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Max: "A lo máximo que puede aspirar un dibujante es a crear un cómic sin palabras"

  • Publica 'Conversación de sombras en la Villa de los Papiros'
  • Sobre los filósofos que vivían en esa finca sepultada por el Vesubio
  • Y que albergaba la única biblioteca de la antigüedad que se conserva

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Viñeta de 'Conversación de sombras en la Villa de los Papiros', de Max
Viñeta de 'Conversación de sombras en la Villa de los Papiros', de Max La Cúpula

Si hay un autor experimental en el mundo del cómic es Max, que logra sorprendernos con cada nuevo trabajo. Su último libro es Conversación de sombras en la villa de los papiros (La Cúpula) y narra la conversación de dos filósofos en la famosa Villa de los Papiros, minutos antes de que la erupción del Vesubio (el 24 de agosto del año 79) los sepultara. Una tragedia que, sin embargo, permitió la conservación de la única biblioteca de la antigüedad que ha llegado hasta nuestros días. Max ha hablado sobre este libro con Jordi Barcia, de La hora del bocadillo (Radio 3)

La hora del bocadillo - Max bajo el volcán - 21/12/13

“Este proyecto -asegura Max- empezó a sugerencia de La Casa del Lector de Madrid, que se dedica a promover las letras y la lectura. Actualmente tienen una exposición en el Matadero (hasta abril) dedicada a La Villa de los Papiros donde se puede contemplar, entre otras muchas cosas, uno de esos papiros enrollados que sobrevivieron a la erupción del Vesubio. Es algo muy especial”.

“Está semi-carbonizado –continúa el dibujante- pero aún se ven las letras griegas de ese manuscrito. El caso es que ellos me sugirieron si me gustaría hacer un cómic sobre esa obra. Y sabían por donde pillarme, porque una historia que lleva entre sus ingredientes la filosofía de Epicuro, la única biblioteca de la antigüedad que ha sobrevivido a nuestros días y la erupción del Vesubio, es algo que engancha a cualquier narrador, sobre todo a mí que tengo devoción por la historia antigua y la filosofía”.

“Y también con Epicuro, del que hace cinco años hice un volumen llamado La amistad según Epicuro, que forma parte de una colección de libros de filosofía que estoy haciendo con Maite Larrauri Gómez. No solo conocía la filosofía de Epicuro sino que me siento muy identificado con ella”.

Un fragmento de la vida cotidiana

“A la hora de decidir como abordaba la historia –asegura Max- decidí que lo más sensato era dejarme de ampulosas narraciones históricas y concentrarme en un pequeñísimo fragmento de vida cotidiana en las horas previas a la erupción. Sabemos muchas cosas sobre los papiros pero no todo, por lo que tenía un pequeño margen para la ficción”.

“Parece ser que en la Villa existía una comunidad de filósofos que seguían las enseñanzas de Epicuro cuatrocientos años después de El Jardín, la escuela de filosofía que formó Epicuro en Atenas. Y esa comunidad estudiaba a Epicuro a través de esa Biblioteca de los mil papiros, además de vivir de acuerdo a sus preceptos”.

“Para mí –continúa el Premio Nacional del cómic- esa conversación de dos personajes (un joven recién llegado y un veterano) en las horas nocturnas previas a la erupción del Vesubio, me daba pie a incluir todo el contexto histórico de la biblioteca, también el filosófico y el ambiente en Roma en esas fechas. Curiosamente, el día anterior a esa erupción del Vesubio se celebraba en Roma la Vulcanalia, la fiesta del Dios del Fuego”.

Siluetas

“Dibujé a los personajes como siluetas oscuras –comenta Max a Jordi Barcia- porque la historia transcurre de noche y porque llevaba meses estudiando la obra de un dibujante zaragozano (“Sileno”) que publicó en ABC en los años 20 del Siglo pasado y que tuvo una época en la que todo lo dibujaba mediante siluetas negras. Estudiando su obra me pareció que este estilo era muy apropiado para esta historia”.

Y aunque no era su intención, está historia tiene mucho que ver con la crisis actual: “El subconsciente hace su trabajo y tu te das cuenta después –asegura Max-. Se puede hacer esa lectura de la historia, la de un joven que avisa de la crisis y la del veterano que no le da mayor importancia”.

“Sabemos que la historia se repite y los humanos tropezamos cientos de veces con la misma piedra ya seamos romanos, chinos, españoles o catalanes. Lo que reproduce esa conversación son dos actitudes humanas de siempre, el que percibe que algo va a pasar o es necesario que pase y el que se siente con tanta suficiencia que no es capaz de admitirlo”.

“Epicuro defendía la austeridad, extraer lo mejor de los placeres que te ofrece la vida y, sobre todo, no tener miedo a la muerte ni a los dioses. A la muerte seguimos temiéndola demasiado”.

“La crisis también ha afectado al cómic”

“Yo soy un gran fan de los libros y de las bibliotecas –comenta Max-, porque contienen lo mejor de lo que ha sido capaz la humanidad y la sabiduría que nos puede seguir ayudando en el futuro. Y de hecho al final de mi historieta se reproduce la carta de Epicuro que es una especie de breve resumen de su filosofía. Y cualquiera que lo lea se dará cuenta de lo actual de sus propuestas”.

“La actual crisis está afectando también al cómic –asegura el dibujante- que estaba viviendo una época fenomenal en la que se le daba cancha en los medios y se había acercado a mucho más público, porque le interesaba a más gente. Y hemos recibido el palo, como todos. Lo que pasa es que no habíamos salido de nuestra crisis particular y a lo mejor no nos ha pillado tan desentrenados”.

“Yo me llevo buscando la vida durante 40 años y he vivido muchas crisis, No tan bestias como esta. Pero, modestamente, pienso creo que he aprendido a moverme y a sobrevivir, porque no hay que tirar la toalla, sino seguir peleando”.

Un mito del cómic Underground

Considerado uno de los maestros del cómic Underground, por sus años en la revista El Víbora, Max asegura que: “Underground tiene dos sentidos, uno muy técnico que se refiere casi a clandestino. Y que yo sepa, hoy en día todavía nadie hay tenido que pasar a la clandestinidad haciendo cómics”.

“Pero hay otro sentido más genérico que es el de la distribución subterránea, la autoedición… creo que siempre hay y siempre va a haber chavales de dieciocho años que tienen ganas de hacer cómics y se los van a autoeditar. Antes eran fotocopias distribuidas en bares y ahora son páginas en Internet, blogs… por suerte eso sigue existiendo porque es el relevo generacional. Ahí sigue estando el Underground”.

“Por ejemplo –comenta Max- las revistas de cómics desaparecieron y ahora parece que sólo se venden las novelas gráficas. Y es una pena, porque era un formato que le permitía a uno ir aprendiendo sin darse hostias demasiado fuertes. Lo que es un drama es que ahora cualquier chaval con poca experiencia tenga que ponerse a hacer un libro de cien páginas. Porque no todo el mundo está preparado para hacerlo. A mí, por ejemplo, me ha costado muchos años conseguirlo, aunque reconozco que soy lento".

Sus proyectos

En cuanto a sus lecturas, Max asegura que “El nuevo cómic de Paco Roca Los surcos del azar (Astiberri) me está pareciendo fenomenal. Si algo tiene este país es talento artístico. Para otro tipo de cosas se le echa en falta, en la política, por ejemplo”.

Y  también ha avanzado sus proyectos: “Ahora trabajo en la serie que he empezado en el dominical de El País, alternándome con Paco Roca, y estoy muy ilusionado porque desde los años 80 no hacía algo así, regularmente y para ir publicando en pequeñas dosis. Además, creo que he encontrado un personaje y un tema que a mí me divierte mucho y espero que a los lectores también. Aparte de eso, tengo un proyecto que todavía no tiene nombre. Puedo avanzar que será una historieta larga con palabras, pero todavía no lo tengo claro al cien por cien”.

“El cómic es una cosa mixta entre el dibujo y la palabra, pero conseguir contar una historia sólo con imágenes es a lo máximo que puede aspirar un autor de cómics. Hay algunos que ya lo han logrado y yo estoy en ello, a ver qué pasa” –sentencia Max-.

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