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El mejor recuerdo de José Luis Sampedro

  • Óscar López habla de la entrevista que hizo al autor en 2009
  • Hablaron de lo humano y lo divino sentados en dos sillas en la playa
  • Sampedro dignifica el oficio, no solo de escritor, sino del ser humano

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Página 2 - José Luis Sampedro 29/11/2009

Suelen preguntarme a menudo los espectadores en los chats digitales que regularmente hago en la web de RTVE, cuál es la entrevista más complicada que he hecho nunca en el programa, qué escritor ha sido muy antipático, y curiosamente, pocas, muy pocas veces, me preguntan lo contrario, de quién guardo un magnífico recuerdo.

En cuanto a la primera cuestión, suelo responder que hemos tenido mucha suerte y salvo alguna cosilla sin importancia, lo cierto es que no hemos tenido problemas con nadie. Es la verdad.

Y en cuanto a la segunda, respondo habitualmente que con muchos escritores hemos simpatizado, pero que no me atrevo a destacar uno por encima del resto. Pues bien, hoy voy a cambiar esa máxima. Y lo haré convencido de lo que digo.

Porque recuerdo perfectamente la única entrevista televisiva que le hicimos a José Luis Sampedro para Página 2 en 2009, en la Costa del Sol, en La Cala de Mijas donde tenía un apartamento. Se había reeditado La vieja sirena, y fue la excusa perfecta para abordarle.

Hablar de lo humano y lo divino en la playa

Creo recordar que tenía entonces 92 años, y no puso el menor reparo en acompañarme a una playa cercana para clavar dos sillas en la arena y ponernos a hablar de lo humano y lo divino.

Porque con Sampedro se podía hablar de todo: de literatura, de economía, de sus viajes, del compromiso del intelectual, de sus maravillosos libros, como La sonrisa etrusca, El río que nos lleva El amante lesbiano.

Hablar de los jóvenes, un tema que le apasionaba y en quienes él tenía grandes esperanzas depositadas para intentar arreglar este destartalado país (de ahí que aceptara escribir el prólogo del libro Indignados de Stéphane Hessel, recientemente desaparecido).

Recuerdo su extrema generosidad por aguantar estoicamente aquel sol de justicia, la retahíla de preguntas que caían una tras otra dado que con Sampedro era imposible poner punto y final a una entrevista, la necesidad de robarle sus opiniones sobre temas diversos que probablemente no saldrían en la emisión del programa pero que yo deseaba conocer...

Admiración y respeto

Ya habrá quien desde ayer haya recordado que hay pocos autores tan queridos y admirados en España, que nació barcelonés aunque fue criado en Tánger, que poseía un currículum profesional envidiable: funcionario de aduanas, catedrático de Estructura Económica, senador por designación real en las primeras Cortes democráticas, miembro de la Real Academia y, cómo no, escritor.

Un escritor meticuloso y de extrema sensibilidad, admirador de Jane Austen, Chéjov y El principito, que construía sus novelas como si fueran puzzles, con fichas para cada uno de sus personajes y esquemas que hacían las delicias de quienes tuvieran la oportunidad de verlos.

Pero de toda esa información internet va lleno.

Yo prefiero hablarles de admiración, de respeto, de agradecimiento a quien, como otros, dignifica, no solo el oficio de escritor, sino el de ser humano.

La próxima vez que los espectadores me pregunten por el escritor que más simpatía nos ha generado, ya sabré la respuesta.