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Mary Santpere, 'La Reina del Paralelo', fue la 'pastilla' de la risa de muchas generaciones

  • La gran actriz pasó de contar chistes en el tranvía a ser la reina del Paralelo barcelonés
  • Su muerte en el puente aéreo es una metáfora de su profesión, a caballo entre Madrid y Barcelona
Imprescindibles - Mary Santpere - presentación
IMPRESCINDIBLES

La vedette se alejaba del canon de belleza, cantaba con una voz, digamos “poco habitual”. Era una mujer que se atrevía a hacer de cómica en tiempo hostiles para las mujeres cómicas, payasa dentro del cartel del Circo Price, actriz de cine y teatro, locutora de radio, show-woman televisiva y de salas de fiesta, impulsora de importantes campañas benéficas, diseñadora de ropa e, incluso, dependienta de una casa de sombreros en plena postguerra.

María Santpere Hernáez, Mary Santpere siempre se resistió a que la encasillaran, prefería decir que era una "estrella anti-tópicos".

Mary Santpere prefería decir que era una "estrella anti-tópicos"

Dotada de un sentido de la teatralidad auténtico, de una gracia tan fresca como natural, de un "gran desparpajo" como diría ella misma, el mito y la historia son lo mismo cuando hablamos de Mary Santpere.

Una vida teatral

La vida de Mary fue teatral desde el minuto cero. Su padre fue el polifacético Josep Santpere, genial actor bautizado en su día como "El Rey del Paralelo", gran figura del vodevil barcelonés en los años 20 y 30.

Su madre, Rosita, la llevaba en su vientre durante las representaciones de la opereta "La casta Susana" y a poco estuvo, como explica la propia Mary, que su nacimiento fuese su primera salida a escena.

Con una familia así parece sencillo que se hiciera su lugar en el mundo de la farándula, pero el camino fue mucho más largo de lo que parece.

Mary Santpere

Mary Santpere rtve

El largo camino a la escena

De entrada, el hecho se ser mujer, para un padre que conocía de primera mano que los actores se las saben todas, era una clara desventaja.

El padre consideraba incluso que algunas de sus interpretaciones subidas de tono podían ser perniciosas para sus hijos, por lo que no fue hasta después de mucho tiempo que no les permitió entrar a ver sus vodeviles. Por si fuera poco, era una chica alta, 1 metro 76 centímetros descalza, desgarbada y con ortodoncia (novedad dental de la época) para arreglar su dentadura. Con semejante combinación de factores, la Mari adolescente recibía piropos que poco tenían de halagadores.

Un día, sin ir más lejos, un chico bastante guapo le dijo en pleno Paseo de Gracia barcelonés que “era tan fea que le habían puesto un bozal”. Terriblemente afectada, Mari se encontró con su padre y le preguntó sin rodeos porqué era tan fea.

El señor Santpere la miró largamente. "Hombre, eres fea. Pero no es para tanto... Y además tienes personalidad". Aquello fue toda una revelación para la joven Mari. A partir de ese momento se dedicó, con todo su empeño, a ser la payasa de la clase, a practicar el ingenio y afilar su lengua ante todo aquél que la escuchaba y servía de improvisado público.

Su primer éxito... en el tranvía

Por aquella época, Mari viajaba cada día en el tranvía 29, su personalidad cómica ya estaba entonces muy desarrollada. Tanto, que pronto consiguió un público asiduo.

Cada día que pasaba, más gente cogía el tranvía sólo para escuchar sus ocurrencias

Cada día que pasaba, más gente cogía el tranvía sólo para escuchar sus ocurrencias. Entre el público que se reunía, había un chico que, tras tratar de flirtear con ella en más de una ocasión, un día se sentó a su lado y se atrevió a confesarle: "Tú y yo nos casaremos algún día".

El aspirante a marido

Era Francisco, diez insistentes años más tarde conseguiría convertirse en su marido. Mari, que tenía bastante claro que no era la mujer más guapa del mundo, desconfiaba. ¿Por qué querría Francisco casarse con ella? Tardó en entender que lo que le gustaba a aquel muchacho no era su físico sino su garbo natural.

Lo suyo fue una historia de amor atípica, como no podía ser de otra forma. Francisco, cansado de las calabazas de la desconfiada Mari, tuvo que pedirle la mano a sus padres... Tal como dijo él: "Su hija no me deja y quisiera saber si usted...".

El señor Santpere se echó a reír y Mari, al ver la insistencia del muchacho, empezó a entender que tal vez Francisco sí iba en serio. ¡Y además era uno de los pocos que la superaban en altura! Pero Mari ya entonces era mucha Mari y le dijo claramente que no tenía ganas de casarse, que estaba la mar de bien en casa de sus padres... pero que si algún día quería casarse, sin duda él sería el elegido.

Pasaron los años y una guerra, y finalmente la perseverancia se ganó el corazón de la artista.

Gracias a la Guerra Civil

Por aquellos años ya había comenzado a convertirse en una artista. En este caso, paradójicamente, gracias a la Guerra Civil.

La familia Santpere pasó de la noche al día de una economía sin preocupaciones a una preocupación sin economía

La familia Santpere pasó de la noche al día de una economía sin preocupaciones a una preocupación sin economía. Los comités revolucionarios de la CNT y de la FAI colectivizaron el teatro y expulsaron a los promotores.

Rebajaron el sueldo del padre de Mari a 15 pesetas (con las que debía subsistir toda la familia), y el padre se vio obligado a tirar de las niñas como coristas.

En uno de los bolos, un vodevil llamado "Mariano de la O", parodia de la famosa copla, la estrella principal huyó hacia Francia, y el señor Santpere, obligado por las circunstancias (y por el criterio de los gitanos del Somorrostro que hacían de coro), tuvo que probar a su hija, la desgarbada, la poco agraciada, la payasa de la familia… como estrella principal del espectáculo.

El éxito fue tan rotundo que el público explotó en mil aplausos. Mari, emocionada con tanto aplauso, fue incapaz de salir a saludar tras la función.

No paró de llorar al descubrir la admiración que provocaba en el público. No se hubiera imaginado nunca que la pudieran apreciar tanto. Desde ese momento la vida de Mari dio un giro de 180 grados. Se había convertido en “La Mary”, la futura reina del Paralelo.

Llantos y alegrías

La muerte de su padre, el deceso de la madre de Francisco, su boda, el éxito de sus primeras películas, un accidente de coche en el que casi pierden la vida su marido y la madre de Mary, su capacidad de sacar adelante una familia de manera atípica para la época, ya que era ella quien llevaba el dinero a casa y él quien cuidaba a los hijos, el éxito en la televisión, las giras triunfales por Argentina, Venezuela, Portugal... en su vida, igual que en el teatro, hubo comedia y tragedia, llantos y alegrías, no todo fue un camino de rosas.

Su marido se suicidó al arrojarse al agua desde la cubierta de un crucero. Ella falleció de un infarto de miocardio a bordo del puente aéreo de Barcelona a Madrid en septiembre de 1992, una bonita metáfora de su trayectoria profesional a caballo entre la ciudad condal y la capital de España.

Pura vida

A cada paso, a cada anécdota, Mary Santpere fue forjando más y más su carácter. Una mujer que era pura vida, sin estimulantes, ni fumaba, ni bebía, ni tomaba café, sin embargo, ella sí fue el estimulante natural, la pastilla de la risa de muchas generaciones. Su maravilloso encanto dejó un vacío en el escenario que sólo podemos llenar recordándola.