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'Bajo un manto de estrellas', un relato directo, descarnado y sin rencor de la Guerra Civil

  • Una película sobre el asesinato de los dominicos de Almagro en el verano del 36
  • Es el sexto largo de Óscar Parra de Carrizosa, a punto de cumplir los 40 años
  • Se estrena en Madrid el día 14 de febrero de 2014

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La matanza de los dominicos de Almagro en 1936

Llegan nuevos estrenos a la cartelera. En enero veremos Emperador, de  Peter Webber. Rememora el destino del emperador Hiro Hito después de la rendición incondicional de Japón en 1945. En marzo se estrenará Noah  (Noé), de Darren Aronofsky, y El origen de un imperio, de Noam Murro, una secuela de 300, un éxito de taquilla y público en el 2007.

Las grandes productoras apuestan por el cine bélico y los contenidos históricos y bíblicos, que siempre han tenido el favor del público. Apuestan así por fórmulas de éxito y con garantías en estos momentos de crisis.

En España ya está lista para su exhibición Bajo un manto de estrellas  y en fase de rodaje muy avanzado una comedia de ficción de altos vuelos Little Galicia, que dirige Pedro Masó y cuya trama se desarrolla en gran parte en Nueva York.

Una película en la Guerra Civil

No estamos ante una película más de la Guerra Civil. Bajo un manto de estrellas ha tenido antecedentes memorables como la premiada  ¡Ay, Carmela! (1990),  de Carlos Saura; Tierra y Libertad (1995), de Ken Loach; La lengua de las mariposas (1999), de José Luis Cuerda y  con un incomensurable Fernando Fernán Gómez de protagonista; El viaje de Carol (2002), de Imanol Uribe y más recientemente La voz dormida (2011), de Benito Zambrano.

Bajo un Manto de Estrellas, sin olvidar estos necesarios antecedentes, se sitúa en otra línea de aproximación del conflicto bélico,  la persecución religiosa, que ha tratado recientemente  Encontrarás Dragones (2011), de Roland Joffé, y  Un Dios prohibido (2013), dirigida por Pablo Moreno.

Sigue por tanto  la estela de estas películas, pero ofreciéndonos un relato descarnado, sin concesiones, que muestra el rostro más cruel y violento de la Guerra Civil. Y lo hace con los mínimos recursos, pero con una música, compuesta por  Raúl Grillo, que remarca aún más el dramatismo y la tensión de la historia.

Todo acontece, como decimos, como un relato informativo, fiel a la cronología de los hechos que cuenta. Fue esencial  para el guión la aportación del diario del entonces novicio, fray Gonzalo Pérez Lobato, superviviente de la matanza de los dominicos de Almagro. Tenía 17 años. Eso le salvó.

El hijo de p... del rodaje

 También ha sido esta película un reto para su director, Óscar Parra de Carrizosa, que asume con resignación ser para muchos el hijo de p… del rodaje.. A punto de cumplir los 40 años, ha dirigido, entre otras películas, Abrázame, el último trabajo de Sara Montiel. Una comedia delirante y esperpéntica  que contó con la participación de Javier Gurruchaga, María Garralón, Pablo Pinedo, Eduardo Gavira y Silvia Casanova Arévalo

 En  Uno de vosotros me traicionará plasmó la Pasión contada por Judas Iscariote. Recibió  por este trabajo el premio y mención especial del XXIV Festival de Cine Internacional de Polonia .

 También ha experimentado nuevos formatos como la  película para televisión, Belchite, o largos pensados para ser distribuidas por internet como la exploración del miedo y el terror  de Presencia  Los hijos de Mambrú, sobre la guerra civil.

Las dos Españas, otra vez, frente a frente

Desde los primeros fotogramas intuímos la tragedia con grupos antitéticos e irreconciliables. Es una muestra del fracaso del régimen republicano que fue incapaz de lograr el necesario consenso nacional, que en cambió si  consiguió la Transición democrática tras la muerte del general Franco en 1975.

 “Vamos a quemarlo todo, y sobre las cenizas haremos un mundo nuevo”, afirma Armando Valencia, que interpreta el actor Julián Teurlais. Es el presidente del ateneo libertario de Almagro, que planeó y ejecutó la matanza de los dominicos sin que lo impidiera ninguna autoridad. El alcalde de Almagro,  el socialista Daniel García, papel que encarna José Antonio Ortas, mantuvo una actitud tibia y acomodaticia.

 “No somos militares ni políticos, sino frailes dominicos y no pensamos movernos de esta santa casa”, contesta el prior del convento, que encarga de una forma convincente el actor Manuel Aguilar.  La tragedia estaba así servida en esta película coral, que ha sido conjugar actores veteranos con otros más jóvenes, todos seleccionados después de un duro y exigente casting, al que siguió un largo periodo de ensayos.

 Pablo Pinedo, conocido por El milagro de P.Tinto, fue la última incorporación a este proyecto. Será el cocinero del convento, fray Arsenio de la Viuda.

"Gente matando a gente"

El enfrentamiento civil que vemos en  la película  tiene unos antecedentes previos y que el espectador deberá conocer para comprenderlo sin pasión y sin dejarse manipular. En primer lugar  el aplastante  triunfo del frente popular en febrero del año 36, que estuvo, sin embargo, plagado de irregularidades y hasta de amaños, como denunció Niceto Alcalá Zamora, que habló expresamente de pucherazo.

Después siguió una operación destinada primero a neutralizar a este político íntegro y honrado que fue Niceto Alcalá Zamora, y después a destituirle como Jefe de Estado.

El beneficiado de todo este complot político fue Manuel Azaña, que logró colmar todas sus ambiciones, pues pasó de presidir el gobierno frentepopulista  a ostentar la Jefatura del Estado en mayo de 1936.  A partir de entonces la Guerra Civil parecía ya  inevitable, con una violencia que no cesaba por un lado y otro, hasta llegar  al fracasado pronunciamiento militar contra la legalidad republicana que desembocó una cruenta contienda fratricida.

 “No es política (…) Es gente matando a gente. Una lección que deberiamos aprender para no repetirla”, afirma el actor Antonio Esquinas,que realiza una recreación memorable de un despiadado y vengativo anarquista conocido como `El Peco´.

El holocausto católico

Se habla con frecuencia del Holocausto judío, olvidando otros  igualmente terribles e ignominiosos para la Humanidad.  En el siglo pasado existieron planes sistemáticos para erradicar el cristianismo en  Armenia,  un auténtico genocidio realizado por el Imperio Turco entre 1915 y 1992; México, en los años 20, y en España, en la década de los treinta.

 La Iglesia católica ha declarado santos a once mártires de la  Guerra Civil, entre otros, el sacerdote diocesano Pedro Poveda Castroverde, martirizado en Madrid en 1936 y que fue canonizado por Juan Pablo II en 2003.

Hay un total de 1.523 mártires beatificados, entre los que están  los  24 dominicos de Almagro, y más de 2.500 causas pendientes. Son para los católicos los mártires de la reconciliación. Son  también un manto de estrellas, como señala el título de la película. Su luz sigue brillando y nos ilumina, aunque procedan de estrellas ya extinguidas, sin vida. 

La reconciliación

Bajo un manto de estrellas no pide ni reclama venganza. Ni  una nueva relectura histórica como ya planteó Libertarias (1996), de Vicente Aranda. Sólo trata de contarnos el asesinato de unos hombres por su condición de religiosos, que aparecen ante nosotros como seres reales,  de carne y hueso, que sufren ante su ya inminente final. “No váis a tomarnos declaración. ..¿Nos vais a matar?", afirma  el actor Pablo Pinedo como fray Arsenio, en uno de los momentos más dramáticos, cuando los religiosos eran sacados a la fuerza  de su casa por sus verdugos.

Su convento también sufrió la furia anticlerical. Fue transformado durante la guerra civil en un manicomio improvisado que acogió a instancias de la Diputación provincial de Madrid a enfermos mentales, evacuados de la capital de España y de Leganés. Las ricas tallas y hasta el retablo de la iglesia conventual antes fueron destrozados y quemados. El lugar que ocupaba el altar sirvió  como retrete y lugar de higiene para los internos forzosos que lo ocuparon durante la guerra.

Fieles a una vocación

Nos muestra la película  cómo esos mismos religiosos aceptaron plenamente y hasta gozosamente su vocación como personas célibes entregadas a duras jornadas de oración, que comenzaban a las  6:45 de la mañana y que terminaba con la caída de la tarde.

Además era fieles a su compromiso. Ningún dominico renunció a él, pese a todas los sufrimientos psicológico y físicos a los que fueron sometidos durante dos largos meses.Y esto, incluso, entre los dos más jóvenes de la comunidad, con 19 años, a los que se les ofreció perdonarles la vida si abjuraban de sus votos y contraían matrimonio. Y no lo hicieron.

Amar y perdonar

 Mostraron estos dominicos una capacidad de perdón heroica, que ha impactado a todos los actores, incluidos a los más jóvenes, nacidos en la democracia y que por primera vez han tenido que afrontar en primer persona la terrible experiencia de la Guerra Civil. "Es una película que hay que ir a verla pues nos recuerda algo que hemos olvidado o hemos perdido. La capacidad de amar y perdonar”, afirma un jovencisimo Juan Salcedo, que da vida a fray Sebastián Sáinz.
Y es en este punto el mérito más importante de Bajo un manto de estrellas: Ver con otros ojos la Guerra Civil.

Paz, piedad y perdón

Desde una posición laica, Manuel Azaña ya trazó este camino de reconcialización en el año 1938, cuando la guerra ya estaba irremediablemente perdida para la causa republicana. En Barcelona, en su último discurso como presidente de la República, clamó por la paz, la piedad y el perdón para frenar la sangría de hombres y la destrucción desatada por la Guerra Civil. Paz, piedad y perdón. Sin duda una  lección también para estos tiempos que corren:

"Es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, sí alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a sus hijos: Paz, Piedad y Perdón".

Azaña murió dos años después en Francia como un exilado más. Don Niceto, condenado por franquistas y republicanos,  murió  en 1949,  en Buenos Aires, sin poder volver a España.

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