Francisco I es un “papa de barrio”. Así lo atestiguan los testimonios de sus vecinos de Flores, un barrio del área centro-oeste de la capital argentina.
"Éramos muy buenos vecinos. Era un chico muy estudioso. A veces compartía algo de tiempo con nosotros, pero se dedicó siempre a estudiar mucho, no era un vago como nosotros", recuerda Osvaldo.
En la esquina opuesta, una plaza pequeña. Allí, dice Osvaldo, jugó alguna vez al fútbol con el que hoy es el Sumo Pontífice. Aclara, sin embargo, que no era buen futbolista.
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"No se llega a Papa siendo revoltoso. Pero es un Papa de barrio, el Papa de Flores", dice orgulloso Osvaldo, quien siguió en contacto con Bergoglio y a quien describe como "un hombre de una lucidez extraordinaria y de una capacidad increíble, con un altísimo vuelo intelectual".