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Bob Dylan en España entre 1962 y 2012. Seis hitos en la recepción del Bardo de Minnesota

Especial: Bob Dylan, un poeta de la música 

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Hay un Dylan para cada ocasión: un Dylan profético que señala con el dedo y condena a los que no están de acuerdo con él, un Dylan sentimental de voz dulce en “Nashville Skyline”, un Dylan contestatario de canciones como “The Lonesome Death of Hattie Carroll”, un Dylan malcarado a veces encima del escenario, un Dylan surrealista con algunas letras indescifrables…

El Dylan que este miércoles actúa en Bilbao es un señor de 71 años, bien trajeado y elegante, tan hosco como era cuando tenía 20, que lleva visitándonos desde 1984 y que no ha tenido inconveniente en visitar pequeñas capitales de provincia, recónditos escenarios de festivales, de hacer infinidad de kilómetros por las carreteras del Estado español o de tomarse un café amargo detrás de los cristales pringosos de algún bar con olor a Preparado Graso Covadonga en cualquier rincón de nuestra geografía. Es lo que se llama el Never Ending Tour y ha pasado varias veces por nuestras latitudes.

Hito Número 1: 1962, Dylan y las botas españolas

Pero la relación de Dylan con España empieza bastante antes de 1984. Quizás en 1962, cuando la inteligente y fascinante Suzy Rotolo se marcha a Italia dejando el Greenwich Village. La dylanología ortodoxa ha interpretado desde siempre que la emotiva “Boots of Spanish Leather” -editada en 1964 en el álbum The Times They Are A-Changin'- es la respuesta del Bardo seguramente dolido en lo más hondo:

“(…) Oh, but I just thought you might want something fine
Made of silver or of golden
Either from the mountains of Madrid
Or from the coast of Barcelona? (…)”

“Castles in Spain” es una frase hecha del idioma ingles y una imagen favorita de la canción popular para referirse a sueños e ilusiones inalcanzables. Dylan, en cambio, prefiere pedir a su novia lejana algo práctico y resistente aunque también relacionado con España: “Spanish boots of Spanish Leather”. Es todo lo que le interesaba de nuestro país al Bardo de Minnesota en 1962. No será la única vez que Dylan se deje llevar por las connotaciones románticas que de España y del idioma español tienen para los anglosajones: En 1970, grabará dos versiones diferentes del dramático “Spanish is the Loving Tongue” y, en 1975, incluye en el álbum “Desire” una aventura de vaqueros titulada “Romance in Durango” que causará las delicias de todos sus fans españoles que luchaban por entenderle a través de las dificultades del idioma inglés:

“(…) No llores mi querida
Dios nos vigila (…)”

Hito Número 2: 1964, Dylan en el semanario Blanco y Negro

Como todos los grandes, Bob Dylan provoca odios y amores –por suerte para él más de los segundos- pero, sobre todo, visiones diferentes, complementarias y también contradictorias sobre su obra, tan amplia, variada, rica y llena de contradicciones y complejidades como las opiniones que inspira en cada uno de nosotros. Por eso, desde prácticamente el principio de su carrera, Dylan fascinó a los periodistas que se ocuparon ampliamente de su vida, sus letras y su papel en la sociedad y en la historia y quizás un poco menos de sus canciones.

La curiosidad que Dylan despertaba con su aire bohemio, sus letras premonitorias, su cinismo y su extraña y mágica capacidad de convocatoria entre los jóvenes de su generación terminó convirtiéndose en mesianismo. Los periódicos le vieron como un profeta de la juventud, luchador de unos tiempos que, según él mismo, estaban cambiando irremediablemente. No es de extrañar que un país como España, profundamente influido por el catolicismo y la idea del profeta salvador, tomara rápidamente conciencia de la existencia del joven Bardo de Minnesota y le recibiera con los brazos abiertos.

Es cierto que dada la desconexión de España respecto al resto del mundo, el proceso fue algo lento, pero la primera vez que se menciona a Dylan en prensa generalista española, es en Blanco y Negro, el 5 de mayo de 1964, citado junto a Joan Baez en un artículo sobre la lucha por los derechos civiles negros y el apoyo con que contaba entre los artistas. Al año siguiente, se le vuelve a citar en un artículo de ABC sobre las elecciones francesas, hablando ya de la influencia de los cantantes en la ideología de la juventud.

La Vanguardia, con ocasión del primer concierto de Raimon en el Olympia parisino, anuncia que el cantautor valenciano ha firmado con la misma discográfica norteamericana “que tiene contratado al conocido cantante Bob Dylan con el que debe trazar un paralelo artístico y profesional con respecto al valenciano” (CBS editó en Francia el disco con el concierto de Raimon). Ya estamos en 1966, 14 de mayo. En julio Dylan será objeto de un artículo en la revista Ondas y en diciembre en Triunfo.

El eco en la prensa internacional de su reaparición en el II Isle of Wight Festival y la popularidad de sus canciones en la voz de su amiga Baez (con el aliño del apellido español de la cantante) hicieron el resto. El 20 de septiembre de 1969, el rostro de Dylan en la portada de la revista Triunfo se podía ver en todos los kioscos de un país todavía bajo un régimen dictatorial aunque no todo el mundo lo quiso ver.

Hito Número 3: 1964, Queta & Teo graban “No més ho sap es vent”

Queta y Teo eran dos niños mallorquines que cantaban a dúo con armonías muy cuidadas. Su director musical era su padre, Nicolau Pizà, salían mucho por televisión y grababan para el sello barcelonés Edigsa. Uno de sus discos, Queta & Teo Canten surf, incluyó una versión de “Blowing in the Wind” en mallorquín que históricamente es la primera vez que un artista español grababa una versión de Dylan.

La letra había sido considerablemente infantilizada y un poco de paciencia en Google bastará a los lectores curiosos para encontrarlo y escucharlo. Es una pequeña delicia, kitsch pero de mucha calidad, que merece la pena y que demuestra que Dylan en 1964 no era tan intransigente con las versiones como posteriormente y, sobre todo, lo curioso, excéntrico, equivocado pero también entrañable que fue el proceso de recepción del rock en la España del tardo-franquismo.

“ (…) Quants de botets pega un ocellet
per trobar res bo que menjar?

Això, amic meu,
només ho saps es vent,
i té sa resposta en es ponent (…)”

Más célebre se hizo otra versión catalana de “Blowing in the Wind”, “Escolta-ho en el vent” de 1967 en el disco Festival Folk, que, durante décadas, se cantó en fuegos de campamento y excursiones. “La noia del pais del nord” (“Girl from the North Country”) es otro tema dylaniano adaptado al catalán por el Grup de Folk con notable aceptación en grupos excursionistas, fiestas de fin de curso y otras expresiones populares de alegría juvenil.

Posteriormente, “Blowing in the Wind” sería cantado en misa (con varias adaptaciones, algunas peores, otras demenciales); Joaquín Sabina traduciría “Man Gave Names to All the Animals” como “El hombre puso nombre a los animales”; Kiko Veneno convierte en rumba “Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again”; y Nacho Vegas convierte directamente “Simple Twist of Fate” en “Un simple giro del destino”…

El etcétera sería larguísimo e interesante, pero no estamos tratando de hacer catálogos completos ni listados interminables, sino de comprobar y comprender como una personalidad esquiva y complicada -con el agravante de su origen e idioma extranjeros- ha llegado a convertirse en parte de nuestro acervo cultural. Porque, el día antes de su primer concierto en España, aprenderse las canciones de Dylan, traducirlas y grabarlas es un ejercicio habitual y nada problemático que se repite cotidianamente en las casas, los locales de ensayo y los escenarios de cualquiera de los pueblos o ciudades de nuestro país.

Hito Número 4: 1966, Dylan en las tiendas de discos

El Estado franquista prepara su Ley Orgánica del Estado, Los Bravos triunfan en todo el mundo, no se venden cazadoras vaqueras para niños pero… ¡Sí! Discophon, pequeño sello de Barcelona, a la vez exquisito y populista, edita cuatro EPs de Bob Dylan que se distribuyen por todo el país: “Rainy Day Women #12 & 35” y “Pledging My Time” en la cara A y “One Of Us Must Know (Sooner Or Later)” en la B; “Like a Rolling Stone” con “Gates Of Eden” en la cara B; “Positively 4th Street” y la versión corta de “Mr Tambourine Man” con “From a Buick 6” y “On the Road Again” en la B. Finalmente, “Can You Please Crawl Out Your Window” y “Highway 61 Revisited” salieron en la cara A del último de los EPs de Dylan en Discophon con “Tombstone Blues” en la B. Estos cuatro discos, que entonces costaban menos de 100 pesetas, se han convertido en material de leyenda y ahora alcanzan cifra astronómicas en el mercado de segunda mano. En realidad, se trataba de ediciones españolas de los discos de Dylan tal como habían sido publicados en Francia.

Los LPs John Wesley Harding y Nashville Skyline también fueron publicados por Discophon en 1968 y 1969 respectivamente, llegando el segundo al nº 5 de la lista de ventas el 18 de agosto de 1969, antes incluso de la fiesta mediática de la Isla de Wight. Cuando, poco después, CBS se instala en España de modo independiente, los discos de Dylan comenzarán a ser editados con normalidad y, cuatro años después, con la edición de Bob Dylan, A Brand New Name in Folk Music, se había completado la publicación del catálogo del Bardo de Minnesota en el pequeño pero febril mercado discográfico español.

Hito Número 5: 1984, Dylan en el campo del Rayo Vallecano

En verano de 1984, Robert Zimmerman pisó por primera vez un escenario en nuestro país, hasta poco antes dejado de la mano del dios de la música. El escenario del evento fue el campo del Rayo Vallecano, en Madrid, con Santana y un grupo español llamado Minuit Polonia como teloneros.

Dicho concierto fue la culminación de un largo y tortuoso proceso que empezó en 1976. Semanas después del primer concierto de los Rolling Stones en Barcelona, el promotor Gay Mercader recibió una amigable carta de Bill Graham, mánager de Dylan y Santana. Bill había obtenido un informe favorable del concierto del primer gran grupo internacional en España y ofrecía al joven promotor sus artistas. Ocho años más tarde, aquella promesa se hacía realidad la calurosa noche del 28 de junio. La entrada costaba 2.200 pts, pero incluía el descuento de 200 pts para la compra de un LP en Discoplay, conocida tienda de discos. En aquella ocasión, el Bardo contó con la ayuda como intérprete y cicerone por las calles y tiendas madrileñas de una joven estudiante llamada Ángeles González –Sinde.

Posteriormente, Dylan nos ha visitado en 1989, 1993, 1995, 1999, 2003, 2006, 2008 y, por supuesto, este verano 2012. Huesca, Jaén, Cartagena, Cuenca, Valladolid, Andorra, Cap Roig, Lorca, Vigo, la Sierra de Gredos, etc., además de Madrid, Barcelona, Valencia, Donosti y Bilbao, han sido visitadas por el pequeño genio nacido en Duluth. Se cuentan anécdotas de los teloneros, de los encuentros con el huraño cantautor, de lo que se deja en la habitaciones de hotel y es casi una tradición familiar ir a ver a Dylan cada vez que nos visita.

Hito Número 6: 2007, Dylan recibe el Príncipe de Asturias de las Artes

Una bonita conclusión para todo lo dicho.

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