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Cuando los reyes metían animales vivos en las tartas para sorprender a sus invitados

  • En el siglo XVI, la gente pudiente rellenaba pasteles con animales vivos para sorprender a sus invitados
  • Dicen que, en algunas ocasiones, ponían incluso personas en su interior para que tocasen música
  • En la serie Juego de Tronos pudimos ver una escena que recuerda aquella extraña costumbre

Por
surprise pies
Los animales vivos en tartas eran lo más de lo más para los ricos y famosos de la época.

Lo de los ricos y poderosos siendo horteras y ostentosos no es nada nuevo. Esto es más viejo que el hilo negro y desde que el mundo es mundo el que ha tenido más ha tenido que hacer cosas que rozan (o sobrepasan) el umbral de lo ridículo para hacérselo saber a sus amigos y al pueblo llano. Hoy os vamos a hablar de las surprise pies, o los pasteles sorpresa, uno de los entretenimientos más peculiares de la historia de la gastronomía.

A mediados del siglo XVI los pasteles (en esa diferenciación que hacen los sajones entre pastel o pie, de masa dura y relleno, respecto a las tartas o cakes) ya tenían una presencia y definición muy similar a la que conocemos hoy.

Por aquellos tiempos en Europa esta masa empieza a tener un toquecillo funerario: empezaron a hornearla gruesa y hueca y a llamarla “ataúd”. Se rellenaba de carne de los animales que se consideraban más selectos en la época, como paloma, pavo real, jabalí e incluso tortuga. Pero aunque estos “pasteles” estaban muy cerca de ser el tipo que consumimos actualmente, no se comían, solo funcionaban como "ataúd" ornamental en el que servir una lujosa cena.

Su masa era tan tosca y se horneaba durante tantas horas que cualquiera se hubiese dejado las muelas intentando comerlo. Aunque la palabra ataúd nos suene ahora bastante fuerte para algo que va ponerse sobre la mesa del comedor, entonces no se veía como algo tétrico sino descriptivo: el pastel tenía rol de caja para el animal muerto que se iba a comer en sí, se entendía como recipiente, no tenía la connotación mórbida que le veríamos hoy.

Lo de los pasteles ataúd se puso más rarito con un libro publicado en 1598 llamado El banquete italiano, que hablaba de un pastel relleno con pájaros vivos que salían volando al cortarlo… ¿Os suena la escena?

surprise pie juego de tronos

Escena de la Boda Púrpura en la serie "Juego de Tronos". HBO

Efectivamente, lo vimos en la Boda Púrpura de Juego de Tronos y no, no fue un arranque de imaginación espontáneo de los guionistas. El citado libro explicaba que para este “juego de magia” había que hornear un pastel ataúd con un agujero “tan grande como el puño, o más grande si fuera deseado” en el fondo del pastel. Después había de ser rellenado con “tantos pájaros pequeños como entren en el pastel vacío”, para finalmente llevarlo antes a los invitados”.

Se dice, se comenta, que en una fecha no determinada entre 1520 y 1530 durante el reinado del Rey Carlos V de Inglaterra, un chef del Duque de Burgundy creó un pastel gigante con un montón de chicas encerradas dentro, además de algunos músicos que empezaron a tocar cuando salieron de dentro al cortarlo en mitad de una fiesta. Esto de los pasteles sorpresa queda recogido en una canción popular británica, Canción de seis peniques: veinticuatro mirlos horneados en un pastel. Uno de sus versos dice así: “Cuando se abrió el pastel, los pájaros comenzaron a cantar. ¿No fue un plato delicado para poner delante del rey? Cuando los pájaros volaron cantando, los invitados se sorprendieron”.

En el libro El banquete italiano también se recomienda hornear un pastel de verdad, relleno de carne en este caso, para servir después de la performance, porque la gracia del primero puede desaparecer cuando uno deja a todo el mundo sin cenar. Dicen que el hambre agudiza el ingenio, pero suele hacer mella en el sentido del humor.

He leído que en el interior de estos pasteles sorpresa se encerró a todo tipo de animales; aunque los pájaros parecen ser los más corrientes, también hubo quien buscó el efecto sorpresa de, por ejemplo, un zorro, una rana o una ardilla saltando del interior de su surprise pie ante sus invitados.

Se quedan varias dudas abiertas: ¿serían realmente sorprendentes para alguien o los sonidos de los animales deseando salir de aquella jaula horneada “desvelarían el pastel” antes de abrirlo? ¿Cuántas veces, al cortar el pastel con poco cuidado, lo que apareció en su interior no fue un animalillo corriendo o volando si no degollado frente a los comensales?

Sabiendo que también se hicieron pasteles sorpresa con personas en su interior, ¿sería algún humano apuñalado en pleno festejo mientras se abría el pastel? Y, el que me parece el riesgo que probablemente se diera con más frecuencia teniendo en cuenta que hablamos de animalillos vivos y asustados dentro de una carcasa de masa, ¿no estaría casi siempre el pastel relleno de excrementos de los animales atemorizados que, al salir despavoridos, esparcirían sobre todos los invitados?

Sea como fuere, y con todos los detalles perdidos por el camino, una cosa es segura: los pasteles ataúd y su versión bromista, los surprise pies, fueron antecesores de los pasteles que comemos a día a de hoy. Así que, aunque nos cortocircuite un poco lo cabeza pensar en las raras costumbres de los ricos y famosos de siglos atrás, no podemos dejar de darles las gracias por el precedente gastronómico que sembraron.