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Elvira Lindo, creadora de 'Manolito Gafotas': "Los niños víctimas de bullying encontraron a un amigo en esos libros"

Un nuevo sendero hacia el manantial - Episodio 12 - La infancia con Elvira Lindo

Elvira Lindo comenzó a escribir cuentos cuando tenía nueve años. Sus padres le regalaron el libro de Mujercitas, y ahí encontró el referente necesario para contar las historias que llevaba dentro. "Era un libro en el que el personaje principal era una chica que escribía cuentos y que era valiente y audaz. Me identifiqué con ella porque pensé: yo quiero ser así, igual de valiente, aventurera, escribir cuentos, que me los publiquen en una revista. Tenía nueve años".

Es autora de numerosos libros, entre ellos, las aventuras de Manolito Gafotas. Elvira Lindo visita Un nuevo sendero hasta el manantial, en EnPlay, y junto a Ignatius conversa con algunas niñas y niños sobre el poder de la imaginación y la necesidad de fomentarla. "Hay niños que no saben explicar con palabras lo que están viviendo y, sin embargo, sí lo saben dibujar. A lo mejor otro sabe reflejarlo con palabras, a lo mejor otro cantando. No cercenemos la imaginación, vamos a intentar que fluya".

Manolito Gafotas no era brillante en el colegio, tampoco haciendo deporte, pero sí lo era contando las cosas que le pasaban. Un niño del barrio de Carabanchel, de una familia humilde, que ha conseguido conectar con miles de personas en todo el mundo.

Elvira Lindo en 'Un nuevo sendero hasta el manantial'

Elvira Lindo en 'Un nuevo sendero hasta el manantial'

Las niñas y niños le preguntan a Elvira Lindo si esperaba que las aventuras de Manolito se tradujeran a tantos idiomas y llegaran a tanta gente. La escritora confiesa que no, que fue algo totalmente inesperado y también mágico. "Yo me quedé en mi casa un año escribiendo estas aventuras. Sabía que eran divertidas, pero no podía imaginar que iban a ser un éxito".

Los cuentos de Manolito Gafotas se tradujeron primero al francés, y a partir de ahí, a muchos más idiomas, en muchos más países como China, Japón o Irán. "Lo de Irán fue espectacular porque de repente, pongamos hace 15 años, empezaron a llegarme cartas de niñas iraníes. Había una que había aprendido español para leer los libros en el idioma original. No sabía que estaban traducidos al farsi".

"Es una cosa mágica de los cuentos"

A día de hoy, Elvira Lindo sigue en contacto con personas ya adultas a las que les marcó el personaje del pequeño Manolito. Una de ellas es una joven iraní. "El año pasado vino a verme a Madrid. Ella ya no vive en Irán, vive en Alemania; es investigadora de algún tipo de cáncer. Debe tener poco más de veinte años y hablábamos de todo las cosas que ella había sentido leyendo esos libros. Había una cosa muy bonita, que lo expresaba muy bien, y es que decía: "Ese personaje era como yo, le pasaban las mismas cosas que a mí, vivía en una casa muy parecida. Entonces, tú te pones a pensar y dices: no era una niña, no vivía en Irán, vivía en un barrio de Madrid, sin embargo, había algo en el corazón del personaje que se parecía al corazón de esa niña, y eso es mágico. Es una cosa mágica de los cuentos", afirma la escritora.

Elvira Lindo en 'Un nuevo sendero hasta el manantial'

Elvira Lindo en 'Un nuevo sendero hasta el manantial'

Problemas en algunos países

El que se tradujera a tantos países también trajo aparejado algunos quebraderos de cabeza para Elvira Lindo. Asegura que es una suerte que los niños supieran entender la historia tal y como era, basada en el humor, y que muchos de ellos y ellas vieron un anclaje al que agarrarse. "En EEUU decían que si en el libro se animaba al bullying porque los personajes tenían motes. Pasaron los años y conozco a adultos que leyeron esos libros de niños y me han podido contar lo que significaron para ellos. Es curioso que niños o niñas que estaban sufriendo bullying, o que se sentían solos, en esos libros encontraron a un amigo".

La escritora anima a los más pequeños a que no se avergüencen de sus emociones, de lo que sienten y que se atrevan a expresarlo, sea de la manera que sea, aprovechando la imaginación y la libertad de ser pequeños. "Me gustaría que en los colegios y en las casas se pensara más en eso. Las actividades creativas nos hacen más libres, nos ayudan a pensar, a tener fantasía y para mí fue importantísimo".