Cada uno según su capacidad y a su ritmo. Con cierto marco común, de objetivos a largo plazo pero sin acuerdos concretos. Ese es más o menos el espíritu con que ha empezado la cumbre del G-20 en Toronto. Ese es el ánimo con que los líderes van a la cena oficial. Y ese es el tono que anticipa el resultado de mañana domingo.
Previamente, la reunión de los "hermanos mayores" pero venidos a menos, el G-8, no ha hecho sino bendecir la política de hechos consumados. Europa, Japón y el anfitrión, Canadá, han apostado ya por sanear las finanzas públicas. Y de poco ha servido que EE.UU. clame en el desierto pidiendo mantener los planes de estímulo económico.
La canciller alemana, Angela Merkel, ha dejado claro cuál será la posición común que saldrá de la cumbre: "Se ha acabado el tiempo de los enormes programas de gasto y debemos introducir estrategias de salida. Puede que haya diferencias en la velocidad".
El secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, ha utilizado tres veces más tiempo para decir lo mismo: "Lo primero es asegurarnos que sacaremos al mundo de la crisis, pero también que tomaremos las medidas necesarias para recortar los déficits a su debido tiempo. Tenemos que encontrar el equilibrio correcto, y ese equilibrio varía según el país". En el caso de España y Grecia, Geithner ha reconocido que se han visto obligadas a actuar rápidamente para recuperar la confianza de los mercados.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, niega la confrontación entre uno y otro enfoque. Unas diferencias sin embargo bien reales, tanto como los hechos con los que se ha llegado a esta cumbre. Pero todos están de acuerdo, dice Sarkozy, en que los países más endeudados o con mayor déficit en sus presupuestos deben meter la tijera.
Algo que no parece aplicarse a EE.UU., que con una deuda del 90% del PIB y un déficit del 10% defiende el estímulo económico. Quizás haya que esperar al marco común que propone Canadá: reducir a la mitad el agujero en 2013 y sanear la deuda en 2015.
Tres cuartas partes de lo mismo pasa en los dos impuestos que propuso el FMI. Uno sobre la banca, para evitar que los contribuyentes vuelvan a pagar los platos rotos, y otro sobre las transacciones financieras, para amortiguar el apetito por el riesgo que condujo a la crisis o que ha atacado a los países de la eurozona.
Angela Merkel ha vuelto a ser la más sincera y concisa: "Desafortunadamente no tenemos una posición común en el G-20" sobre ninguno de los dos gravámenes. Y Sarkozy, apasionado como siempre, ha dicho que "debemos tener un marco para imponer el impuesto a los bancos y lo conseguiremos; no podemos imponer esa tasa a otros, pero lucharemos para conseguir el marco". Obligatorio si ha de ser eficaz.
Y si no hay acuerdo ni en la receta para asegurar la recuperación ni en los impuestos a la banca, menos aún en la reforma financiera para impedir que se repita el desaguisado. Merkel ha tenido uno de sus días más claros: "no estamos al final del camino para las reformas de la regulación de los mercados sino en el medio". O como ha apostillado la delegación australiana: "no hay una talla para todos". Obama ha presentado la suya. La firmará en siete días.
La última expulsada de MasterChef ha respondido a los fans del programa.


Se representa este jueves a las 22.00 horas en La Casa Encendida de Madrid.

El presidente de EE.UU. ha emulado a JFK con un discurso pacificista y antinuclear en la puerta de Brandemburgo.
Así se ha pronunciado el ministro de Educación tras la Conferencia Sectorial con las comunidades autónomas.


El expresidente de Caja Madrid concedió un crédito de 26,6 millones a Marsans, presidida entonces por Díaz Ferrán.


LAURA G. TORRES.- Alfaguara publica una edición conmemorativa limitada del 50 aniversario.

VICKY BOLAÑOS.- Los más demandados: director de tecnología y de márketing digital. Las empresas requieren trabajadores con muchos conocimientos diferentes

Á. IBÁÑEZ, 'ALVY'.- Los globos vuelan a unos 20 kilómetros de altura, se conectan entre sí y con los usuarios gracias a antenas especiales