Alberto Iglesias aspira al Oscar en su tercera nominación

  • Compite en los Oscar con John Williams y Bource (The artist)
  • En El topo Iglesias ha creado una música íntima e instrumental
Ampliar fotoIglesias accepts to his award for Best Original Music during the Spanish Film Academy's Goya awards ceremony in Madrid

Alberto Iglesias agradeciendo el Gopa a la mejor música original por ’La piel que habito’ el 19 de febrero.eREUTERS

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JON BANDRÉS 

Por tercera vez, Alberto Iglesias (San Sebastián, 1955) acudirá al Kodak Theatre como candidato al Oscar a la mejor banda sonora. En esta edición ha sido elegido por su trabajo en la película El topo del sueco Thomas Alfredson, traslación cinematográfica impecable de la novela homónima de John Le Carré.

Hace tiempo que la carrera de este compositor vasco rebasó las fronteras españolas. De hecho fue el primer compositor español nominada para el premio Óscar a la mejor banda sonora original por su trabajo en la película El jardinero fiel (The Constant Gardener), (2005) de Fernando Meirelles.

Fue la primera nominación de este compositor que ha firmado ya más de 30 bandas sonoras, desde que a principios de los 80 comenzara a componer para directores vascos como Montxo Armendáriz e Imanol Uribe.

La banda sonora de El jardinero fiel –film con una trama sobre corrupción ambientada en Kenia- está considerada una de las mejores partituras de Iglesias. En ella –ha contado-tuvo que estudiar para acercarse a las sonoridades africanas

Por segunda vez, la Academia estadounidense le eligió por su trabajo en la película Cometas en el cielo (The Kite Runner), (2007) de Marc Foster.

Grandes contrincantes

Iglesias, que acaba de recibir el Goya por la mejor música original por La piel que habito de Almodóvar y que es autor también de la música de otra película de actualidad, El monje de Dominik Moll, no lo tiene fácil en Los Ángeles.

Tendrá este domingo como contrincantes a una leyenda viviente, John Williams, quien, a sus 80 años, compite por partida doble, con las grandes orquestaciones de Las aventuras de Tintín y Caballo de batalla , ambas dirigidas por Steven Spielberg.

Y también tiene frente a él a Howard Shore, con Hugo y a la considerada de momento favorita, la banda sonora de El Artista, firmada por el francés Ludovic Bource. Una música original rica en ritmos para cada momento (vals, claqué…), atractiva melódicamente y que cumple un papel narrativo mucho mayor que las bandas sonoras convencionales, al no tener que convivir con la palabra, en esta película muda que rinde tributo al cine de los años 20.

El topo: silencios e intimidad

Como Alberto Iglesias contó recientemente en TVE, cuando se reunió con Thomas Alfredson, tras leer el guión, le transmitió que no había entendido su compleja trama ambientada en la guerra fría. El sueco le tranquilizó. “A mi también me ha costado entenderla”, le confesó.

Alfredson no quería una música narrativa en el sentido convencional. Le recomendó únicamente que se pusiera muy cerca de Smiley, el espía cerebral e inexpresivo que encarna Gary Oldman.

La primera música que compuso Iglesias (verdadera prueba de fuego para cualquier banda sonora) gustó a Alfredson. Y a partir de ahí, el compositor español compuso la banda sonora, de principio a fin siguiendo el mismo orden de las imágenes, lo cual le ayudó de paso a entender la trama.

En este trabajo, Iglesias ha aportado como él mismo ha explicado "el lado cálido" a la frialdad de los espías nacidos de la imaginación de John Le Carré en 1974.

Utiliza una orquesta completa nunca al unísono, pero a diferencia por ejemplo de las bandas sonoras de Williams, se aleja de sonoridades épicas o grandes despliegues sinfónicos en este trabajo que Iglesias ha definido como “de antihéroes”. Tampoco le exigieron –como en sus dos películas anteriormente candidatas a los Oscar- que la música tuviera sabor local, británico.

No utiliza los instrumentos al mismo tiempo porque busca una sutileza que respire con el mismo tempo que la trama y sus diálogos. Una música que esté a la altura del misterio creciente de la trama. Quizás por ello no utiliza leitmotiv asociado a personajes ni melodías recurrentes sino como apunta el blog Tono Menor “un fluir musical constante" (...) en el que "el clarinete y la flauta crean atmósferas evocadoras, sensibles y agradables que se mueven a baja velocidad, casi a cámara lenta, pero sin renunciar a la tensión del momento.”

Música discreta que transmite verdades

Una composición,  que como Iglesias contó a BBC-Mundo “tiende a la discreción pero también intenta transmitir verdades, como las que transmite la película”

En las misma entrevista concedida a la corporación británica contaba: “El silencio es un elemento de continuidad en El Topo. Y hay varios tipos de silencio, siempre pensé: hay un silencio que significa tristeza, otro que significa lealtad, otro que significa miedo. Y hay que traducir esos silencios de distintas maneras (...),Yo he tratado de no ser nada explicativo, de no narrar ni explicar nada con la música, sino de mirar y acompañar la mirada del espectador.”

Por cierto, que la canción La mer (interpretada por Julio Iglesias en directo en París en 1974) que suena al final de la cinta responde a una decisión de Alfredson, no de Iglesias. Fue en cualquier caso, una elección tan arriesgada como acertada, al contrastar la violencia de la imagen con lo bucólico-sentimental de la letra de Charles Trenet (el mar acunó de por vida mi corazón”)

Músico de cabecera de Almodóvar

Los solos instrumentales, las guitarra, las arpas, los pianos y, la batería que aportan el color intimista-jazzistico del score de El topo podría sorprender a quienes relacionan a Iglesias únicamente con el cine de Almodóvar.

Desde la La flor de mi secreto (1995),la música de Iglesias -en películas como Volver, Los abrazos rotos o La piel que habito - ha marcado indeleblemente la última etapa más sofisticada e internacional del cine de Almodóvar, hasta el punto de que sus últimas ocho películas no serían lo que son sin el trabajo del compositor vasco.

En muchas de ellas encontramos esquemas minimalistas de repetitivos que recuerdan en algunos casos (por ejemplo La piel que habito) a la música de Philip Glass. Aquí podemos escuchar cómo en este film,Iglesias puso música a la trepidante y emotiva esceba  en que  Elena Anaya rompe los vestidos femeninos. Que es por cierto la secuencia favorita de Pedro Almodóvar

Pero en realidad, la composición para Alfredson no ha sido tan distitnta a los trabajos para  Almodóvar –quien ha influido en la “educación sentimental y moral” del compositor- al menos en cuanto a resultados, aunque sí en el modo de trabajar. "Es como si Almodóvar fuera un físico y Tomas Alfredson fuera un químico: me echó algunas gotas de algo, simplemente. El otro me remueve y me empuja contra la pared ", explicó al servicio internacional de la BBC.

Como en muchas otras bandas sonoras de Iglesias, tanto en una como en otra, el protagonismo musical de la banda se cede a grupos instrumentales. La cuerda en La piel que habito (y otros films anteriores de Almodóvar) y los instrumentos de viento-madera en El topo.

Una elección, ésta segunda que contrasta con el papel hegemónico que los metales han ocupado en los últimos años en el cine norteamericano, como remarca en su interesantísimo análisis de la banda sonora de El topo, el blog Tono Menor.

Historia del cine español

En la extensa carrera de Alberto Iglesias, no podemos olvidar trabajos para título significativo del cine español de los últimos treinta años. Desde La muerte de Mikel, su primer largometraje en 1984, hasta la inquietante Te doy mis ojos (Iciar Bollaín, 2003), pasando por todas las composiciones realizadas al servicio de Julio Medem: Vacas –donde magistralmente recrea las voces del bosque-, La ardilla roja, Tierra, Los amantes del círculo polar –una de sus trabajos más elaborados- y Lucía y el sexo con sus hermosas invenciones melódicas.

Son reflejo ya –y desde el principio- de su sólida formación académica clásica, contemporánea y electroacústica, así como de sus orígenes (utiliza la txalaparta, en toda la banda sonora de La ardilla roja –su primer Goya en 1993- hasta en la canción de Nancho Novo), así como de la capacidad de Medem de adaptar la música a tan diversos argumentos y circunstancias aparentes o secretas.

Una capacidad de metamorfosis que no deja de asombrarnos película a película. Algo que puede ser tan fácil o tan difícil –explicó en El País- como “cambiar de casa”

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