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La aviación republicana rompe su silencio

  • Madrid acoge una exposición monográfica sobre los pilotos republicanos
  • Cataluña tendrá el primer museo de la aviación republicana española

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Recordando a la aviación republicana

Ochenta años después de la proclamación de la II República, su aviación militar está recibiendo un doble homenaje. Acaban así años de silencio y olvido.

La exposición Aviadores de la República, abierta hasta el día 17 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, recoge la historia de la Aviación republicana, que sus integrantes llamaban La Gloriosa o La Sufrida y Heroica para diferenciarse de la Aviación nacional, La Numerosa, por el apoyo incondicional de Hitler y Mussolini.

La exposición recoge una pequeña muestra de los fondos que ha reunido la Asociación de Aviadores Republicanos (ADAR), que solo ha contado con el apoyo de AENA, que se ocupa de la aviación civil, y no de la militar.

Además, el día 16 de abril se abrirá en un antiguo campo de aviación catalán, en Santa Margaridad i els Monjos, un Museo permanente de la Aviación Republicana.

El primo 'rojo' de Franco

Al comienzo de la guerra civil había en España unos doscientos pilotos militares. La mitad no quiso pasarse al bando sublevado. Su lealtad les costó la vida. Entre estos primeros muertos por la República estaba el jefe de las Fuerza Aéreas en África, el comandante Ricardo de la Puente Bahamonde, primo carnal de Franco.

¡Tendrán que pasar por encima de los que defendemos al gobierno legal en este momento!

El comandante no entregó el aeródromo de Sania Ramel, cerca de Tetuán, a los rebeldes, iniciando su defensa con apenas 25 hombres. “¡Tendrán que pasar por encima de los que defendemos al gobierno legal en este momento!”, respondió a los sublevados, esperando los aviones que desde Madrid se le habían prometido y que nunca llegaron.

Al final tuvo que rendirse en la madrugada del día 18 de julio. Un día más tarde aterrizaba en Sania Ramel el Dragon Rapide con Francisco Franco. Puente Bahamonde fue fusilado unos días más tarde.

Franco omitió la “h” intercalada de su segundo apellido en el bando en el que declaraba el estado de guerra en Marruecos. Era una forma de distinguirse de su primo, al que ya amenazó, en la Revolución de Asturias, con fusilarle por sus ideas políticas. Cumplió al final la amenaza.

El inventor del reactor

Otro de los muertos en la defensa de la República fue el capitán Virgilio Leret Ruiz, militar condecorado hasta seis veces en la Guerra de África, ingeniero e inventor del primer motor a reacción, que llamó Mototurbocompresor de reacción continua. Lo patentó en 1935.

El estallido de la guerra impidió la construcción de un modelo experimental. Era un proyecto secreto apoyado por el presidente de la República, Manuel Azaña, que nombró a Leret Ruiz (abril de 1936) profesor de la Escuela de Mecánicos del Aeródromo de Cuatro Vientos.

En el verano del 36 el capitán Leret Ruiz era jefe de la Base de Hidroaviones de El Atalayón, en Melilla, donde hizo frente a un escuadrón de Regulares. Agotada la munición se rindió después de tres horas de intenso combate. Fue fusilado sin juicio previo y enterrado en una fosa común. La República le premió con el ascenso a comandante.

El as de la aviación republicana

José María Bravo Fernández fue de los uno de los ases de la Aviación Republicana. Realizó 1.700 horas de vuelo en los frentes del Levante y del Ebro y en la retirada de Cataluña. Se le conocen 23 victorias individuales.

Voló 1.700 horas y derribó 23 aviones enemigos

Bravo recibió formación como piloto en la URSS, y a su regreso a España pilotó el mítico caza Polikarpov I-16, conocido como Mosca por las iniciales que venían grabadas en las cajas que contenían las piezas desmontadas: Movska, aludiendo a Moscú, donde eran fabricados. En el bando nacional era llamado rata

José María Bravo rindió un último servicio a la aviación republicana, impulsando el rescate de un Mosca (así se españolizó el nombre del avión soviético) localizado en Nueva Zelanda, que fue adquirido y reconstruido en España bajo su supervisión por la Fundación Infante de Orleáns. En marzo de 2005, con 88 años, volvió a pilotar este legendario caza, uno de los más modernos de su época, sólo superado por el Messerschmitt alemán

Sandoval, el piloto de los Chatos

Antonio Nieto-Sandoval Díaz fue otro as republicano. Se distinguió con una caza comprado a la Unión Soviética con el oro del Banco de España. Era un biplano (doble ala), muy rápido y temido por sus cuatro ametralladores que podían disparar de forma simultánea.

El avión recibió el castizo nombre de Chato por la forma de su morro. Los nacionales le llamaron despectivamente con el nombre de Curtiss.

“Empezamos como protección de costas, de Barcelona a Roses. Protegíamos a los barcos de suministros del Pato, un hidro con base en Mallorca que venía a darnos la lata. No teníamos entonces ni radio ni nada, así que volábamos a vista, íbamos al tuntún. En el suelo nos decían: 'Por tal sitio se ha visto un avión', y hacia allí despegábamos. Luego combatimos en el frente de Teruel”.

Antonio Nieto-Sandoval: “No había héroes. Cumplíamos nuestro deber”

Con su Chato combatió con toda clase de aviones enemigos, Los Fiat, los Messerschmitt, Heinkels, el Stuka, que luego se harían tristemente famosos en la II Guerra Mundial. “No había héroes. Cumplíamos nuestro deber”, llegó a asegurar Sandoval en una de las últimas entrevistas que concedió en el año 2002.

“Ves unos aviones enemigos, y si tienes facilidad entras en combate. Y si te atacan, te defiendes. Disparas. Si tienes suerte es el otro al que ves caer en llamas. En gran parte es tratar de que no te sacudan a ti. Volar en combate era menearse todo el rato con los ojos bien abiertos, mirar mucho, tratar de verlo todo. Los amigos, los enemigos...”

Sandoval sobrevivió a la guerra y al exilio. Nunca volvió a volar. “La guerra es idiota. No debería existir”, llegó a decir.

Las academias de pilotos en la URSS

Las bajas continúas y la perspectiva de una guerra larga obligaron a la República a diseñar un plan de formación acelerada de pilotos en academias situadas lejos del frente, en el Levante e incluso en Francia.

En la Unión Soviética se abrieron dos academias en Járkov (actual Ucrania) y Krovabad (actual Azerbaiyán). En siete meses recibían una instrucción que a un piloto soviético le costaba tres años.

Hasta 800 pilotos se adiestraron en estas escuelas improvisadas en cuatro expediciones, que se hacían con el mayor secreto. Se llegaron a rusificar los nombres de los españoles, que viajaron hasta la Unión Soviética como “estudiantes” en un viaje de placer. Entre esos pilotos estaba Rómulo Negrín, hijo del presidente del Gobierno.

El ataque al 'Deutschland'

En 1937 Hitler estuvo a punto de declarar la guerra a la República española, pretextando el ataque de una formación de Katiuskas (bombardero bimotor republicano) contra el acorazado Deutschland que patrullaba por aguas de Ibiza. El ataque dañó seriamente el barco alemán, causando numerosas bajas.

Italia y Alemania abandonaron el comité de no intervención. Al final Hitler se contentó con una acción de represalia contra Almería, una población sin defensas, causando 19 muertos y 55 heridos. Medio centenar de edificios fueron destruidos. Neruda plasmó su horror ante este segundo Guernica.

"Un plato para el obispo / un plato triturado y amargo / un plato con restos de hierro, con cenizas, con lágrimas / un plato sumergido, con sollozos y paredes caídas / un plato para el obispo, un plato de sangre de Almería".

La última batalla

Stalingrado fue la última batalla de los pilotos republicanos

En 1939, con la guerra prácticamente perdida, se ordenó el desmantelamiento de las escuelas de formación en la Unión Soviética. Un centenar de pilotos republicanos quedaron atrapados sin posibilidad de volver. Muchos se alistaron como pilotos en el Ejército Rojo, otros acabaron en el Gulag, donde llegaron a coincidir con los voluntarios de la División Azul.

No existió en el Ejército rojo una escuadrilla española y los pilotos fueron destinados a diversas unidades, combatiendo en todos los frentes, distinguiéndose en las más importantes batallas, como Stalingrado o Kursk.

Un piloto español, José María Pascual Santamaría, se ganó a título póstumo la orden de Lenin por su participación en Stalingrado, impidiendo el puente aéreo que la Luftwaffe (aviación militar alemana) organizó a gran escala para aprovisionar el ejército sitiado de Von Paulus. Pascual Santamaría fue considerado con esta distinción como un héroe.