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Haití, días de cólera

  • Informe Semanal se suma a la iniciativa 'Juntos por Haití'
  • Un equipo de TVE ha vuelto al país once meses después del terremoto
  • En menos de un año, ha sufrido los efectos del seísmo, un huracán y el cólera

Ver también: "Haití , días de cólera", en imágenes

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Haití sigue temblando. De hartazgo, de furia, de una epidemia de cólera que no ha tocado techo y de unas elecciones donde sobrevuelan demasiadas sospechas de fraude para favorecer al candidato oficialista, Jude Celestin.

Once meses después del terremoto he vuelto a pisar las calles de Puerto Príncipe. Conmigo vuelve también el reportero Miguel de la Fuente. Y los dos coincidimos en que la primera sensación nos traslada rápidamente a esos días posteriores al temblor. Parece que no pasado el tiempo. Toldos, plásticos, tiendas de campaña que siguen montando un enjambre de campamentos. Más de un millón de refugiados que sobreviven en pequeñas ciudades insalubres dentro de una capital con un tráfico caótico, desesperante. Siguen los huecos y las casas desplomadas, y quienes a golpe de mazos y palas aún siguen rescatando hierros para vender. Los escombros se han retirado, sí, pero se amontonan en las aceras. Son muchas ciudades que nadan en suciedad y olores insoportables.

Puede que once meses no sea suficiente para levantar un país, como los haitíanos esperaban y muchos se preguntan dónde está la ayuda internacional prometida. Aún sin recuperarse de aquella tragedia les ha sorprendido otra emergencia: una contagiosa enfermedad que desconocen y que avanza imparable: el cólera.

Ya han muerto más de dos mil personas por la epidemia y los afectados se acercan peligrosamente a los cien mil. Pero lo peor está por llegar. Los expertos dicen que podría afectar a más de cuatro cientos mil haitíanos en los próximos meses. Y provoca rabia que una de las enfermedades más fáciles de prevenir y tratar, aquí se convierta en extremadamente mortal. Recorrer algunos de los centros de tratamiento para los enfermos más graves es ver caras desencajadas, vómitos permanentes, cuerpos sin control, muchos niños y una labor admirable de médicos y enfermeras a quienes les faltan manos y ojos las 24 horas del día. Espacios aislados donde el olor a cloro lo inunda todo. Hay que desinfectarse manos y pies al entrar y al abandonar las carpas, mientras equipos de saneamiento cargados con bombas de agua clorada no dejan de limpiar las camas de los enfermos. .

Y en medio de este panorama unas elecciones presidenciales y legislativas. ¿Si no es ahora cuándo? Me decía el jefe de la misión de la ONU en Haití. Pero acaban de dar los resultados provisionales, y Puerto Príncipe y otras ciudades han estallado. La tensión es muy alta y el país está paralizado. Disturbios, enfrentamientos, calles bloqueadas, saqueos, y según una radio local cuatro muertos. Después de más de una semana de rumores e intensas negociaciones, el preferido del presidente Preval ha logrado pasar a una segunda vuelta de las elecciones. Jude Celestin se volverá a medir con la opositora moderada, Mirlande Manigat. Fuera ha quedado el famoso cantante, Michel Martelly. Pero en la calle y en círculos diplomáticos se ven maniobras políticas de Preval para colocar a su delfín político. Los haitíanos ansían un cambio que no pasa por la continuidad del actual gobierno y nadie se atreve a aventurar qué pasará mañana.

Recordaré siempre algo que me han afirmado rotundamente estos días: Haití es lo más cerca del infierno que un hombre puede estar.

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