Guardiola cambió de esquema y le salió mal. Sobre el papel parecía que Iniesta y Tello acompañarían a Messi en el tridente de ataque cayendo a cada uno de los extremos, pero no fue así. Tello, incisivo pero desafortunado, ocupó el extremo izquierdo, mientras que Iniesta se quedó en el centro del campo, cambiando el 3-4-3 por un 3-5-2 un tanto desordenado que dejaba toda la banda derecha para Dani Alves y concentraba gente en la izquierda. De esta forma el equipo acumulaba efectivos en la medular, pero era incapaz de abrir el campo, formando un atasco que favorecía el planteamiento defensivo del Madrid. El equipo perdía así una de sus mejores armas: las diagonales. Con Tello en la izquierda, un jugador vertical que no se mete hacia dentro, la banda derecha despoblada y Messi por el centro, imposibilitado para hacer la jugada que más le gusta, el equipo se quedó sin capacidad de sorpresa. El peligro se redujo a un mano a mano de Xavi que salva Casillas, otro que Tello mandó a las nubes y el gol.