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El salvaje mundo de los niños

  • El niño y los sortilegios de Maurice Ravel, en los Teatros del Canal
  • El libreto de Colette se adentra en el mundo interior de los niños
  • Un cuento distinto en formato de ópera de cámara para niños y adultos

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 El niño frente a algunos de los personajes a los que se enfrenta en la obra
El niño frente a algunos de los personajes a los que se enfrenta en la obra. Javier del Real

Estamos delante de una curiosa habitación. Pertenece a un hogar burgués, de principios del siglo pasado. Tiene tres puertas, una chimenea y una jaula en la pared. El suelo está en pendiente y, sobre él, yace un viejo reloj de pared. Junto a él una mancha de tinta. Un niño, el niño, sentado ahora en el suelo, lo ha puesto todo patas arriba… Ha tirado por los aires al gato y también a una ardilla, la propietaria de la jaula ahora vacía.

Tintín, director de escena

Pero lo más curioso es que un hombre menudo con gorra que parece Tintín se empeña en que el niño entable una lucha con el gato, como si este no fuera de trapo; que haga muecas desvergonzadas cuando la madre abra la puerta y pregunte al niño si ha hecho sus deberes. Incluso se interna en el escenario para hacer él mismo una pedorreta que el niño deberá repetir. Estudia y reinventa cada gesto del niño, le hace volver a repetirlos. Todas las indicaciones las da en francés y una intérprete se las transmite al niño en español

Es Jean Lirmier, director de escena de El niño y los sortilegios de Maurice Ravel, que el Teatro Real, dentro de su proyecto pedagógico, pone en escena en la Sala Verde de los Teatros del Canal, a partir del 7 de abril y hasta el domingo 10 de abril, con funciones pedagógicas y familiares por las mañanas y las tardes. Y el niño a quien va enseñando a serlo, la mezzosoprano Anna Moroz, nacida en Ucrania en 1981, a quien no le faltan facultades vocales ni escénicas para parecer, incluso con coleta y mallas, el pequeño protagonista.

La infancia no es un paraíso

Con la misma pasión con la que ensaya con Anna y los otros actores, Jean Lirmier -que en su día encarnó al Tintin de Hergé por primera vez en el teatro, en Ginebra- explica a RTVE.es que, aunque a veces se piense que esta fantasía lírica de Ravel es para niños, en realidad es una obra en torno al universo de la infancia. Y sobre lo que el niño esconde en su interior. Aunque la verdad es que la obra tiene tantos elementos atrayentes (como los animales y objetos que cobran vida) y es tan breve, que los niños, no tan pequeños, seguro que no se aburrirán.

El niño y los sortilegios habla del inconsciente, de pulsiones, de líbido, de erotismo e incluso de violencia”, afirma Lirmier. Y nos cuenta que para documentarse sobre la infancia visionó dos películas. La primera es La récreation (el recreo), un documental de 1993, firmado por Claire Simon, que muestra la crudeza con que se relacionan los niños en un patio de colegio. El segundo, es otro documental, La moindre des choses (La menor de las cosas), rodado por Nicolas Philibert en en un hospital psiquiátrico cercano a París, donde los internos representan una función teatral.

Música caledoscópica

Mientras, Lirmier ha estado repasando, controlando los más mínimos gestos y actitudes no solo del niño sino de otros personajes (la madre, la tetera, la taza china) desde una mesa, frente a los actores, a la derecha de la pequeña habitación, desde el piano, otro hombre, algo mayor que Lirmier, con gafas acompaña a los cantantes desde un piano que comparte con su acompañante. Es Didier Puntos, el director musical. Sus indicaciones musicales son menos frecuentes que las de Lirmier, y tienen que ver con la técnica con el sentimiento o temperamento que los cantantes deben dar en las distintas escenas.

Aunque ahora solo utilizan un piano a cuatro manos, la obra podrá verse en la adaptación para piano, flauta y violonchelo que realizó el propio Puntos de la música que Ravel compuso por encargo para esta pieza que Collete había escrito en principio pensando en un ballet en el que los objetos y animales de una casa cobran vida y se vengan de las perversas acciones de un niño. La música que escribió Ravel es, asegura Puntos "caleidoscópica". No siempre es fácil, pero por eso mismo "los grandes momentos líricos cobran gran dimensión".

Jóvenes cantantes españoles

Jean Limier y Didier Puntos provienen del Atelier Lyrique de la Opera Nacional de París, responsable de esta producción. Allí han puesto en muchas ocasiones esta obra de Ravel en escena. Ahora lo hacen por primera vez en España y confiesan sentirse muy cómodos porque están teniendo mucho tiempo para los ensayos.

También pudieron Didier y Puntos -y es uno de las claves de este montaje español- realizar las audiciones para elegir a los jóvenes cantantes, todos españoles e hispanoamericanos, salvo Anna Moroz (el niño). Toda una oportunidad para cantantes como Anaïs Masllorens, Gerardo López o Virginia Bravo, la de esta fantasía lírica en dos partes, que en tan solo hora y diez minutos, les permite interpretar varios papeles. Así, Annaïs hace de madre, de taza china y de libélula; Gerardo es una arrogante tetera (en un divertido número de comedia musical con la taza china), la aritmética, una rana y un pastorcillo y Virginia puede ser Princesa, murciélago y pastorcilla.

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