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Los rostros desconocidos del 'Juan Sebastián Elcano', buque-escuela de la Armada

  • Se necesitaron 100 horas de grabación y 23 días en la mar
  • El blog oficial del documental ha recibido en un año más de 100.000 visitas
  • Madrid acogerá la primera proyección pública los días 21 y 28 de febrero

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'El barco blanco', una película sobre el 'Juan Sebastián Elcano'

El barco blanco es la película del Juan Sebastián Elcano, el buque-escuela de la Armada. Se presentó oficialmente el pasado día 23 de enero en un pase privado en Madrid para la Prensa, agregados militares y altos mandos de la Marina. Nunca hasta ahora habían entrado las cámaras con tanta libertad en un barco de guerra y menos  en uno dedicado a la instrucción de los futuros oficiales. Solo tenemos un antecedente. La participación del Galatea, el hermano pequeño del Juan Sebastián Elcano, que vimos fondeado en El Ferrol en la película Raza (1941), de José Luis Saénz de Heredia.

El rodaje fue especialmente complejo. Fueron necesarios tres embarques distintos, en Cádiz, Lisboa y en Las Palmas de Gran Canaria. Un equipo, formado por siete personas, permanecieron encerrados en Elcano durante 23 días de navegación, conviviendo estrechamente con la tripulación. Eran uno más. Y así se sentían.

"Ha sido una película de empeño, y no de encargo", afirmó la directora, Carmen Isasa, hija de un marino, en el bautismo de su proyecto cinematográfico catalán, que ha necesitado un largo periodo de gestación de catorce años, desde la primera idea inicial.

Ha sido una película de empeño, y no de encargo

Al final se grabaron casi cien horas en alta definición para montar 60 minutos, especialmente cuidados e intensos. Además se realizaron mil fotografías; algunas forman parte del libro de la película. El blog oficial, con el tráiler del documental, ha tenido un total de 110.000 visitas en menos de un año.

Para este documental se entrevistaron a 26 personas, marinos que por primera vez mostraban su rostro y contaban su trabajo, callado y abnegado, pero esencial para tener una Marina moderna y eficaz. Los marinos son así. Cumplen su deber como un servicio más a España, a la que aman desde lo más profundo de su corazón. No hay rincón del buque en el que no esté presente nuestra enseña nacional.

Un barco con historia

El navío es otro de los protagonistas de la película. El casco del buque es de hierro y arbola cuatro palos: Blanca (Trinquete), Almansa (Mayor Proel), Asturias (Mayor Popel) y Nautilus (Mesana), cuyos nombres recuerdan a otros buques escuelas que  le precedieron.

Oficialmente los Guardias Marinas adquieren esta denominación y condición de “Alumnos futuros Oficiales” con el establecimiento de la Real Compañía de Guardias Marinas en Cádiz en 1717, creada bajo el impulso del intendente Don José Patiño durante el reinado de Felipe V, primer rey español de la actual dinastía de los Borbones.

Elcano siempre ha cumplido con su misión, que únicamente se vio interrumpida en la Guerra Civil y las necesarias obras de modernización, las más importantes en 1956 y 1978, en el Arsenal de La Carraca, donde fue a la botadura del barco el 5 de marzo de 1927, siendo su madrina Carmen Primo de Rivera, hija del dictador, el general Primo de Rivera.

El rey Alfonso XIII accedió a cambiar su nombre inicial, Minerva, que está en el mascarón de proa, por el de Juan Sebastián Elcano. Cuatro siglos después de su muerte, el marino vasco de Guetaria obtenía así uno de sus más hermosos homenajes, tras haber realizado la gesta de dar la primera vuelta al mundo entre los años 1519 y 1522.

El buque siempre ha estado ligado a la Familia Real. El rey Juan Carlos hizo su crucero de instrucción como guardiamarina en el año 1958. Y su hijo, el príncipe Felipe, en el 1987. Los dos, junto al conde de Barcelona, posaron en Cádiz en ese año en una foto histórica en la cámara del comandante, cuando Don Felipe era un guardiamarina más.

Una película coral

Todos son importantes en este buque-escuela, el decano de la mar, con más ochenta años de navegación. La dotación del Juan Sebastián de Elcano está compuesta por 197 marinos. En total, 24 oficiales, 22 suboficiales, 39 cabos primeros, 107 cabos y marineros y cinco civiles. Todo este personal se ha formado previamente en la Escuela Naval Militar de Marín y en otros centros de formación de la Armada en San Fernando, La Graña y El Ferrol.

Además de la propia dotación y en número variable, de hasta un máximo de 78, hay que citar a los guardias marinas que embarcan al inicio de cada crucero de instrucción, después de haber aprobado cuatro años de estudios en la Escuela Naval, en Marín. En el actual viaje de instrucción, el 85, por el Atlántico y el Mediterráneo, hay un total 68 guardias marinas embarcados.

Alféreces de navío e ingenieros

Al terminar su crucero recibirán el despacho de alférez de navío y el título civil de ingeniero industrial, en la especialidad de máquinas. En la película los reconocemos enseguida por su juventud y sobre todo por su vocación y pasión por la mar, además de una elevada cualifiación profesional y personal.

No todos valen para ser marinos. Necesitan cualidades físicas, intelectuales y, sobre todo, un gran control emocional. En su trabajo deberán tomar decisiones rápidas de las que dependerán el barco a su mando y sus hombres. La mar no perdona nunca y siempre quiere cobrarse alguna vida. Hay un  frase que lo resume todo y que los veteranos comunican a los novatos: "El que no sepa rezar, que vaya por esos mares y ya verá que pronto lo aprende, sin enseñárselo nadie".

No hay cuotas

Tradicionalmente se ha considerado este oficio propio de hombres. Y no es así. En la película aparecen mujeres en todos los oficios. Todas cumplen a la perfección. Son por ahora un porcentaje pequeño, apenas un 14% de la tripulación. Se lo han ganado a pulso. Están en todos los puestos, incluyendo los más duros, ejerciendo de contramaestres (sargentos), "en la trinchera", como asegura Rocío Jas Negrete,  que trabaja como uno más en uno de los palos del buque, dando las órdenes a los hombres en las distintas maniobras.

La mujer con mayor responsabilidad en el Elcano tiene el empleo de capitán. Se llama Eva Carballo. “Es una profesión más. Tanto de hombres, como mujeres”, afirma sin inmutarse, sin dar importancia a su trabajo. Es jefe del servicio administrativo y de aprovisionamiento. Ella es la responasable de los menús del Juan Sebastián Elcano. Y por ahora, que sepamos, nadie se ha quejado de la comida, abundante y, sobre todo, rica en proteínas, pensada para el duro trabajo en la mar.

La vida a bordo

La película nos muestra la vida a bordo. No hay descanso ni de día ni de noche. Las cámaras entran en todos los rincones, mostrándonos la limpieza y el orden que hay en un espacio tan reducido, de 113 metros de eslora (largo) y de 13 de manga (ancho). El baldeo rítimico de la cubierta, a golpe del chifle (silbato), es una tradición en la Marina.

También lo es el perfecto estado de revista de la tripulación. Ni una arruga. Todo según manda el reglamento, que los marinos han hecho suyo en su día a dia. Y no es un detalle meramente formal y sin importancia. Todo lo contrario. Muestra el grado de disciplina e instrucción, necesario para conseguir que el personal funcione como un reloj perfectamente engranado.

Hay momentos para el descanso y hasta para la diversión. Pervive una tradición que se mantiene desde tiempo inmemorial. Nos referimos a la fiesta del rey Neptuno, una ceremonia destinada a bautizar al marino que cruza por primera vez el Ecuador.

La otra ha sido introduciada recientemente en Elcano.Cada día un guardiamarina lanza al mar una botella, que contiene un mensaje con la posición del buque y un breve mensaje. Algunas veces llega a su destino, como una que alcanzó las Bahamas después de ser lanzada desde España y permanecer años perdida en el Atlántico.

Una pequeña ciudad flotante

Elcano es una pequeña ciudad y hasta una universidad en el que todos son importantes, tal como vimos en la película. Y los guardias marinas forman parte de esta pequeña comunidad. Participan en las guardias, ejercicios de tiro, en las maniobras y en las seis horas diarias de estudios con materias como Navegación Astronómica, Meteorología, Geografía, Maniobra o Inglés, disciplinas de gran importancia y utilidad para un hombre de mar. Serán marinos del siglo XXI, pero que han aprendido en este buque-escuela a navegar como se hacía en el siglo XVI, con sextante y compás.

Pero la principal enseñanza que reciben los guardias marinas es a respetar la mar, que será su medio de trabajo. "Capear un temporal" será una dura prueba de fuego para estos futuros oficiales, junto con las maniobras nocturnas.

En 45 minutos, a todo trapo

La maniobra general -el equivalente al "zafarrancho de combate"- pone a prueba a toda la tripulación y permite conocer al comandate el grado de adiestramiento conseguido.En cinco minutos toda la dotación deberá estar en sus puestos. En cada palo habrá un contramaestre dispuesto a dar las órdenes mediante toques largos y cortos del chifle (silbato). No hay gritos ni voces. Sólo esos toques penetrantes y agudos, que todos comprenden a la primera.

Si todo sigue su curso, en 45 minutos, Elcano ya tendrá toda su aparejo dispuesto, navegando a todo trapo, si hay viento, claro. La maniobra es especialmente compleja. El barco tiene 20 velas, con una superficie de más de tres mil cuatrocientos metros cuadrados. La más grande es la vela trinquete, con 337 metros cuadrados.

Es una maniobra no exenta de riesgo, pues los marinos se ven obligados a subir a treinta metros de altura, los juaneteros, y los gavieros, a 50. Suben a los palos con un arnés de seguridad. Antes, en los años cuarenta, lo hacían descalzos y con la sola ayuda de un cuchillo suficientemente afilado. Sin más seguridad. Mi padre fue uno de esos marinos. Era juanetero en el Galatea.

“Que el barco no sufra”

Estamos ante una organización fuertemente jerarquizada. La máxima responsabilidad corresponde al comandante, que decide el rumbo, que en la Marina se llama "derrota", así como el aparejo, según las condiciones de la mar y del viento. Bajo su responsabilidad está la seguridad de los hombres a su mando y del buque-escuela, al que todos miman con especial cariño. Es el decano del mar y lo cuidan para que llegue a centenario.

"Que el barco no sufra". Es uno de los pensamientos que siempre le vienen al comandate, Alfonso Gómez Fernández de Córdoba, a la hora de tomar una decisión. Una avería resulta costosa y difícil de asumir con la política actual de recortes, que también llegan a las Fuerzas Armadas.

Un dato avala la buena administración. En cuatro meses de instrucción el Juan Sebastián Elcano gasta en combustible lo que consume una fragata de última generación en una semana. Tampoco hay privilegios. Desde el comandante hasta el último marino todos tienen un menú único.

Algunas marcas no superadas

Este bergantín-goleta ha dado diez vueltas al mundo. La primera de ella, entre agosto de 1928 y mayo de 1929, en sentido contrario al seguido por el galeón Victoria- la nave de Juan Sebastián Elcano en la primera vuelta al mundo en 1522-, doblando el cabo de Buena Esperanza, pero no el de Hornos, ya que regresó por el canal de Panamá.

Tiene este buque más de 1.600.000 millas navegadas. Ha entrado en 197 puertos de 70 países diferentes, con un total de 1.148 visitas. Es, desde el año 2013, alcalde honorario de San Fernando y embajador, desde el 2009, de la Marca España.

De entre todos sus trofeos podemos destacar la Boston Teapot, otorgado por la Sail Training Association en 1974. Esta distinción se concede anualmente al velero que consigue la mayor distancia sobre un circuito máximo entre dos puntos de la Tierra en 124 horas. Navegó 9.349 millas en ese tiempo. Y recibió por ello la apreciada Tetera de Plata

La última gesta

Después de Madrid la película llegará a Cádiz, donde está la base del Juan Sebastián Elcano, un buque que sigue dando alegrías. Después de 85 años de vida operativa y 84 cruceros de instrución ha logrado cruzar por primera vez en su historia el Atlántico norte a vela.

En sus años de vida operativa, solo había cruzado el Atlántico a vela en cuatro ocasiones, todas navegando de este a oeste, siguiendo los vientos alisios desde las Islas Canarias hasta el mar Caribe. Esta vez ha sido desde el continente americano hasta el viejo continente. Así se informó de la gesta con ese lenguaje escueto de los marinos.

"A las 07:25 horas del 14 de junio de 2013, navegando con aparejo de velacho alto, se ha alcanzado el punto de la derrota número 16, el que marca la entrada en el canal de La Mancha. De esta forma, el buque-escuela ha cruzado el Atlántico Norte, exclusivamente a vela desde el puerto de Newport Rhode Island (EEUU), de donde partió el pasado 21 de mayo".

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