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'La cocina', de Arnold Wesker

Carta de Gastón, cocinero de Marango's

  • Como parte del proceso de construcción de sus personajes, los miembros del reparto de La cocina, en versión de Sergio Peris Mencheta, imaginaron una carta de su personaje. Esta es la de Nacho Rubio.

Por

Querida madre:

Los días pasan despacio en este verano horroroso y echo de menos la brisa que sube del mar por la noche y el fresco mañanero que baja del monte. Nuestra tierra es muy calurosa, pero con un calor que no tiene nada que ver con el de una gran ciudad. Aquí el calor sale de los motores, de las máquinas de vapor, de las prensas, de las fábricas y sobre todo de las cabezas de las gentes que nos movemos como hormigas enloquecidas por un incendio.

Te pienso todos los días. Pienso también en padre y en los consejos que me daba, él era duro, exigente, curtido por la tierra, pero tenía un corazón tierno, lleno. Aquí a los hombres y las mujeres duras se les seca el corazón. Pensaros y pensar en la tierra es mi resistencia para que mi corazón no se quede seco también. Y pensar en volver. También compartir recuerdos con los compatriotas, recitar en nuestra lengua, escuchar nuestra música…

Hay gente buena también, vengan de donde vengan, pero acaban endurecidos, secos, tristes y desconfiados por el paso del tiempo y el desgaste al que te somete la Gran Ciudad, su ritmo frenético, su necesidad constante de alimento, ya sea gasolina para los coches, carbón para los hornos y calderas, papel para las imprentas y toneladas de comida para llenar los estómagos que parecieran siempre vacíos, los de de los trabajadores porque necesitan consumir miles de calorías para acometer sus quehaceres y los de los patrones porque nunca se sacian.

Sigo sin encontrar una mujer, madre, pero no hace falta que me preguntes tres veces en cada una de tus cartas, por más que preguntes no voy a tener más suerte en encontrar pronto a una “buena madre para criar un montón de Gastoncetes” como tú dices. Quizá no sea tan mala idea pensar que Ademia no va a volver a casarse después de enviudar si no es con su “vecino, el tímido”, como me llamaba, al fin y al cabo es buena mujer y es joven todavía. Nunca te he hablado de ella, pero en el restaurante trabaja una camarera igualita que Calista, bueno ella es rubia, pero en la forma de ser son iguales. Me la quedo mirando y me recuerdo cuando era un chiquillo y por mucho que Calista me tomara el pelo y se hiciera de rogar no podía parar de seguirla embobado a todas partes… En fin, siempre tuve especial ojo para perseguir a mujeres imposibles, a pesar del buen ejemplo que tu siempre has sido. Pero no quiero hablar más, sabes que no sé bien cómo hacerlo y además es que no me gusta hablar de estas cosas, sólo te cuento esto para que sepas que leo detenidamente tus cartas y tengo en cuenta tus deseos (te aseguro que yo lo deseo más que tú…), aunque de momento no se hayan podido hacer realidad.

Espero poder visitarte pronto y ojalá poder volver definitivamente. No sabes cuánto echo de menos meterme en la cocina contigo y amasar el pan de centeno juntos, asar berenjenas en la lumbre, volver a respirar los aromas de casa, ordeñar a la cabra, recoger romero en el monte, disfrutar de un buen vaso de vino de la cuba… y los tomates y pepinos de nuestro huerto… Aquí la verdura no es ni parecida. En fin…

Y por favor no me insistas en que no necesitas dinero, yo sé que te apañas y que Demetrios está cerca para echarte una mano, pero una ayuda económica siempre viene bien y mi hermano también tiene sus propios problemas. Abrázalo de mi parte, también a mi cuñada, espero de corazón que pronto te puedan dar nietos.

Besos, madre,

tu hijo Gastón

RTVE

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