Alaska: La fama cuesta
- La artista y presentadora repasó su trayectoria junto a nosotros
- Además nos habló de su programa en La 2, Alaska y Coronas
- Mira la entrevista completa no emitida en TV
Hablando de Tres hermanas de Chejov, el director de teatro Declan Donnelan me dijo en una entrevista: "No hay que confundir la excitación con la vida". La frase me ha venido la cabeza buscando por dónde comenzar el artículo sobre nuestra invitada, porque tuve la sensación de que Alaska, cuando le confesaba a Cayetana haberse descubierto muy defensora del siglo XX, estaba enfrentado la vida con sus placeres a una ilusión, la ilusión de creerse alguien, de creerse ¿quién? Esa ilusión que nos provocan Twitter o Facebook. Alaska dijo exactamente que las redes sociales nos producían una "falsa percepción de la realidad", de nuestra realidad, de quiénes somos para los demás y de quiénes son los demás para nosotros.
Le preguntamos si le parecía bien eso de que las redes sociales democratizaran la fama y dijo que no, que no le gustaba. Se confesó warholiana, es decir, consciente de que en estos tiempos cualquiera puede acceder a sus 15 minutos de popularidad por la razón que sea pero, aun así, la notoriedad que ofrecen las redes sociales no la convence.
Podría ser una contradicción. Es posible, aunque yo creo que lo que le molesta a Alaska de la fama internetera es la mentira. Internet oferta un resonador que amplifica nuestros gestos, nuestras vivencias, haciendo que encuentren un público, pero ¿lo encuentran de verdad? ¿Tenemos miles de amigos? ¿Es cierto que nos hacen tanto caso como nos gustaría pensar?
Hace poco le pregunté a un compañero, más acostumbrado a los avances tecnológicos que yo (no tengo smartphone), a qué creía él que se debía el éxito de Whatsapp, porque sus continuas interrupciones son realmente molestas. Para mí es igual que darle permiso a nuestros hijos para que nos interrumpan continuamente. Este compañero respondió que eso mensajes nos dan la sensación de que nos hacen caso, como a los niños. Una observación interesante. Whatsapp nos convierte en niños consentidos que captan la atención de sus mayores en todo momento. No existen los demás. Estamos solos con nuestros padres. No tenemos competencia.
Me resultó reconfortante ver que a Alaska le sorprende también que le permitamos a los teléfonos cosas que antes no le hubiéramos aguantado a nadie, y desconfía de esta atención ilusoria que creemos recibir a través de las redes sociales. Alaska nos recordó que internet es ficción y nosotros somos personajes, que no es malo ser personaje siempre que sepas que lo eres, siempre que sepas que lo que cuentas y lo que ten cuentan es una construcción.
No es tan fácil conseguir la fama, nos vino a recordar nuestra invitada. Tampoco es fácil mantener en el tiempo el interés de los medios y del público sobre aquello que tú haces. Es algo más serio que llamar la atención porque ese día te has comido un cocido espectacular, o te has puesto en la cabeza una lámpara por sombrero.
Cuando escuchas a Alaska comprendes que el arte, por frívolo o divertido que pueda parecer, es trabajo, constancia e inspiración. Que sea fácil ver a Fred Astair bailar con un perchero no hace fácil bailar con las perchas.