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'Pingüinas': ¡si Cervantes levantara la cabeza!

  • Fernando Arrabal realiza una adaptación libre de El Quijote
  • Pérez de la Fuente dirige a 10 mujeres que actualizan la novela de caballería
  • En escena en las Naves del Español de Madrid hasta el 14 de junio

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Fotografía de una Escena de 'Pingüinas', de Fernando Arrabal, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente en las Naves del Español.
Fotografía de una Escena de 'Pingüinas', de Fernando Arrabal, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente en las Naves del Español. JAVIER NAVAL

¿Cómo sería la novela de caballerías si existiese en el siglo XXI? Este podría ser uno de los múltiples puntos de partida para abordar Pingüinas, la obra de Fernando Arrabal que bajo la dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente puede verse hasta el próximo 14 de junio en Las Naves del Español.

En un año en el que se celebra el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote y con la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes presente en todos los telediarios, Pingüinas, como el ingenioso hidalgo, invita a reflexionar sobre la falta de cordura de nuestra sociedad.

Maria Hervás, Ana Torrent y Marta Poveda se ponen al frente de las 10 mujeres que rinden homenaje a la obra de Cervantes jugando a ser diosas sobre motocicletas y a veces consiguiendolo.

Diez caballeras andantes

“Las novelas de caballerías pasaron la historia”, escribe Fernando Arrabal en el programa de mano de la función en el que explica que ese desfase “descentra y actualiza (hasta hoy por lo menos) El Quijote”.

En una realidad tecnologizada, el que fuera director del Centro Dramático Nacional y actual director artístico del Español, presenta a una decena de mujeres cervantinas, moteras, pingüinas e irreverentes.

Lara Grube, Ana Vayón, María Besant, Lola Baldrich, Alexandra Calvo, Badia Albayati y Sara Moraleda completan este grupo de adoradoras de Miho (Miguel Cazorla), la divinización del manco de Lepanto, que buscan alcanzar la trascendencia en un sueño del pasado instrumentalizado para comprender el presente.

Clavileño y el viaje a la Luna

Arrabal, como Cervantes, ubica la esencia de la literatura en la libertad, más allá de la cordura y de la locura. Por eso, en Pingüinas, lo irreal y lo objetivo se mezclan en una continúa metáfora sobre el espíritu del tiempo y la sobredeterminación del ser humano no exenta de cierta crítica política.

Conceptos modernos, como la televisada llegada del hombre a la Luna, se asocian a metáforas cervantinas, como Clavileño, el caballo de madera con una clavija en la cabeza que la condesa de Trifaldi utiliza para burlarse de Don Quijote y Sancho prometiéndole que solo ellos podrán volar por el firmamento con los ojos vendados a lomos de su grupa.

Solo la confusión nos encapota con tal fogosidad que surgen las utopías”, vuelve a matizar el autor.

Desafío para la mente y los sentidos

Con una puesta en escena que solo las instalaciones del Matadero permiten, el espectador se integra en la función, de escenografía cenicienta y fuerte componente visual y multimedia, creado por Emilio Valenzuela y Joan Rodón.

Soberbiamente iluminado por José Manuel Guerra, el centro del escenario alrededor del que se distribuye el público está dominado por una estructura metálica caída del cielo sobre la que se ve serigrafiada parte de la bandera de la Unión Europea y que sirve de pantalla para múltiples proyecciones.

Intensa, turbadora, entretenida y críticaPingüinas, como la obra de Cervantes, invita a despertar el ingenio y reflexionar sobre lo que estamos viendo. Todo un desafío para la mente y los sentidos que si de algo peca es de larga, como el Quijote. Algo más de dos horas de excelente teatro acompañado de acrobacias, danza y una buena dosis de filosofía.

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