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RTVE.es te adelanta una escena de 'La gran apuesta', con Christian Bale

'La gran apuesta': el apocalipsis del capitalismo

  • La película narra cómo cuatro personas vieron venir la crisis financiera mundial

  • La cinta de Adam McKay está protagonizada por Christian Bale, Ryan Gossling y Brad Pitt

  • Es una de las favoritas en los Oscar, con cinco nominaciones, incluida mejor película

  • RTVE.es te adelanta una escena exclusiva de la película

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CINCO NOMINACIONES AL OSCAR

-Mejor película
-Mejor director: Adam McKay
-Mejor actor secundario: Christian Bale
-Mejor guion adaptado
-Mejor montaje.

La crisis financiera de 2008 dejó en Estados Unidos cinco billones de dólares de pérdidas en pensiones, valores inmobiliarios, ahorros y bonos y causó que ocho millones de personas perdieran su empleo y seis millones de personas perdieran su casa. Eso solo en EE.UU. En países como España y Grecia aún se siguen sufriendo las consecuencias desencadenadas por la crisis de las hipotecas subprime que contagió al sistema financiero estadounidense y provocó una crisis económica global.

Ese colapso de la burbuja inmobiliaria y de la economía que, en teoría, nadie vio venir, en realidad sí lo vieron cuatro o cinco personas ajenos al sistema y que hicieron La gran apuesta: ingentes inversiones de riesgo que se tradujeron en un importante negocio a costa de los bancos. Y esta historia real, la del apocalipsis del capitalismo, es la que cuenta la película de Adam Mckay, que se estrena en España este viernes 22 de enero y que es una de las grandes favoritas en los Oscar con cinco nominaciones (mejor película, mejor director, mejor actor secundario (Christian Bale), mejor guion adaptado y mejor montaje.

Basada en el bestseller de Michael Lewis, la película, además de por Bale, está protagonizada por Steve Carrell, Ryan Gosling y Brad Pitt, que también produce la cinta y que ya ganó el Oscar como productor con 12 años de esclavitud.

Tráiler de 'La gran apuesta'

Los Robin Hood del siglo XXI

En esta inteligente cinta, Bale encarna a Michael Burry, un neurólogo excéntrico metido a gestor financiero y propietario de un fondo de gestión alternativa que estudia miles de préstamos individuales agrupados en bonos hipotecarios y descubre que están cargados de préstamos morosos que quedarán impagados en los próximos años. Burry se inventa un producto financiero para operar al descubierto en el mercado inmobiliario -un seguro de impago de deuda (CDS en inglés)- que negocia con los bancos y estos le compran gustosos, convencidos de que las hipotecas nunca dejarán de pagarse.

"Tuvo que ir a los bancos y explicarles lo que él quería, y eso le llevó un tiempo, pero luego ellos pensaron que estaba como una cabra porque ¿cómo iban a fallar? Así que le dijeron: "Bien, Sr. Burry, si quiere que cojamos su dinero, somos Wall Street, vamos a cogerlo". Y se inventaron los CDS, pero él fue mucho más allá de lo que ellos esperaban. Y así para toda esa gente él era objeto de burla, porque pensaban: este hombre acaba de tirar 1.300 millones de dólares. Y al final fue él quien rió el último. Tenía razón desde el principio", explica Bale sobre Michael Burry, fanático del heavy metal, síndrome de Asperger y al que le gusta andar descalzo por la oficina.

De la estrategia de Burry se entera un joven y avispado banquero de Deutsche Bank en Wall Street Jared Vennet (Ryan Gossling), que convence al gestor de fondos alternativos Mark Baum (Steve Carrell), y a su equipo de analistas (Jeremy Strong, Hamish Linklater y Rafe Spall), para invertir millones de dólares en seguros de impago de deudas. Y para explicarles la debilidad del mercado inmobiliario, utiliza el popular juego conocido como Jenga.

"Jared utiliza el Jenga, el juego de apilar bloques en forma de torre para luego retirarlos sin que se derrumbe, para mostrar a Baum y su equipo cómo las obligaciones de deuda garantizadas se erigen sobre unos cimientos muy vulnerables y es inevitable que acaben por desmoronarse. Cuando Jared quita unos cuantos bloques, se viene todo abajo", cuenta Gossling.

El equipo de Baum termina por convencerse cuando conocen cara a cara a agentes inmobiliarios que alardean de colocar préstamos hipotecarios de alto riesgo a gente con malos historiales de crédito, además de descubrir lo "tontos" que son los inversores.

En una tercera línea argumental, entran en juego dos jóvenes gestores financieros sin experiencia, Jamie Shipley (Finn Wittrock) y Charlie Geller (John Magaro) que también descubren que la burbuja inmobiliaria está a punto de explotar y que reclutan al exbanquero neurótico y ecologista Ben Rickert (Brad Pitt) para que les ayude a conseguir un contrato marco ISDA que les permita tratar directamente con los grandes bancos.

Para cuando el mercado acabó viniéndose abajo en 2008, estos inversores que se aprovecharon de la estupidez de los bancos, habían ganado miles de millones de dólares a su costa.

Las swap, el Jenga y la sopa de marisco

Para que hacer más accesible al espectador el árido mundo de la economía y evitar que se pierda en la complejidad de sus conceptos, el director de La gran apuesta, exguionista de programas de sátira política en EE.UU. y convencido de que el ciudadano tiene la obligación de "prestar atención a lo que sucede en política y en la sociedad", utiliza recursos como la Jenga o la intervención de famosos.

"La gente necesita saber estas cosas para poder seguir la historia, pero cuando empiezas a oír términos como ‘obligación de deuda garantizada’ o ‘seguro de impago de deuda’, consiguen que te sientas tonto y te aburras. Los banqueros hacen todo lo posible para hacer que estas transacciones parezcan verdaderamente complicadas, así que se nos ocurrió la idea de hacer que aparezcan famosos en la pantalla a lo largo de la película para explicar ciertas cosas directamente a los espectadores", explica McKay.

Por ejemplo, el famoso cocinero estadounidense y estrella de la televisión Anthony Boourdain compara la sopa de marisco con los activos financieros tóxicos: para hacer el guiso, los cocineros usan las sobras de pescado de hace dos días que no han conseguido vender. "Pensé: ‘Oh, Dios mío, es una metáfora perfecta para una obligación de deuda garantizada, en la que los bancos juntan en un mismo lote varias hipotecas de baja calidad y las venden como un producto financiero de primera’", desvela el director.

La película también muestra que estos pocos inversores que predijeron el derrumbe de la economía mundial y se enriquecieron con ello, también se enfrentaron a dilemas morales al ser conscientes de las devastadoras consecuencias para el ciudadano medio, de cuyo sueño de tener una casa se aprovecharon los bancos. Esos bancos a los que han acabado salvando los gobiernos a costa del contribuyente.

"Esta película explora cómo toda una cultura puede verse atrapada en la obsesión de un sistema corrupto (...). En mi caricaturesco sueño fantástico, espero que esta película consiga disgustar y enfadar a la gente, que salga del cine y le pregunte a su congresista qué ha votado últimamente en cuestión de reformas del sistema bancario. Ese sería mi sueño, que todo el mundo le dijera a su congresista: ‘Si no estás a favor de desmantelar los grandes bancos, no me importa que seas de izquierdas o de derechas, no tendrás mi voto’", resume Adam McKay.

Y sí que lo consigue, porque La gran apuesta es una película que no te sacarás de la cabeza tan fácilmente, y te hará pensar y pensar, y cuanto más pienses, más te irás enfadando.

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