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Ellos beben jugos, ellas sangre: mosquitos, mosquitas y viceversa

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24 horas - La leyenda de la vampira de Barcelona - Escuchar ahora
ANA GÓMEZ QUINTANA

Salir de noche, dormir de día y beber sangre de animales. La vida de los mosquitos parece de película, aunque aquí hay algo que matizar. Como en tantos otros ámbitos, estos insectos se rigen por una clara división sexual del trabajo. Y en su caso, ellas llevan la voz cantante.

Así que no te equivoques: los mosquitos no pican, las hembras de mosquito, sí. ¿A qué se debe esta sed de sangre? A que ellas ponen huevos y necesitan las proteínas y el hierro que adquieren cada vez que nos arrean un picotazo.

Diferencias sexuales

Estamos pues ante unas minivampiras que, en cuanto cae el sol, se preparan para ir de caza. Hablar de roles de género entre los mosquitos puede parecer exagerado, pero sí existe una clara separación de tareas por sexos. Siempre son ellas, las hembras, quienes salen cuando se pone el sol, y sortean trampas y manotazos tratando de alimentarse. En cambio, los machos duermen y descansan, se levantan por la mañana y se pasan el día bebiendo jugos vegetales. Por eso, la anatomía de unos y otras es tan diferente. La boca de las hembras está bien equipada para traspasar la piel de los mamíferos y acceder a su sangre con cierta facilidad. Algo que los machos ni imaginan.

Del mismo modo, ellas son capaces de detectar la presencia de animales –humanos incluidos—por la respiración. Al expirar el CO2 que resulta de nuestros procesos metabólicos las hembras de los mosquitos, super especializadas, lo detectan en el aire y así dan con nosotros. Lo huelen con unos receptores que tienen en los palpos, una especie de antenitas de su boca. Esta ya es una de las razones por las que pican más a unas personas que a otras: Si emites mucho CO2 al respirar, eres el blanco perfecto, es más fácil que te encuentren. Las personas más grandes emiten más CO2, las embarazadas, también; o si nos movemos mucho o si hacemos deporte, exhalaremos más CO2.

También detectan el sudor y el olor particular de la piel que estos emanan. Y sí, hay perfumes más ricos que otros para su olfato. Nuestra piel produce una sustancia llamada sebo que tiene muchos y variados ingredientes. Este sebo nos sirve para mantener la piel suave y elástica y además nos ayuda a protegerla de bacterias u otros microorganismos que pueden dañarla. No todos tenemos exactamente el mismo sebo, sino que su composición varía de persona a persona y se cree que viene determinada genéticamente. Es decir, viene de familia. Se hereda. Parte del sebo se va transformando en unas sustancias volátiles que se dispersan por el aire y los mosquitos, oliendo este perfume con sus antenas, escogen algunas personas u otras en un grupo.

Pero el olor que perciben las mosquito hembras no solo depende de nuestro sebo. Los millones de bacterias que tenemos viviendo en nuestra piel producen sustancias que también pueden resultarles más o menos atractivas a las hembras del mosquito.

Cómo darles esquinazo

Entonces, ¿cual es la mejor escapatoria? Como dejar de respirar no parece una buena idea, mejor ducharnos después de hacer deporte por ejemplo, y sin duda tener siempre un repelente cerca. Sobre todo, si vivimos en zonas húmedas, cálidas y con vegetación abundante. Estas sustancias marean a las hembras que, además, notarán un sabor repulsivo si llegan a mordernos y se irán por donde han venido.

Los niños preguntan y responden

En Sapiensantes, el podcast infantil de ciencia de RNE Audio, los niños y niñas son quienes plantean las preguntas. Junto a la divulgadora y científica Xaviera Torres, ellos mismos encuentran la respuesta gracias a las más diversas aventuras, llenas de frescura, experimentos e imaginación.

El diseño de sonido, que firma Juan Luis Martín, ayuda a convertir cada capítulo en una experiencia inmersiva y muy divertida. En 2025, Sapiensantes ganó el Premio Prismas Casa das Ciencias a la Divulgación Científica en la categoría de audio. Puedes escuchar todos los episodios aquí.