Siendo justos, hay que reconocer que el árbitro húngaro nos echó una pequeña mano en la primera mitad en dos lances que pudieron ser determinantes. Primero le perdonó la roja a Ramos por un pisotón a Podolski. Aunque sin intención de hacer daño, llegó tarde con la plancha por delante y le clavó los tacos en una acción parecida a la que le costó tres partidos a Ribery en la Champions. Luego, justo antes del descanso, los alemanes pidieron penalti de Ramos a Özil. El español, fruto de la inercia de la carrera, no puede frenar y se trastabilla con el alemán a muy pocos centímetros del área, aunque éste termina cayendo dentro. No es penalti por tanto (como se aprecia en la imagen central), pero sí falta en la frontal, ya que hay contacto suficiente para desequilibrarle. El defensor sevillano era el último hombre y de nuevo debió ser expulsado.