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La ayuda internacional sigue llegando a Turquía tras el terremoto. Sin embargo, la situación es mucho más complicada del noroeste de Siria, donde el gobierno de Bashar al-Ásad no tiene presencia. Carmen Monclús, responsable de protección de la operación transfronteriza de UNICEF entre Siria y Turquía, afirma que se trata de "una población muy castigada, con un gran número de personas desplazadas internas". Se refiere a los campos producto de la guerra en la que hace años que vive inmerso el país. "Ya no había presencia internacional anteriormente", asegura Monclús. Pone el foco en la infancia: "En el noroeste de Siria solo, calculamos que tenemos 1,7 millones de niños afectados directamene. En el conjunto de Siria estamos hablando de 5,7 millones". Tras un cálculo, la ONG estima que necesitará "22,7 millones de dólares para poder hacer una respuesta inicial" en sus áreas de acción.

El presidente de Ucrania Volodimir Zelenski visita Londres y esta noche París. Seguimos muy pendientes de Turquía y Siria, donde se sigue buscando a supervivientes de los terremotos que afectaron a amplias zonas de ambos estados el pasado lunes. Iremos a Ucrania para hablar de agricultura, y entrevistamos al candidato progresista a la presidencia de PAraguay, Efraín Alegre, que intentará arrebatar al PArtido Colorado el poder en los comicios de finales del mes de abril. Repasaremos además lo que dio de sí el discurso del Estado de la Unión de Joe Biden anoche en Washngton.

Se calcula que unos 175.000 kilómetros cuadrados de Ucrania esconden minas que han colocado las tropas rusas. Los enviados especiales de RNE a Ucrania,  Aurora Moreno y David Velasco, han estado una organización que se dedica al desminado en los alrededores de Kiev. "Los rusos ocultan minas en cualquier objeto, hasta en un libro", cuenta el director de la organización.  Preparan a la población civil para no caer en las trampas que suponen las minas. Entregan un equipo a los desminadores con ganchos, alicates, punzones y una linterna porque, asegura, el Ejército no cuenta con todo lo que necesitan para un trabajo tan peligroso.

El Ártico era un lugar de cooperación habitual entre los países occidentales y Rusia hasta el inicio de la guerra en Ucrania en febrero del año pasado. Desde entonces, la mayoría de los proyectos científicos, económicos y sociales en la región han quedado paralizados, y crece la preocupación por las cuestiones de seguridad. Lo analizamos con Elena Conde, profesora titular de derecho internacional público de la Universidad Complutense de Madrid, y Andreas Osthagen, investigador principal del Arctic Institute. Es un reportaje de Guillaume Bontoux.

La ayuda está llegando a cuenta gotas a los lugares afectados por el terremoto, entre ellos las zonas más cercanas al epicentro, desde donde los vecinos reclaman más medios.

En la localidad de Osmaniye, a 100 kilómetros del epicentro, todos los barrios están afectados y no hay rastro de actividad comercial.

Los enviados de Radio Nacional a Ucrania,  Aurora Moreno y Luis Montero, han hablado con varios agricultores ucranianos ahora que Rusia amenaza con volver a cortar las exportaciones de grano. Algunos no detuvieron su explotación ni durante las primeras semanas de guerra y como no podían distribuirlo, regalaban la carne, la leche y el cereal entre los vecinos. Uno de ellos, David, les cuenta que no ha aprovechado el acuerdo del grano porque “hay muchas colas en el puerto de Odessa” y porque, desde su punto de vista, “Rusia lo utiliza para exportar cereal y fertilizante, por lo que le ayudo a fortalecer la guerra”.