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Los candidatos presidenciales según Hollywood

  • Algunos clásicos estadounidenses se centran en el proceso electoral

  • Repasamos cinco películas con candidatos de todo tipo

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Biopics sobre presidentes al margen, los dramas, las intrigas y los thrillers políticos son materia prima habitual de la fábrica de sueños. Desde la sempiterna mejor película de todos los tiempos (Ciudadano Kane), que también participa de la ambición política, la fascinación por la democracia en América ha deparado alguno de los mejores títulos del cine estadounidense. Caballero sin espada y Tempestad sobre Washington son las más recordadas sobre el funcionamiento del congreso. Pero, concretando en procesos electorales, estas son algunas de las ficciones más destacadas, con algunos de los candidatos más extravagantes.

El despertar de una nación (1933)

Gregory La Cava, uno de los grandes de las comedias de los años 30, se atrevió con una fábula política, sin discurso político coherente, de difícil lectura en la actualidad. Judson 'Judd' Hammond (Water Houston) vence las elecciones pero, tras un accidente que le deja en coma, se convierte en un líder iluminado que sintetiza el ‘new deal’ y el fascismo: revoca la constitución y realiza juicios y ejecuciones sumarísimas; secuestra a líderes extranjeros y les obliga a pagar sus deudas de guerra y reducir el presupuesto militar. Al final, convertido en dictador, consigue la paz mundial. Una película hija de su tiempo pero nada premonitoria.

El estado de la Unión (1948)

Dos de las obsesiones del maestro Frank Capra en un solo argumento: la relación del poder y los medios (Juan sin miedo), y la mecánica corrupta de los políticos (Caballero sin espada). Grant Matthews (Spencer Tracy) es un magnate de la aviación separado al que su nueva pareja, magnate de la prensa, convence para presentarse a la presidencia por el Partido Republicano. Solo falta un detalle, que disimule ante América el fracaso de su matrimonio. Katherine Hepburn, invirtiendo su papel de la vida real, interpreta a la mujer que acepta porque confía en la honestidad de su marido. Cuando el nivel de mangoneo al que se ve sometido Tracy llega al paroxismo, estalla en un discurso radiofónico revelando al pueblo las corruptelas. Hepburn (liberal) se las tuvo en el rodaje con Adolph Menjou (republicano recalcitrante).

Una línea de Grant Matthews mientras habla por la radio (“No me corte. ¡He pagado este programa!”) fue reproducida por Ronald Reagan durante un debate, real, en New Hampshire en 1980.

El político (1949)

Todos los hombres del rey es el novelón sobre la ambición, el populismo y la manipulación de masas. La obra del poeta laureado Robert Penn Warren (Pulitzer en 1947) sobre Willie Stark, un trasunto del gobernador de Luisana Huey Long asesinado en los años 30, ha conocido dos adaptaciones. Robert Rossen consiguió el Oscar a mejor película en 1948 por la primera y, como suele pasar, la mejor. Broderick Crawford borda el papel sobre el ascenso y caída del depravado gobernador, en una película que mezcla el clima de la posguerra, pasto de demagogos y, al mismo tiempo, con ecos de la tendencia al fascismo propia de los años 30. Al parecer Rossen montó y remontó la película acumulando visionados con resultados nefastos: Robert Parish, su montador, terminó por recortar el comienzo y final de cada secuencia hasta dejar el aspecto de obra caótica que, sin embargo, concuerda con la personalidad de Huey Long. Incluido en la lista negra del Macarthismo, Rossen terminó delatando a sus ‘compañeros de viaje’ en los años 50.

Sin sentirse intimidado por el precedente, el guionista Steven Zaillan dirigió una segunda versión en 2006, prestando más atención a la poesía y a las tramas secundarias de Penn Warren, aunque trasladando la acción a los años 50. Todos los hombres del rey demuestra que la fórmula novela genial+reparto de campanillas (Sean Penn, Kate Winslet, Jude Law y Anthony Hopkins) no tiene por qué funcionar.

El mensajero del miedo (1962)

La apoteosis de la paranoia de la guerra fría. Un comunista planea hacerse con la presidencia. ¿Cómo? Fácil: durante la guerra de Corea, los soviéticos secuestran un batallón americano, les lavan el cerebro y convierten en asesinos. Su topo en uno de los principales partidos utiliza a estos asesinos perfectos para ser elegido como candidato. Todo un clásico dirigido por John Frankenheimer y protagonizado por Frank Sinatra y Angela Lasbury.

En 2004, Jonathan Demme dirigió el remake con Denzel Washington, Meryl Streep y las correspondientes actualizaciones: el comunismo se convierte en una multinacional de las armas con conexiones políticas en el ‘mundo libre’, el terrorismo y los ayatolás.

Ciudadano Bob Roberts (1992)

Tim Robbins debutó en la dirección con una sátira pasada de rosca sobre la carrera a senador en Pensilvania. Bob Roberts es un político conservador y populista con dotes de cantautor folk. Rodada como un falso documental que le están haciendo al candidato, la historia está basada en los sketches que el propio Robbins protagonizaba en Saturday night live. El polifacético Gore Vidal, que es guionista de otra fábula política (The best man), interpreta al rival demócrata de Roberts.

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