The Stone Roses: adorados, resucitados y... redimidos. Así tocaron en Barcelona

  • Julio Ruiz asistió al primero de los dos conciertos del grupo en Barcelona
  • El próximo 14 de julio The Stone Roses son cabezas de cartel del FIB
Ir a fotogalería The Stone Roses en concierto en Barcelona

Concierto de The Stone Roses en BarcelonaThe Stone Roses - 080612 - Matt Squire

JULIO RUIZ (RADIO 3)JULIO RUIZ (RADIO 3) - BARCELONA 

Me lo debían. Un concierto grande, a la altura de la trascendencia de su historia. Ni me quiero acordar de los dos anteriores. Del primero de la sala Aqualung en Madrid (sí, ya sé que hubo una primerísima vez en Valencia por culpa del colega Jorge Albi, pero no estuve allá) con lleno hasta por encima de las barras del fallecido recinto salí como encogiéndome de hombros. Mal, no, pero tampoco emocionado. Aprobado y vale. Incluso me costó alguna que otra diatriba con la distinguida audiencia y el sector más radical que, enamorado de la propuesta de los manchesterianos (ya no estuvo Reni en esa cita, que para buena parte de la clientela fue el debut), no comprendía que al día siguiente en el programa hubiera hecho gala de tibieza y pelín de desencanto.

De la segunda vez casi hay que pasar de puntillas y ahí sí que me pega que hubo unanimidad. Comparecer sin Reni ni Squire (que son palabras mayores) en aquel FIB fue demasiado lastre. Y como la banda ya estaba en las últimas, se acabó la historia.

Desde entonces, en fascículos, les habíamos visto en repetidas ocasiones. A Reni, no; pero sí a Squire con sus Seahorses (en la Caracol, de Madrid, por ejemplo), a Mani botando sobre las tablas con Gillespie y sus Primal Scream y a Brown ni se sabe las veces ya en solitario.

El regreso de una gran banda

Que han resucitado era lógico desde que firmaron que volvían a desempolvar tanta historia

Meses atrás, notición para el personal del territorio indie. ¡Vuelven The Stone Roses! Rueda de prensa y los cuatro viejos amigos que, en aras de los doblones a ingresar, se apuntan a sacar de paseo la etiqueta de garantía. Y resulta que vienen al FIB de julio (¡bien!) pero antes hacen ejercicios de calentamiento en gira y quieren arrancar (salvo un ensayo previo de unos días antes) en junio en Barcelona.

Y allá que nos fuimos. Del fin del programa del viernes en Prado del Rey al AVE y al Razz... Hasta nos sobró media hora porque no saltaron a las tablas hasta las 21,25 para cumplir escrupulosa y medida hora y media de concierto y bis incluido (que creo que iba en la cuenta definitiva), y achucharse todos en piña (que a mí no me sonó a ficticia) un poco antes de que dieran las 23.

Por medio en esos noventa minutos pasó que el sonido arrancó infernal ("no, no, por favor, ¿tampoco a la tercera voy a salir satisfecho...?") hasta que a las alturas del "Waterfall" no sé si fue cosa individual por mi cambio de ubicación (estaba en una columna a la izquierda del escenario y acabé arriba en la zona reservada al lado de un cámara que estaba rodando imágenes para la posteridad) o le ocurrió a todos los presentes, que comprobaron la mejoría quizás porque el que le daba a los mandos técnicos allá al fondo (donde se aposentaron los viejos amigos de Oasis, clá de excepción) se hizo con el timón por fín.

Sucesión de éxitos

Con "Waterfall" arranca la cuesta arriba y "Fools gold" y "She bangs the drums" suenan apoteósicas

Total, que de vibrar con los himnos de sobra conocidos en el inmenso karaoke (Reni hacía gestos inequívocos de que no estaba de acuerdo con lo que salía de sus tambores) que fue de "I wanna be adored" (lo que se va por lo que se viene: se desperdicia una bala de éxito, pero se arranca lo grande) y durante los cuatro o cinco siguientes temas ("Sally Cinamon", "Mersey paradise", "Ten storey love song", "Where angels play" o "Shoot you down" en donde se intuía lo que pasaba allá arriba a la ascensión imparable de, ahora sí, en la hora restante, comprobar de qué manera el mencionado batería (vestido de amarillo brasileiro y mejor su imagen sin rastas) daba clases de su negociado; cómo Mani nunca falla ejecutando su bajo demoledor; de que los andares cansinos de Ian le bastan y sobran para recitar/cantar sus proclamas y, sobre todo, la maestría de Squire (¡sobresaliente!) en todos esos pasajes en los que su guitarra sabe a las mejores de la historia y del género (la de Page zeppeliniana o la de Clapton Cream).

Y así fue. Con "Waterfall" arranca la cuesta arriba y "Fools gold" y "She bangs the drums" (con dedicatoria incorporada a las chicas/mujeres y con "Standing here" de por medio) suenan apoteósicas. Y a partir de ahí el vendaval no para. "Made of stone", "This is the one" (Ian usa su dedo índice y se autoseñala) y remate de mentira con "Love spreads" porque todos sabíamos (por mucho que se rompiera norma no escrita de no hacer bis) que el "I´m the resurrection" no se podía quedar fuera.

Que son adorados es normal porque han sido guía de músicos y libro de obligada lectura para todos aquellos seguidores de la música que tenían veinte años hace veinte años. Que han resucitado era lógico desde que firmaron que volvían a desempolvar tanta historia en poco más de dos discos (o uno o uno y medio o uno más extras). Faltaba la redención. Y me parece que lo han logrado. Para el arriba firmante, sí. Sin duda.

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