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La historia electoral se alía con CiU en Cataluña

       
  • CiU ha sido la fuerza con más escaños en todas las elecciones autonómicas
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  • El PSC ha sido su principal rival, aunque sus apoyos decrecen desde 1999
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  • ERC tocó su techo en 2003 y 2006; se hundió en 2010 y recuperó su fuerza en 2012
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  • PSC, PP e ICV son fuertes en Barcelona; CiU y ERC en el resto de Cataluña
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  • Formaciones como Ciutadans completan un sistema multipartidista
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  • Consulta nuestro gráfico interactivo de evolución del voto en Cataluña

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Hace apenas dos años, Artur Mas conseguía a la tercera el sueño que se le había venido escapando desde 2003: convertirse en el segundo presidente nacionalista de Cataluña tras las dos décadas de Jordi Pujol y el paréntesis de los socialistas Pasqual Maragall y José Montilla.

Su victoria -62 escaños y más de veinte puntos de distancia sobre la segunda fuerza, el PSC- recuperaba las cifras conseguidas por el histórico 'president' entre 1984 y 1995, la 'decada dorada' de los convergentes, cuando vencían con más del 40% de los votos y superando la barrera psicológica de los 60 diputados.

El reto que se plantea Mas en estos comicios va incluso más allá: recuperar la mayoría absoluta perdida en 1995, para lo que necesitará 68 diputados y probablemente más del 40% de las papeletas, en lo que sería la reconversión del sistema político catalán del multipartidismo al partido hegemónico rodeado de formaciones minoritarias.

La encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) pinta este panorama, con el partido de Mas rozando los 70 asientos y cuatro formaciones -PP, PSC, ERC E ICV- en la horquilla entre los 10 y los 20 diputados.

La del CIS le sitúa como está ahora o un poco mejor, con hasta 64 escaños y un 38%, mientras que la caída de los socialistas quedaría un poco atenuada y populares y republicanos se disputarían la tercera posición.

En todo caso, los comicios autonómicos de 2012 serán un nuevo giro en la agitada historia electoral catalana, donde CiU ha reinado en número de escaños de manera ininterrumpida desde 1980 pero en la que siempre existió el contrapeso de una segunda fuerza más o menos clara, el PSC, y de varias formaciones representativas de proyectos ideológicos opuestos entre sí (el Partido Popular como voto de derecha no nacionalista, ERC como voto independentista e ICV como voto izquierdista).

El inicio del 'pujolismo'

Las primeras elecciones autonómicas, celebradas en 1980 después de la aprobación del Estatuto de Sau, mostraron la complejidad de la política catalana: los nacionalistas democristianos de Convergencia i Unió vencieron por estrecho margen (27,8%, 43 diputados) pero dos formaciones de izquierdas, el PSC y el PSUC sumaron el 40% de los votos y 58 escaños.

Sin embargo, Jordi Pujol consiguió ser investido 'president' gracias al voto de ERC y UCD, unos extraños compañeros de cama. Ya en esos primeros comicios, Barcelona dio hueco a una última formación minoritaria 'sorpresa', en este caso el Partido Socialista de Andalucía, representante de la fuerte inmigración andaluza en el área metropolitana de la Ciudad Condal.

Tras la división de la primera legislatura, los catalanes poco a poco optan por una singular división: las municipales y las generales para el PSC; las autonómicas para CiU.

El 'pujolismo' se corona en las autonómicas de 1984 con una aplastante mayoría de 72 escaños y el 46% de los votos, en parte gracias al desmoronamiento de la UCD y el PSUC y al voto útil nacionalista 'robado' a ERC.

Este escenario, con un PSC en torno al 30% del voto y a los 40 escaños, se repetiría en los comicios del 88 y el 92, donde se establece un singular equilibrio en el que Maragall gobierna en Barcelona, Pujol en Cataluña y González en el resto de España.

La quiebra de la mayoría de CiU 

Este esquema se rompe en 1995, cuando el apoyo político de CiU al gobierno del PSOE y el propio desgaste de los socialistas provoca la caída de los dos grandes partidos.

Así, Pujol pierde la mayoría absoluta y el PSC cae a su suelo hasta 2010, el 25% de voto y 34 escaños mientras que el Partido Popular, ya a las puertas de la Moncloa, consigue su mejor resultado de la historia en Cataluña en apoyo popular: 421.000 votos, el 13%.

CiU pasa a partir del 96 a apoyar a Aznar en Madrid y su desgaste se profundiza, hasta el punto de que Pujol pierde los comicios de 1999 frente a Maragall por número de votos, aunque la particular distribución de los escaños -que 'castiga' a Barcelona y premia al resto- hace que tenga una leve mayoría (56 a 52).

El antiguo alcalde de Barcelona consigue con su coalición de Ciutadans per Canvi tocar el techo del PSC, en parte gracias a presentarse coaligado con ICV en Tarragona, Lleida y Girona, pero la suma de CiU y PP le deja a las puertas del Palau de la Generalitat.

Pujol salva la cara y gana en sus últimas elecciones, pero su 'delfín', Artur Mas, se encuentra con una situación electoral muy compleja: dependiente de un PP cada vez más impopular en Cataluña y con la figura de Maragall como claro referente de cambio tras más de 20 años de CiU en el poder.

La era del tripartito

Con lo que no cuentan ni Mas ni Maragall es con la resurrección de ERC, que comandado por Josep Lluís Carod Rovira se hace con las llaves de la Generalitat en 2003 al conseguir la friolera de 23 escaños.

La fórmula que apoyará Carod será la formación de un tripartito de izquierdas y nacionalista liderado por Maragall (que vuelve a ganar en votos y a perder en escaños) junto a ICV, que dejará a PP y a CiU en la oposición y que tiene un proyecto político estela: un nuevo Estatuto de Autonomía que reconozca a Cataluña como nación.

Las arduas negociaciones con el nuevo presidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, son una oportunidad para Mas de presentarse como bisagra nacionalista para cerrar un acuerdo que, sin embargo, será recurrido por el PP ante el Tribunal Constitucional.

Enfrentado a la dirección federal, Maragall no es candidato en 2007 y le sustituye el hombre fuerte del PSC, José Montilla, vinculado al grupo de alcaldes socialistas del ala metropolitana que controla el partido frente a la más catalanista, capitaneada por el propio Maragall, su hermano Ernest y el conseller de Economía, Antoni Castells.

Montilla pierde esta vez con claridad frente a Mas (48 escaños frent a 37) pero ERC se mantiene e ICV sube, por lo que al tripartito le salen las cuentas para aguantar una legislatura más. Mientras, una nueva formación no nacionalista, Ciutadans, irrumpe en el parlamento con tres diputados.

La oportunidad de Mas y el pacto fiscal

Así, Artur Mas se queda de nuevo a las puertas del poder, pero aguanta cuatro años más a la espera de su última oportunidad, los comicios de 2010.

Con una acuciante crisis económica y la sentencia del Constitucional que recorta el Estatut, Montilla pierde de manera estrepitosa (62 escaños frente a 28) y arrastra en su caída a ERC, que se convierte en cuarta fuerza política, tras el PP e ICV.

Mas es por fin 'president' con el apoyo puntual de la nueva líder del PP, Alicia Sánchez Camacho, que supera el récord de diputados de Aleix Vidal Cuadras en 1995.

Pero Camacho no comparte el gran proyecto de CiU, que sustuye al Estatut del tripartito: el llamado pacto fiscal, que busca reeditar el sistema de financiación de País Vasco y Navarra en Cataluña.

Mientras, el éxito de formaciones como Solidaritat, con el expresidente del Barça Joan Laporta, y la celebración de consultas independentistas en varias ciudades de Cataluña muestran que el independentismo está adoptando nuevas formas más allá de ERC y la propia CiU.

La unión de este sentimiento, manifestado en la marcha de la 'diada' y la constatación del fracaso en la negociación del pacto fiscal llevan a Mas a un adelanto electoral con el que persigue su último sueño: contar con una mayoría absoluta como la que tuvo Pujol, pero en clave independentista.

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