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El miedo a la amenaza de Rusia ha provocado que cinco de sus vecinos, Finlandia, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, hayan anunciado su intención de abandonar la Convención de Ottawa, el tratado aprobado en 1997 que prohíbe el uso y la fabricación de minas antipersona. ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de esta decisión? ¿Qué impacto puede tener en la lucha contra la prohibición de este tipo de armamento que mata mayoritariamente a civiles? Lo analizamos con Camilo Serna, vicepresidente de la Junta Directiva de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona y director de la Campaña Colombiana contra Minas, y con Teivo Teivainen, profesor de Historia Mundial de la Universidad de Helsinki.

El miedo a la amenaza de Rusia ha provocado que cinco de sus vecinos, Finlandia, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, hayan anunciado su intención de abandonar la Convención de Ottawa, el tratado aprobado en 1997 que prohíbe el uso y la fabricación de minas antipersona. ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de esta decisión? ¿Qué impacto puede tener en la lucha contra la prohibición de este tipo de armamento que mata mayoritariamente a civiles? Lo analizamos con Camilo Serna, vicepresidente de la Junta Directiva de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona y director de la Campaña Colombiana contra Minas, y con Teivo Teivainen, profesor de Historia Mundial de la Universidad de Helsinki.

Las minas antipersona son unas de las armas más mortíferas por el gran número de bajas que causan entre combatientes y civiles y están prohibidas por el Tratado de Ottawa. Polonia y las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, han anunciado que abandonan ese pacto. Según estos países, aseguran que se van del Tratado porque quieren volver a tener las minas antipersona debido a la agresividad del Kremlin en un contexto de rearme mundial tras la invasión de Ucrania.

Las repúblicas bálticas hacen frontera con Rusia y, Polonia, con Bielorrusia, aliado incondicional de Moscú.

Estonia, Letonia y Lituania se han desconectado del sistema eléctrico ruso. A partir de ahora compartirán red con la Unión Europea. Ha sido la culminación de un costoso proceso de casi dos décadas que pretende romper la dependencia energética de las repúblicas bálticas de Moscú.

Foto: Subestación eléctrica en Rēzekne, Letonia (Gints Ivuskans/AFP)

Un equipo del Telediario ha viajado hasta Estonia, que estuvo bajo dominio ruso en tiempos del Imperio y la Unión Soviética. Ganó su independencia hace solo 32 años y, ahora, la amenaza rusa vuelve a estar presente. "Nos sentimos inseguros y debemos estar preparados", asegura Katri. 

El puente que une a los dos países ya solo lo pueden cruzar a pie quienes tienen un permiso especial. La frontera hace tiempo que se cerró a los automóviles y a los turistas procedentes de Rusia, como hicieron el año pasado Letonia y Lituania. 

Foto: AP Photo/Sergei Grits