda de muchos de los que se fue encontrando en el camino, llegó a conocer muchas cosas. Porque, ante todo, reconoce, las ganas que ha tenido siempre de aprender.

Para el escritor Pedro Víllora, Sara Montiel es el mito perfecto de la persona construida a sí misma


Sara empezó en el cine muy joven, con tan solo catorce años. Unas primeras películas que no son tan conocidas. Después dio el salto a México y de ahí a Estados Unidos. Pero el éxito de Sara Montiel en España, lo que le hizo convertirse en una estrella para muchos, vino de la mano de una película de bajo presupuesto, por la que nadie apostaba nada; el empeño del director Juan de Orduña en resucitar un genero, el cuplé, que había estado de moda varias décadas antes. Sara había trabajado a las órdenes de Orduña en Locura de Amor. Y aunque en esos momentos vivía y trabajaba en Hollywood, vino a España a rodar El último cuplé. Lo que muchos desconocíamos son las dificultades que fueron surgiendo para poner voz a sus canciones. Aunque Sara quería cantar, en un principio los números musicales los doblaría una cantante contratada para ello. Pero, la suerte o el destino, dieron un vuelco a la situación. La cantante en cuestión no apareció y Sara se enfrentó por primera vez a una orquesta y a un coro, con los que grabó, bajo las órdenes del Maestro Solano, todas las canciones de El último cuplé.

Sara Montiel recuerda, con todo detalle, aquella jornada de grabación en Barcelona, y cómo tuvieron que ir bajando tonos para adaptar las canciones a su voz y forma de cantar


A partir de entonces, Sara ya es famosa en su país. Comienza a hacer películas donde ella es la única y destacada protagonista. Películas que se contrataban antes incluso de que se hubieran empezado a rodar. Su nombre se conoce ya fuera de España, y se convierte en una especie de “embajadora” de lo español fuera de nuestras fronteras (era la especial “marca España” de aquellos años, donde nuestro país empezaba a abrirse comercial y políticamente, a salir de su aislamiento…). Los países del Este, del entonces llamado “bloque soviético”, la recibían como a una reina.

El escritor Pedro Víllora nos habla de la fascinación que producía en Rusia, Rumanía y otros países del Este, aquella Sara Montiel de los años 50 y 60


Hoy, Sara Montiel sigue siendo para algunos un mito, una estrella, una diva. Para otros, una mujer que llenó durante años los cines y las salas de fiestas. Y para muchos, especialmente los más jóvenes, un personaje que ha protagonizado páginas de las “revistas del corazón” y algunos programas de televisión, de “cotilleos y prensa rosa”. Es necesario, creemos, mirar más allá para intentar conocerla y saber quién es.

José Sacristán tiene muy claro quién es Sara Montiel


Y aunque el cuplé, la tonadilla y otros géneros, no estén de moda, forman parte de nuestras vidas. En algunos lugares, como el Café La Fídula, histórico local que cerró hace unos meses en Madrid, había sitio tambien para este tipo de música. Allí conocimos algunos a Manuel Rey, un profesor de Historia, artista apasionado, que con sus actuaciones intenta que no olvidemos, ni a quiénes las cantaron ni cuándo lo hicieron.

Manuel Rey anima con sus espectáculos a que la gente recupere y escuche todas esas canciones


Y Sara Montiel tiene un nombre, escrito en mayúsculas, en nuestra historia y en muchos de nuestros recuerdos.