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Ludovico Einaudi pinta con notas y acordes el cuadro de los Veranos de la Villa

  • El compositor ha visitado Madrid dentro del ciclo de conciertos del Teatro Price
  • Su música, mezcla de estilos y corrientes ha arrancado vítores y aplausos
  • Tras su paso por Barcelona, este domingo repite en Madrid

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El pianista Ludovico Einaudi, durante su actuación en el Circo Price de Madrid
El pianista Ludovico Einaudi, durante su actuación en el Circo Price de Madrid JAIME GUTIÉRREZ

Esta noche Madrid no ha vivido un concierto de rock, aunque había guitarras eléctricas, ni se ha deleitado con la grandeza de las grandes obras de la música clásica, aunque ha sonado una orquesta de cuerda. Tampoco ha sido una noche de música electrónica, aunque tenía sintetizadores, y mucho menos la de un festival de músicas del mundo, aunque han sonado instrumentos de diferentes latitudes.

No ha sido nada de esto y ha sido todo en uno. El pianista y compositor italiano Ludovico Einauidi ha visitado Madrid dentro del ciclo de conciertos de los Veranos de la Villa que se celebra en el Teatro Price y volverá a repetir este domingo en una noche en la que la magia de todas las artes se funde en las manos del pianista.

Famoso por ser el compositor de la banda sonora de la película Intocable (Olivier Nakache, Eric Toledano, 2011), la dilatada trayectoria de Luodvico Einaudi da para mucho más ya que el músico sabe exprimir la esencia de los instrumentos en sus obras.

Einaudi ha compuesto óperas, ballets, bandas sonoras, incluso sintonías de informativos y trabaja principalmente con instrumentos de cuerda. De hecho, la formación que le ha acompañado ha estado compuesta por violines, violas y violonchelos, salpicados con algunos toques de percusión, sintetizadores y otros instrumentos con los que el músico ha conseguido sonidos que exploran los límites de las capacidades de cada aparato.

Nacido en Turín en 1955 y formado en las escuelas musicales italiana o inglesa, Einaudi dirige la orquesta desde el piano, que es el gran protagonista. Con una formación de conservatorio, el italiano logra sonidos únicos, juegos de cromatismos y emociones, que retratan desde el momento más íntimo a la naturaleza más salvaje.

La puesta en escena basada en los juegos de luz, que sube y baja en función de la intensidad o la emotividad de la música, es su gran aliada y los focos de atención están muy bien controlados con los cañones sobre los músicos.

La propia forma del Teatro Circo Price, casi como un círculo quebrado por el escenario hacen del lugar un emplazamiento perfecto para disfrutar de los múltiples matices de este espectáculo.

Sin miedo a experimentar

Después de un inicio de base melódica, alrededor de la quinta canción han aparecido los sintetizadores y el escenario se ha llenado de proyecciones que trasladaban al espectador a una atmósfera en sintonía con el cosmos.

Einauidi es un apasionado de las posibilidades que ofrece la música por sí misma, por lo que resulta fascinante como las cuerdas de los violines se pueden fundir con los sintetizadores para producir sonidos que van más allá de lo que conocemos.

El silencio reina en el foro. Solo algún despistado revisa el teléfono móvil o intenta sacar una foto del genio a hurtadillas. Todas las caras con los ojos abiertos como platos miran la espalda o el escorzo del pianista sentado ante el instrumento. Sin embargo, el irrespetuoso aire acondicionado de la sala se hace presente sin estarlo, invisible pero latente.

Una gran fotografía del mundo

Para muchas de sus obras, Einauidi encuentra la inspiración en la pintura y bebe de fuentes como el impresionismo o el hiperrealismo. Tal vez sea arriesgado comparar, pero se puede decir que, como los primeros, el músico compone sus obras pincelada a pincelada para congelar un instante, al mismo tiempo que, como los segundos, hace un retrato tan fiel al original que se diría fotografía.

En algunos momentos, la música llega a ser tan mínima, tan sutil, que el espectador junta las manos dubitativo esperando el final para el aplauso.

El tempo crece y decrece. A veces parece que quisiera contarte un secreto. La música va de una sonrisa a un paisaje, es como una gran instantánea del mundo contemporáneo con la que puedes quedar abrumado por su inmensidad o perderte en observar la infinidad de detalles que contiene.

En esta precisión, también tiene gran importancia la percusión que usa instrumentos tanto de metal como de madera. Xilófonos, metalófonos grandes tambores y calimbas ponen el contrapunto a la omnipresente cuerda produciendo en determinadas ocasiones un hermoso diálogo entre la madera y el metal que acaba rompiendo una guitarra española.

El hombre y el piano

Tras arrancar una ovación cerrada con “Fly”, la orquesta ha abandonado el escenario dejando a Einaudi solo con su piano. Con sus cabellos blancos y su impoluta ropa negra, la fisonomía del músico recuerda a la del instrumento en una simbiosis perfecta en la que los dedos corren sin esfuerzo y con delicadeza por las teclas mientras él se balancea al ritmo de los acordes.

Einaudi busca construir un lenguaje a partir de los múltiples lenguajes de la música partiendo de la “orquesta en blanco y negro” del piano. Melodías envolventes que juegan con las dinámicas cambiantes como los estados de ánimo.

“La música hay que escucharla para entenderla”

Inspirado también en los detalles de la vida cotidiana, muchos lo han definido como minimalista, ambiental, lírico, contemporáneo… Todos son términos que para el autor se quedan pequeños porque no buscan la vista panorámica. “La música hay que escucharla para entenderla”, afirma Einaudi.

Cuando el público ya pensaba que lo había visto todo, el escenario ha entrado en una apoteosis de sonidos protagonizada por un inesperado solo de guitarra eléctrica y una vibrante interpretación a la pandereta que ha arrancado los aplausos rítmicos de los espectadores en una explosión que inundaba los sentidos.

El círculo del teatro se ha cerrado. Los espectadores se han unido al músico pasando a formar parte del espectáculo. La música sonaba mediterránea, con toques árabes y algunas gotas de blues.

De pronto, con un gesto de la mano, el silencio y, después, aplausos, vítores, el público en pie y la orquesta saludando.

El concierto ha terminado, la gente se marcha entusiasmada, fascinada por lo que acaba de ver. Los músicos salen del escenario y allí queda solitario su piano, esperando.

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