RTVE.ES Millvina Dean tenía apenas nueve semanas cuando el transatlántico más famoso de la historia naufragó tras chocar contra un iceberg en las primeras horas del 15 de abril de 1912, una tragedia en la que
murieron 1.517 personas en el Atlántico norte por la falta de los suficientes botes salvavaidas.
Sin embargo, Dean nunca recordó nada de este trágico viaje pese a que se convirtió en la superviviente más joven del accidente y, más tarde, en la última de ellos en quedar viva. Según han informado
dos de sus amigos a la BBC, ha muerto este domingo a los 97 años de edad.
La familia de Dean viajaba rumbo a América, donde
quería empezar una nueva vida y abrir una tienda de tabaco en Kansas. Junto al bebé que por aquel entonces era Milvina estaban sus padres y su hermano de dos años. Su madre y su hermano sobrevivieron; su padre fue uno de los que murió al quedarse sin bote.
De vuelta a Inglaterra Tras la tragedia, volvieron a Southampton, en Inglaterra, donde Dean ha pasado la mayor parte de su vida.
Pese a que no tiene imagen alguna del viaje, Millvina siempre tuvo muy presente hasta qué punto condicionó su vida. "Si no hubiese sido por que el barco naufragó,
ahora sería americana", decía con orgullo.
Cuando en 1985 se descubrió el lugar exacto donde se encontraba el barco, Dean se encontró a sus 70 años demandada para dar charlas a los dos lados del Atlántico como
una de los pocos supervivientes que quedaban. "Creo que algunas veces me miraban como si yo fuera el Titanic", aseguró tras visitar una convención sobre el naufragio en Estados Unidos.
Con todo, nunca se cansó de contar su historia. "Me gusta porque todo el mundo monta un alboroto conmigo y he viajado a muchos lugares debido a ello, conociendo a mucha gente. Nunca podría cansarme de eso, no va conmigo", comentaba.
No vió la película Eso sí, de lo que nunca pudieron convencerle es de ir a ver al cine
la famosa película de James Cameron protagonizada por Leonardo di Caprio y Kate Winslet
temiendo que podía ser demasiado triste. De hecho, no le impresionaron en absoluto las imágenes tomadas por submarinistas que se acercaron al barco naufragado a 3.000 metros de profundidad en el Atlántico.
"No creo que la gente vaya a verlo,
creo que es mórbido y horrible", señalaba.