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El nutricionista de 'Mi dieta cojea' dicta sentencia sobre la leche: el falso mito de los tres vasos al día

  • Aitor Sánchez desmonta los bulos de la industria y advierte de que el exceso de leche roba espacio a alimentos más sanos
  • Descubre el método real para cuidar tus huesos sin depender de los lácteos en El despertador de RNE
Mujer de espaldas en supermercado, frente a estantería refrigerada de lácteos con botellas blancas y cartones. Lleva chaqueta oscura y carrito de compra.
Mujer mirando la sección de lácteos de un supermercado. Ming Tung Tang GETTY
CARLOS DELGADO

Nos confunden constantemente sobre qué comidas son buenas o malas para nuestra salud. Por un lado, escuchamos que la leche es un veneno blanco lleno de pus y antibióticos. Por otro, nos asustan diciendo que si no bebemos leche terminaremos sufriendo osteoporosis. La realidad es que ambas posturas son simples bulos.

El dietista y tecnólogo alimentario Aitor Sánchez se sienta frente a los micrófonos de El despertador de RNE para limpiar todo este ruido y explicar qué le pasa realmente a nuestro cuerpo cuando tomamos lácteos.

El despertador de RNE - Los lácteos: ¿en qué quedamos? Con Aitor Sánchez

La trampa de los tres lácteos diarios

Durante años nos machacaron con la regla de consumir un mínimo de tres raciones de lácteos al día. Según cuenta Sánchez, esa recomendación jamás tuvo ningún tipo de evidencia científica detrás, sino que respondía a las presiones de la propia industria. El consenso de los médicos ha dado un giro radical en la actualidad: los lácteos son totalmente opcionales y el límite máximo de consumo diario son dos.

El motivo es de puro sentido común. Si tomas tres o cuatro lácteos en tu dieta, le estás quitando espacio en el estómago a la fruta de postre o al puñado de frutos secos de la merienda, eliminando ese aporte esencial de vitaminas y hierro. Además, existe otro problema enorme con el azúcar. Cuando en los colegios piden a los niños que lleven un lácteo para el recreo, las familias no suelen meter un trozo de requesón en la mochila, sino yogures azucarados de sabores o chocolatinas que apenas contienen una cantidad pequeña de leche. La recomendación del nutricionista es clara: si eliges consumir lácteos, elige los fermentados y naturales, como el yogur, el kéfir o el skyr, que son excelentes para la salud intestinal por sus aportes en prebióticos y probióticos.

Yogurt Skyr con miel Cindy Ord GETTY

El ejemplo asiático

Mucha gente sigue creyendo que abandonar la leche destroza los huesos, pero los datos dicen todo lo contrario. Puedes llevar una vida completamente normal y sana sin probar los lácteos. De hecho, hay alimentos de los que el cuerpo absorbe el calcio mucho mejor que de la propia leche, como la col, las almendras, el tofu o los garbanzos. Un simple plato de hummus es un auténtico chute de calcio para el organismo.

La mejor prueba de esto es Asia. Si vas a un restaurante chino o japonés tradicional, no encontrarás lácteos en el menú, y sin embargo disfrutan de una salud ósea excelente. En Europa toleramos mejor la leche por una cuestión cultural y económica que viene de lejos, pero la biología manda: a partir de los 35 o 40 años, la gran mayoría de los adultos del planeta desarrolla intolerancia a la lactosa.

El mito del agua en la bebida vegetal

Para quienes deciden dar el salto a las alternativas vegetales, Aitor Sánchez también tiene respuestas. La mejor opción para sustituir a nivel nutricional el tazón del desayuno es la bebida de soja, a ser posible fortificada en calcio y vitamina D.

¿Y qué ocurre con los que atacan estas bebidas diciendo que son "todo agua"? El nutricionista zanja el debate con una lección de química básica: la leche de vaca está formada por un 3% de grasa, un 4% de proteína, un 3% de lactosa, un 1% de minerales y un 90% de agua. Si a la leche le quitaras ese agua, se llamaría queso. Si se lo quitaras a la bebida vegetal, se llamaría tofu.

Sin embargo, la lección que nos da el tecnólogo alimentario en El despertador de RNE para tener unos huesos de hierro es que no hay que obsesionarse con un yogur fortificado. El secreto está en tomar el sol de forma responsable en invierno para obtener vitamina D de forma natural, hacer ejercicio de fuerza para evitar la pérdida de densidad ósea, comer verduras que aporten magnesio y reducir el consumo de sal. ¿Qué otros mitos sobre tu alimentación das por ciertos sin saberlo? Dale al play y escucha todos los detalles en El despertador de RNE.

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