Berlusconi, al final de 17 años de escapada

ALBERTO FERNÁNDEZ 

Un airado líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, amenaza con dejar el Gobierno italiano tras conocerse el último caso de corrupción de Silvio Berlusconi, abierto por la Fiscalía de Milán. Pocas semanas después, hace caer al ejecutivo y Berlusconi termina dejando el Gobierno en manos de un hombre de confianza, Lamberto Dini, para dar paso a un año de ejecutivo tecnócrata.

Esto ocurrió en 1994, pero puede ser el futuro que se dibuje en 2011: Berlusconi está acosado por los escándalos judiciales, Bossi amenaza con hacer caer al ejecutivo y otro hombre próximo a Il Cavaliere podría colocarse al frente del 'gobierno técnico' (Gianni Letta), aunque Bossi se resiste y quiere que el liderazgo lo ostente un hombre político, el joven -para la clase política italiana- Angelino Alfano.

Sin embargo, el propio líder de la Liga marcaba el pasado 25 de octubre el principal cambio producido en estos 17 años: "Europa quiere que Berlusconi dé un paso atrás. Lo que hace Europa es un golpe contra Berlusconi".

Si la avalancha de escándalos judiciales del primer ministro italiano sigue siendo una constante, lo que le ha colocado al pie de los caballos no han sido ni la oposición ni los magistrados de "extrema izquierda" sino la presión de los mercados y la supervisión impuesta por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional en la cumbre del G-20.

Estancamiento económico

Berlusconi ha sufrido en las últimas dos semanas un continuo desplante internacional, desde el Consejo Europeo de Bruselas, donde la canciller alemana, Ángela Merkel, y el presidente Sarkozy, expresaron con una sonrisa cómplice su escepticismo acerca de Berlusconi, hasta la cumbre del G-20 de Cannes, donde Italia se convirtió en el epicentro de las críticas de las potencias mundiales.

Tras estos desplantes y la famosa carta del Banco Central Europeo pidiendo el pasado verano a Il Cavaliere más ajustes a cambio de comprar bonos italianos, está la progresiva falta de competitividad de la economía italiana, estancada y con una deuda monumental que no hace más que crecer.

Entre 1995 y 2011, el crecimiento del PIB italiano ha estado siempre por debajo de la media de la Unión Europea primero y la zona euro después y solo ha superado la barrera del 2% en dos ejercicios.

Además, Italia ha sido uno de los primeros países en entrar en recesión y uno de los últimos en salir, a lo que se añade ahora el temor a que la monumental deuda del país no pueda pagarse tras mantenerse en todo este periodo en cifras por encima del 100% del PIB y estar ahora en el 120%, una de las mayores del mundo.

Comienzo con polémica

La incapacidad de cambiar esos problemas estructurales durante sus 17 años de vida política han terminado por acorralar a Berlusconi, que se las prometía muy felices tras dar el salto a la política a principios de 1994 ante el desplome de los partidos tradicionales, incluyendo los que habían favorecido sus intereses durante su mandato.

El partido Forza Italia se convierte pronto en una fuerza de derecha que hace un singular equilibrismo: pacta con los federalistas o abiertamente secesionistas del norte y con los nacionalistas postfascistas del sur, liderados por Gianfranco Fini, que más de una década después giraría hacia posiciones de centro y dejaría a Berlusconi a punto de perder su mayoría parlamentaria.

Con la caída de su ejecutivo por ser procesado judicialmente precisamente por los mismos jueces de Manos Limpias que le aclararon el panorama político, Berlusconi entraría en un periodo de sombra política que, sin embargo, no haría que dejase su carrera por volver al poder, consciente también de la importancia de entrar en el ejecutivo para poder blindarse judicialmente.

Reinventar la derecha

En esos años, Il Cavaliere se convierte en un elemento aglutinante de la derecha italiana que no había tenido hasta ese momento el fragmentado sistema político italiano, lo que facilita su victoria en 2001 con mayoría absoluta.

Este Gobierno de centro derecha resistirá los cinco años de legislatura, hasta 2006, algo inédito en el cambiante panorama de alianzas italiano.

Durante ese periodo, Berlusconi seguirá inmerso en diferentes frentes judiciales, lo que abonará de nuevo su derrota en 2006, aunque por un estrecho margen por el que se dibuja como su némesis político: Il Professore Romano Prodi, que ya le ganó en 1996.

Prodi se encuentra pronto atado de pies y manos dentro de la complicada alianza de partidos de centro y de izquierda que lidera y su Gobierno aguanta solo dos años, lo que facilita la vuelta al poder por la puerta grande de Berlusconi, que ya pasa los 70 años.

Lo hace con un nuevo partido, Pueblo de la Libertad, en el que se han integrado su Forza Italia y la Alianza Nacional de Gianfranco Fini, convertido en su delfín moderado tras transitar por el posfascismo.

El crepúsculo de un líder

La última legislatura italiana se ha convertido en un resumen perfecto de todos los vicios que ha ido acumulando Berlusconi y su entorno político, ya en franco estado de descomposición.

Pese a la inédita unidad de la derecha que supone el PdL y el fuerte ascenso de la Liga Norte amparada por sus posiciones antiinmigración o abiertamente racistas, la agenda política de Berlusconi no se orienta por un calendario de reformas económicas ante la crisis financiera que se avecina, sino a un ambicioso programa legislativo para blindarse judicialmente.

En julio de 2008 Berlusconi aprueba una ley que da Berlusconi inmunidad para ser perseguido judicialmente, algo que sería un año después anulado por el Constitucional italiano.

Eso no desanima al primer ministro, que vuelve con una nueva versión de esa inmunidad, el llamado Legítimo Impedimento, que busca prolongar sus causas abiertas sine die hasta conseguir su prescripción.

El problema es que mientras tanto surgen más casos contra él, fundamentalmente de índole sexual. El llamado Rubygate, que le implica en un caso de abuso de poder y prostitución de menores, le deja en la cuerda floja y hace que los italianos se familiaricen con un nuevo término: el Bunga-Bunga.

En el camino, se van quedando alguno de sus aliados clave. El primero, el propio Fini, que se hace portavoz de una mayoría de italianos decepcionados y es expulsado del PdL por sus públicas discrepancias.

Sin embargo, el antiguo postfacista se resiste a marcharse y sigue como presidente de la Cámara de Diputados y forma grupo propio. En diciembre de 2010 Berlusconi plantea una cuestión de confianza que le mantiene en el poder por tan solo tres votos.

Mientras Fini trata de formar un 'Tercer Polo' de centro entre Berlusconi y la izquierda, el Gobierno italiano afronta un 2011 que será fatal para su vida política.

El Constitucional italiano vuelve a anular parcialmente su nueva ley de inmunidad, la oposición le gana en su feudo tradicional de Milán y pierde por goleada varias consultas populares, entre ellas las de la vuelta a la energía nuclear y su propia ley de inmunidad.

Esta última derrota dibuja ya el fin de su era y en los mentideros políticos ya no se especula con su salida sino cuándo se producirá. El propio Berlusconi confirma que no se presentará y designa sucesor a Angelino Alfano, un hombre muy próximo.

El 'vía crucis' europeo

El problema es que Berlusconi no cuenta con un último obstáculo que le puede dar el golpe de gracia: la crisis de deuda soberana, de la que hasta entonces se había librado en parte por la buena imagen de su ministro de Economía, Giulio Tremonti.

La tensión con Tremonti estalla y el titular de Economía amenaza con su dimisión. Los mercados ya tienen en su punto de mira a Italia, al igual que las agencias de calificación y la presencia de Berlusconi no es más que un factor más de inestabilidad.

"Italia se ha convertido en un símbolo del riesgo de la eurozona. En los últimos meses, una 'prima de Berlusconi' se ha construido en torno a los costes de la deuda italiana", aseguraba recientemente Nicholas Spiro, un consultor, a Reuters.

Empiezan a acumularse los planes de ajustes y sus diferentes versiones sufren podas en la tramitación parlamentaria por el complicado juego de equilibrios necesarios para lograr una mayoría.

El penúltimo tropiezo, la pérdida de una votación de trámite con la ausencia de Tremonti y Bossi, marca el final del final de la escapada de Berlusconi, que contempla sentado en su escaño con incredulidad lo ocurrido.

Supera la última moción de confianza, pero sabe que se encuentra ya contra el reloj. Merkel, Sarkozy y el G-20  le colocan bajo supervisión en el exterior mientras en casa sus diputados siguen a la fuga y Bossi, como al inicio de esta historia, le dice que se vaya.

"Está quemado, es historia, se ha ido. Puede aguantar seis meses pero está acabado. El país ya ha tenido suficiente", resume Franco Pavonello, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad John Cabot de Roma, que pinta el siguiente panorama judicial para Berlusconi el día después de su salida: "Se lo van a comer vivo".

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