'Un país para comérselo' visita Mallorca, la tierra de atardeceres rojos

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Mallorca es el destino elegido de este jueves en Un país para comérselo. Imanol Arias y Juan Echanove se deleitan con los atardeceres rojos de una isla que les ofrece sus mejores manjares: pan recién horneado, tomates naturales, sobrasada de cerdo negro, ensaimadas, naranjas, vino… La esencia del Mediterráneo sobre la mesa, a la que se sientan tras recorrer los paisajes de la sierra de Tramontana.

Mallorca, tierra de manjares

Un país para comérselo visita este jueves la isla de Mallorca. Imanol Arias y Juan Echanove, con la ayuda de Tonino buscan la esencia mediterránea de una isla que disfruta de la vida, de sus paisajes y su gastronomía en cada rincón.

Se presenta una Mallorca que se afana en buscar su propia imagen a través de productos recuperados, como el pan. Es el caso de Tomeu, que con la ayuda de su horno antiguo y una variedad de trigo recuperada, elabora un pan moreno que recuerda a los panes antiguos y tradicionales que se elaboraban en esta isla desde tiempos inmemoriales.

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Y si hablamos de Mediterráneo y pan, este concepto nos lleva indefectiblemente a los tomates auténticos. En Mallorca se cultiva una variedad denominada “ramillet” y que es la mejor para untar con el pan o para la elaboración de diversos platos. Otro producto sobre el que se está trabajando en su recuperación es el cerdo negro mallorquín. Con Pere, un ganadero de Manacor, conocemos la historia de un animal que estuvo a punto de extinguirse, pero cuyas bondades gastronómicas y saludables han ayudado a que se esté recuperando su producción sobre todo para la elaboración de sobrasada.

Por su parte, Imanol conoce a Xisco, un repostero de la isla que está trabajando para devolver a otro emblema gastronómico de la isla, la ensaimada, su prestigio. El aceite de oliva, emblema de la tradición mediterránea, también tendrá su presencia en este programa.

La Sierra de la Tramontana, recién declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, estará muy presente a lo largo de este viaje; y qué mejor manera de disfrutar de los paisajes que ofrece la isla, que hacerlo a lomos de una bicicleta. Tonino, por su lado, viaja en el tren de Sóller, famoso por no haber modificado ni su aspecto ni su recorrido en un siglo, y también llega a un taller que continúa con la tradición de elaborar vidrio soplando.

En los paisajes que se van encontrando, se topan con otro elemento de un paisaje muy mediterráneo: la naranja. La pista de este producto les lleva a la localidad de Sóller, donde se elaboran helados muy afamados con esta fruta que sólo se da en la isla.

Además de sus paisajes, Mallorca encierra un gran interés en el legado artístico que vemos en sus patios góticos y sobre todo, la mejor expresión el gótico mallorquín: la Catedral de Palma de Mallorca. En esta ocasión, vemos  esta construcción a través de los ojos de dos matemáticos que explican las curiosidades de este edificio y en especial acerca del efecto óptico de su rosetón, que en ocasiones especiales proyecta un número 8 perfecto.

Conocemos también a Francesc Grimalt, un viticultor con una peculiar visión del mundo del vino. Los vinos de la isla están cobrando un gran protagonismo.

Y por supuesto el Mar Mediterráneo tiene su protagonismo. Juan e Imanol se embarcan junto a Joan, un pescador de Pollença, en busca de las famosas langostas que viven bajo el mar entre Mallorca y Menorca, y que sirven como plato para la celebración final a orillas de este Mediterráneo que les ha servido de guía.

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