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Lobos de Arga: Juan Martínez Moreno: ¡Se acabó el rodaje!

  • El director nos comenta el último, y complicado, día de rodaje
  • "Tenemos diez horas para filmar la escena final"

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Último día de rodaje de 'Lobos de Arga'
Último día de rodaje de 'Lobos de Arga'

Las últimas dos semanas de rodaje son una carrera contra el tiempo.  La expresión “cagando lorzas” se queda corta, tenemos que ir a toda hostia para poder cumplir el plan de rodaje. La climatología nos da una puñalada trapera. Hay que joderse, rodamos en Febrero en Galicia sin problemas, y es la primavera de Madrid la que nos da por el saco.

Tenemos que combinar rodajes de día en plató con rodajes de noche en un cementerio a una hora de Madrid. El cuerpo y la mente se rebelan contra estos horarios subnormales, no duermes ni de día ni de noche.

Y claro, llegas al rodaje medio zombi, y si a eso le sumas el cansancio acumulado que llevamos, saltan chispas. Me peleo con medio mundo, aunque en el fondo me estoy peleando conmigo mismo.

¡La gente va a flipar!

Estoy en un estado mental bipolar: por un lado no quiero acabar, está siendo la experiencia profesional más cojonuda que he vivido nunca. Por otro lado, no veo el momento de recuperar mi vida, tener un horario normal, despertarme sin la presión de tener que rodar 25 planos .  ¡¡Dios, que difícil es todo!!

Penúltimo día de rodaje: de noche, en Galapagar, el cementerio. Tenemos diez horas para rodar la escena final de la película, con peleas, amputaciones de miembros, muertes y morphings.

Todo el equipo sabe que no hay más, hay que acabar como sea. Y se ponen a ello y, ¡joder, pillamos un ritmo cojonudo, y me llevan en volandas toda la jornada!  ¡Que gusto da, que buenos son! Rodamos un material cojonudo, la gente va a flipar con esta escena. Y acabamos cinco minutos antes. ¡Chúpate esa, reloj de mierda!!

¡Último día de rodaje!

Ultimo día de rodaje, en plató. Mucho croma, y al final nos vamos a la calle a volar una maqueta de una iglesia de dos metros por uno y medio. Una de esas situaciones surrealistas que tienen los rodajes, en una acera de un polígono industrial de Colmenar Viejo plantamos la maqueta de una catedral, y alrededor de ella tres cámaras, otros tantos practicables, luces,…

Se para un coche de la Policía Municipal, seguido de otro de la Guardia Civil. Nos miramos de reojo, nos van a echar de allí, la vamos a joder en el último plano… No, que va, vienen a ver la explosión, están encantados.   Tres, dos, uno… ¡boom!  Hecho. Ya está.

Hemos acabado el rodaje. Le explosión de la iglesia se transforma en una implosión psicológica. Sensación de vacío total. Alivio, cansancio, desconcierto, pena,…

Muchos abrazos, gracias de corazón a todos. A algunos les veré pronto, a otros quizás no les vea hasta la próxima película, si es que la hay. Uno o dos años… ¡Que rara es esta profesión!

Eso sí, lo hemos conseguido. Hemos hecho esta película sin pasarnos un solo día del plan de trabajo.

Gracias, equipo. Sois los mejores.

Y ahora a montaje. Otra movida gorda. Distinta, pero gorda.