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Adiós a Eduard Punset, el hombre que nos recordó que hay vida antes de la muerte

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Muere Eduard Punset, un gran divulgador de curiosidad inabarcable y enorme optimismo

Punset era un hombre demasiado curioso para limitar sus intereses al derecho, la economía y la política. Para buscar respuestas a las grandes preguntas de siempre, las que ya intrigaban a los sabios de la antigüedad, las de "quiénes somos", "de dónde venimos", "dónde estamos" y "adónde vamos", tenía que recurrir necesariamente a la ciencia. Y así hizo, reinventándose de paso como divulgador científico en un país tan necesitado de esa figura como el nuestro. El mundo de la ciencia le cautivaba, y eso era evidente en sus entrevistas televisivas: resulta conmovedora su fascinación cuando salían a colación en su programa Redes cuestiones como el entrelazamiento cuántico o las no menos mágicas implicaciones de la teoría de la relatividad.

Dentro de la ciencia, él tenía claramente sus preferencias: lo que más le interesaba era todo lo relativo al cerebro, la mente y, en particular, las emociones. Y también la belleza y la felicidad. De hecho, siempre intentaba derivar a sus entrevistados hacia esos temas. Con António Damásio (neurocientífico portugués de prestigio mundial que resalta la importancia de las emociones para el aprendizaje, la creatividad y la acción) no era necesario esforzarse demasiado. Quizá más con el físico Frank Wilczek, uno de los artífices de la cromodinámica cuántica (aplicación de la mecánica cuántica a la fuerza nuclear fuerte, la que mantiene unidos a los protones y neutrones en el núcleo de los átomos). En su libro Cara a cara con la vida, la mente y el Universo extractó lo mejor de sus entrevistas. La célebre bióloga Lynn Margulis (fallecida en 2011), viuda de Carl Sagan y madre del también científico y divulgador Dorion Sagan, expresó en su prólogo al libro su deseo de que fuese traducido a las principales lenguas del mundo: "Se lo merece".

Liberal en el sentido más amplio de la palabra, Punset no era religioso. Pero su amor por la ciencia tenía ese punto místico, ese sentimiento de comunión con el universo, de quienes más se han acercado con la sola arma de la razón a los grandes misterios del mundo y la consciencia. Siempre defendió la flexibilidad intelectual, el cambiar de opinión si la razón te lo dictaba, el aceptar que hay muchas preguntas que no tienen respuesta (¡más de las que las tienen!), lo que lleva a muchos a entregarse a pseudociencias o absurdas ideas conspiranoicas. Uno de los protagonistas de la Transición, siguió de cerca el surgimiento del movimiento del 15-M (al que llegó a alentar en persona) y nos lanzó un aviso: "Consensuemos que no vamos a permitir nunca más una guerra civil".

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Derribar las barreras entre ciencia y sociedad

"Doy fe de que la ciencia no ha irrumpido todavía en la cultura popular y de que la vida cotidiana de la gente transcurre al margen del CSIC", constató. Pero también a la inversa: "Para muchos científicos resulta una frivolidad pensar que los descubrimientos científicos tengan que ver con la vida cotidiana de la gente". Por eso siempre propugnó la necesidad de derribar las barreras entre ciencia y sociedad a través de la divulgación científica. También fue muy consciente de la importancia de trabajar en redes (no era casual la denominación de su programa), de superar nuestra individualidad al servicio de la transformación del mundo: "Solos no hacemos más que barbaridades, la soledad es un desastre". La idea de la singularidad tecnológica, de la fusión de cerebros, ordenadores e Internet en un solo ente, era una de sus esperanzas para el futuro. De ello charló precisamente en Redes con su proponente, Ray Kurzweil, uno de los gurús de la inteligencia artificial.

"Hay vida antes de la muerte" era una de sus frases preferidas y más agudas. No se cansó de recordarnos la importancia de aprovechar cada minuto de vida, de aprender, de estudiar, de hacer cosas nuevas, de no encontrar "excusas para no pensar" (título de otro de sus libros). Parece que en los últimos años de su existencia encontró grandes satisfacciones enseñando a sus nietas, transmitiéndoles su pasión por el saber. Einstein escribió en una carta de pésame a los familiares de un viejo amigo: "Ahora él se ha ido de este extraño mundo un poco por delante de mí. Eso no significa nada. La gente como nosotros, que creemos en la Física, sabemos que la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente". Eduard Punset i Casals se ha ido hoy.

Pienso, luego existo - Eduard Punset

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