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En este estado se encuentran ahora las celdas que alojaban a los presos. noticias

Razones para salvar Carabanchel

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La visita de hora y media por algunos de los espacios de esta cárcel, que llegó a albergar hasta 2.600 presos, es más que instructiva. Se accede desde la Avenida de los Poblados, a través de una puerta con una fachada inspirada en el estilo herreriano, que recuerda a la fachada de El Escorial. Desde aquí todo es destrucción y suciedad. Todas las instalaciones han sido completamente desmanteladas, pero como manifiesta el guía, el investigador Antonio Castillo, existen muchas razones para conservar la prisión.

Símbolo arquitectónico

Para Castillo, Carabanchel es como una "bestia humana" a la que se le ven los huesos. Es decir, que el edificio no presenta daños estructurales, sino sólo materiales y es una representación del constructivismo que se empezó a poner de moda en España en los años 30 del siglo pasado, construcciones con el hormigón a la vista. El penal nunca dejó de construirse. Empezaron mil presos republicanos en 1940, procedentes del penal de Santa Rita, quienes levantaron un edificio en forma de cruz, con una cúpula en el centro que luego pasaría a tener forma de estrella, por las galerías que se añadieron posteriormente. Dos de ellas nunca fueron finalizadas.

Vida de los presos

A las visitas guiadas suelen acudir ex presos que enriquecen la explicación con sus aportaciones, que ilustran la dura vida que llevaron hasta los años 80. En sus inicios los reos iban a ducharse sólo una vez por semana y nunca en su celda, ya que eranmuy pequeñas y contaban con lo mínimo, servicio, lavabo y un armario. Tampoco había calefacción y si se rompían los cristales de las ventanas no se reparaban inmediatamente y se pasaba mucho frío. La limpieza corría a cargo de los encarcelados. Castillo recuerda una vivencia contada por el escritor Fernando Sánchez Dragó, que también estuvo en Carabanchel. Los presos limpiaban con bayetas, pero montaron una huelga para reivindicar la introducción de las fregonas, cosa que finalmente consiguieron.

No fue hasta 1983 que empezaron a mejorar las condiciones de vida, como por ejemplo, se empezó a comer caliente y se instaló una televisión en cada celda. También mejoró la atención médica del penal, donde se pasó de tener de dos a 20 médicos, además del hospital y del hospital psiquiátrico penitenciario que ya existían.

La parte oscura de Carabanchel

El penal de Madrid tiene una página negra en su historia. En sus comienzos había más presos políticos que comunes y estaban en galerías separadas. Según Antonio Castillo y biografías como la del humorista Miguel Gila, que estuvo encarcelado por luchar con el bando republicano, el ensañamiento con los "vencidos" fue brutal e "inhumano". Hasta 1952 hubo ejecuciones con la técnica del garrote vil, que consistía en colocarle un collar de hierro al reo y mediante un tornillo, se retrocedía, rompiéndole el cuello a la víctima.

El detonante para conocer lo que ocurría fue la muerte de un preso, José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, "Jarabo",  que fue condenado y muerto a garrote vil por el asesinato de cuatro personas del que la policía no encontró ninguna pista. A raíz de esta ejecución se conocieron otros casos como el de Julián Grimau, que fue torturado y arrojado por una ventana durante un interrogatorio en la Dirección General de Seguridad, y posteriormente fusilado.

Otros bienes


La Plataforma también reivindica que se localicen las fosas en las que supuestamente fueron depositados los fallecidos en la cárcel a causa de las insalubres condiciones de vida y del hambre, como relata el humorista Miguel Gila en sus memorias. Según un testigo que vivía junto a la cárcel, las fosas se encuentran en el cementerio parroquial de Carabanchel, dependiente del Arzobispado de Madrid.

También solicitan la protección de un yacimiento hispanorromano enterrado en los terrenos de la antigua prisión. Al parecer, ya en el primer estrato de los terrenos se han encontrado restos de cerámica. Asimismo, junto al cementerio se erige una ermita mudéjar, única en Madrid, que fue restaurada hace diez años y que podría verse amenazada por las construcciones proyectadas.

Carabanchel ahora

En la actualidad la prisión está completamente desvalijada. Los chatarreros se han llevado todo el metal: jambas de las puertas, barrotes, verjas, puertas, las conducciones eléctricas, en suma, todo lo que es vendible. También residen, desde hace unos dos años, un grupo de 150 gitanos rumanos que viven sin luz ni agua y en condiciones insalubres.

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