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Lluís Escartín

Emisión 14 de febrero de 2016 · La 2

Por
Metrópolis - Lluís Escartín

Metrópolis dedica un programa monográfico a Lluís Escartín (Barcelona, 1966), fotógrafo andante y poeta del cine cuya biografía se podría medir en los kilómetros que ha recorrido con su cámara para registrar sus vivencias y su visión sumamente poética y personal del mundo.

Sus obras, que se han mostrado en numerosos festivales de cine y museos españoles e internacionales, se mueven entre los géneros experimental y documental a la vez que transgreden los cánones establecidos para cada uno de ellos. Son composiciones sin partitura aparente, pero de una sensibilidad y honestidad casi dolorosas, películas subjetivas e inmediatas que sugieren y evocan en vez de explicar o aleccionar. Sólo dan las claves mínimas necesarias para situar al espectador en un contexto concreto, por lo cual requieren de un receptor activo, dispuesto a aceptar un reto intelectual y sensorial, y a dejarse llevar a lugares y culturas remotas con la misma falta de prejuicios que distinguen a su autor.

Cuenta Lluís Escartín que su visión del mundo cambió radicalmente cuando lo vio por primera vez a través del visor de una cámara de fotos.

Cámara en mano emigra en 1986 de Barcelona en dirección a Europa, reside en París, Ámsterdam y Berlín, y dos años después llega a Nueva York. Allí expone, en 1989, por primera vez sus fotos bajo el título Perpetual Movement. En el Anthology Film Archive descubre el cine experimental americano y conoce a Jonas Mekas, encuentro que le lleva últimamente a cambiar la cámara de fotos por una cámara de video y a fundar Armadillo Productions. Con su amigo y posterior productor Cesare Costanzo atraviesa Estados Unidos de costa a costa grabando las imágenes que más tarde conformarían las películas 75 Drive-a-way (1991, en colaboración con Cesare Costanzo)Mojave Cruising (2000) Texas Sunrise (2002), calificados por algunos críticos como “tríptico de poemas sobre América”En estos trabajos ya se encuentran delineados algunos de los rasgos distintivos de los films de Lluís Escartín, como son la falta de prejuicios y enorme intuición que le permiten acercarse a las personas y a capturar momentos íntimos e irrepetibles; la aparentemente azarosa yuxtaposición de unas imágenes con otras y de las imágenes con la banda sonora; o el hecho de que la presencia tanto del autor como de los protagonistas se manifiesta casi exclusivamente a través de su voz. Y, como dice Josetxo Cerdán, el viaje como punto de partida: “Todas las piezas de Lluís Escartín parten de la experiencia del viaje o del viaje como experiencia. (…) El viaje nunca como observador curioso del entorno sino el viaje como vivencia, como forma de vida al límite.” Por su parte, Carlos Muguiro ha definido esta etapa en la obra de Escartín como la del “Cineasta errante: aquel que se abandona al viaje (el exiliado, el flâneur, el caminante solitario).”

En 1993 Lluís Escartín se traslada de Nueva York al sur de México, donde convive durante tres años con los mayas lacandones en el Estado de Chiapas, idilio que se ve enturbiado por la violenta represión del levantamiento zapatista por parte de las tropas federales. Allí vuelve a coger la cámara de fotos y empieza a trabajar como reportero gráfico de guerra, experiencia que deja en él profundas huellas. En un intento por comprender qué sienten las personas que cometen actos violentos obedeciendo órdenes de un Estado, se entrevista con un ex soldado de élite israelí; la grabación de esta conversación es el punto de partida de Amor (2001), un íntimo retrato personal muy impactante, pero nada espectacular.

Lluís Escartín

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Desde finales de los años 90, Lluís Escartín vive con su mujer y sus hijos en un pueblo del Alto Penedés catalán. Sintiéndose testigo de un tipo de existencia humana y de unos modos de trabajar el campo abocados a la desaparición, empieza a grabar a sus vecinos payeses y las tierras que lo rodean. Terra Incógnita (2005) es, hasta la fecha, su única película, donde el viaje no le lleva más allá de sus alrededores, no por inmediatos totalmente explorados, para, con su cámara, fijar a personajes y costumbres para el recuerdo.

Después de sufrir un grave accidente de coche mientras viajaba por el desierto de Mauritania junto a Cesare Costanzo, comienza una etapa en la obra de Escartín que Carlos Muguiro define como la del “Cineasta herido: aquel que se somete disciplinadamente a las decisiones, muchas veces dolorosas, que el azar toma por él.” Así Nescafé Dakar (2008) es el resultado de un confinamiento inesperado e involuntario: la larga convalecencia del amigo y compañero de viaje en un hospital de la capital senegalesa. Los únicos dos encuadres posibles en esta situación -la cama de hospital, y las calles y habitantes de la ciudad vistos desde la ventana-, muestran dos mundos distintos y distanciados cuyo único nexo de unión sea la experiencia del dolor.

Desde 2008, Lluís Escartín ha realizado varios viajes con Maurilio de Miguel como productor; en la mayoría de ellos se ha vuelto a encontrar con conflictos violentos: la opresión sufrida por el pueblo tuareg (Amanar Tamasheq, 2010), la primavera árabe egipcia (Please, Revolution, 2012), o la compleja y desalentadora situación política en Oriente Próximo (La Tortillaen colaboración con Maurilio de Miguel, 2014). Ese último viaje a Jordania es descrito por el artista como especialmente doloroso al no encontrar en él nada que hubiese querido mostrar al mundo.

(Lluís Escartín) “…sólo enciende la cámara cuando su estado de ánimo lo permite, (…) no ordena el mundo, el mundo, con su azar natural, lo desordena a él, a su forma de mirar. Esa forma de vivir el registro, casi como una invasión, no es sencilla y en ella reside posiblemente otra de las claves de la singularidad y la fuerza de sus obras.” (Josetxo Cerdán)