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'El holandés errante' desde Covent Garden, este sábado en 'El fantasma de la ópera'

  • La versión original de 1843 sin intermedios
  • En 'El holandés errante' encontramos los temas y métodos que Wagner desarrollará en sus óperas posteriores
RAFAEL BANÚS IRUSTA

Temporada de Ópera de Euroradio. Desde la Royal Opera House, Covent Garden de Londres (a las 20’00.

“El Holandés errante” drama lírico en tres actos de Richard Wagner, sobre un libreto del propio compositor basado en las “Memorias del Señor de Schnabelewopski” de Heinrich Heine y estrenado en la Ópera de Corte de Dresde el 2 de enero de 1843.

En el verano de 1839, el velero que conducía a Wagner desde Königsberg a Londres fue sorprendido por una violenta tempestad y arrojado sobre las costas escandinavas. La fuerza de los truenos y los rugidos del mar embravecido causaron en la mente del artista una tremenda impresión, haciéndole evocar el espectro del marino condenado y en busca desesperada de salvación.

La fábula del holandés errante, recogida por Heinrich Heine en sus “Memorias del señor de Schnabelewopski”, aunque con una irónica reflexión, era ya tradicional desde el siglo XV entre las gentes marineras del Norte, tal vez como una inconsciente transposición de la leyenda del judío errante, derivada, a su vez, del mito de Ulises a su regreso a Ítaca. Las tres leyendas tienen como elemento en común un aspecto esencial del alma humana como es la aspiración a una paz infinita.

En la dramática aventura marinera del músico, amalgamada con el recuerdo de la leyenda nórdica, es fácil reconocer la idea original de esta ópera romántica, de la que Wagner escribió el libreto en París en 1841 y compuso la música en seis semanas, durante la primavera de 1842. En ella están presentes los grandes temas de la concepción wagneriana: la maldición, la redención y el deseo de muerte como única certeza interior. 

Los temas esenciales de Wagner

Motivos que, desde el Tristán hasta el Anillo del Nibelungo y Parsifal, serán las constantes fundamentales del gran artista. También aparece aquí por primera vez el “leitmotiv” o motivo conductor que individualiza a un personaje, define una idea o un sentimiento.

Las formas cerradas, aunque conservadas a la manera de arias, dúos o baladas,  muestran ya esa exigencia de fusión que se llevará plenamente a cabo en las óperas de madurez del artista, y que se inician precisamente con la obra que este sábado escucharemos, que se ofrece, como ya es habitual,  en la versión original de 1843,  sin intermedios (Wagner había concebido la obra así, determinada por la estructura musical de la balada, que es una narración continuada que no se puede subdividir).

Los atractivos de esta verisón dirigida por Nelsons

La versión del Covent Garden cuenta con varios atractivos, como la presencia en el foso del maestro letón Andris Nelsons,  nacido en Riga en 1978, dentro de una familia con larga tradición musical. Comenzó como trompetista y después, ya como director de orquesta, ha sido director musical de la Ópera Nacional de Letonia, titular de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham y, desde septiembre de 2014, director musical de la Orquesta Sinfónica de Boston. Debutó en 2010 en el Festival de Bayreuth, con Lohengrin, obra que ha venido dirigiendo anualmente hasta 2014, y ya se ha anunciado que dirigirá Parsifal en la nueva producción que se estrenará en 2016.

De igual nacionalidad es el cantante que dará vida al personaje titular, el bajo-barítono Egils Silins,  quien ya ha probado su larga experiencia wagneriana como Wotan en 'El Anillo del Nibelungo'. En cuanto a la soprano canadiense Adrianne Pieczonka, apreciada tanto en Verdi y Puccini como en Richard Strauss, hay que decir que ha incorporado algunos papeles del compositor alemán con mucha fortuna, como Senta o Sieglinde en La Walkyria, que ha incorporado precisamente en la Verde Colina de Bayreuth.

Seguir el argumento escuchando la ópera

En el I acto, En el I acto,  un temporal azota las costas de Noruega.  El capitán Daland se ve obligado a llevar su barco a la costa para resguardarse de la tormenta. Comienza a anochecer; al comprobar que no se encuentra lejos de su hogar, decide esperar a que pase el mal tiempo y mientras tanto se retira a descansar. Lo mismo hace su tripulación, excepto el Timonel, al que Daland pide que se quede de guardia, pero a quien finalmente vence el sueño.

Envuelto en la niebla,  un barco de aspecto fantasmal y velas de color rojo como la sangre se acerca sigiloso y atraca junto a la nave de Daland. Su capitán, el Holandés errante, desciende a tierra y cuenta la maldición que le persigue. Un día, en medio de una terrible tormenta, juró doblar el Cabo de Buena Esperanza aunque después no pudiese dejar de navegar por toda la eternidad. El diablo le tomó la palabra: está condenado a navegar para siempre y sólo podrá liberarlo una mujer que lo ame fielmente hasta la muerte. Cada siete años, el Holandés puede atracar, disponiendo de un solo día para encontrarla.

Desesperado por su destino, el Holandés ha intentado morir en las peores galernas o luchando contra los más fieros piratas. Pero todo ha sido en vano, lo mismo que encontrar una mujer fiel.

Daland se despierta y ve junto a su barco la fantasmal nave del Holandés. Reprende al Timonel por haberse dormido y le exige que averigüe la procedencia del extraño barco. Pero el Holandés se adelanta. Le confiesa que no tiene patria y que vaga errante, acumulando riquezas. Le pide alojarse una noche en su casa y le pregunta si tiene alguna hija. Al conocer la respuesta afirmativa de Daland, le ofrece casarse con ella y una riquísima dote. Lleno de asombro y de codicia al ver los tesoros del Holandés,  no duda en concederle la mano de su hija Senta.  La tormenta ha amainado, y, el Holandés, lleno de esperanza, sigue a Daland hacia su casa.

Un desconocido con el que ha soñado

En el acto II, En el acto II, en casa de Daland, Mary, la nodriza de Senta, y varias mujeres están hilando ante sus ruecas mientras Senta contempla absorta el retrato de un hombre pálido y misterioso que cuelga de la pared. Mary se queja de que la joven esté obsesionada por la leyenda del Holandés errante. En su Balada, Senta expresa su piedad hacia el desdichado personaje.

Erik, un joven cazador que está enamorado de ella y entra para anunciar la llegada del barco, se muestra también inquieto. Las mujeres salen presurosas y alegres al encuentro de los marineros, y Erik revela a Senta que su padre viene con un desconocido con el que ha soñado esa noche, un hombre siniestro que le va a quitar a su amada. Daland entra con el Holandés. El padre explica a su hija que, si se casa con el extranjero, serán ricos. Pero Senta y el Holandés están tan ensimismados que no perciben nada de lo que les rodea, pues se han dado cuenta de que va a cumplirse el destino para ambos. Daland da conformidad al compromiso y les invita a la fiesta que celebra el regreso de los barcos.

Los amantes fundidos

En el acto III,  en el puerto, con los barcos de Daland y el Holandés atracados uno junto a otro, los marineros de Daland cantan y bailan en cubierta. Las muchachas les ofrecen comida y bebida, y hacen lo mismo con la tripulación del buque fantasma, a la que invitan a participar en la fiesta, aunque sin obtener respuesta. De repente, una luz espectral revela una visión apocalíptica,  al tiempo que se desencadena una tempestad.

Aterrados, los marineros noruegos y las mujeres se retiran. Llegan Erik y Senta, y el joven pregunta a la muchacha si es cierto que va a casarse con el Holandés, y ella le responde que tiene que cumplir con un inexorable destino. El Holandés, al escucharla, y cree que la joven no va a ser capaz de serle fiel para siempre. Se dispone entonces a zarpar, aunque Senta le suplica en vano que confíe en ella. Cuando el barco comienza a alejarse, la muchacha consigue soltarse de las manos de Daland. Erik y Mary intentan retenerla con todas sus fuerzas, pero Senta se arroja al mar desde lo alto del acantilado. La prueba de su fidelidad rompe la maldición: el barco del Holandés se hunde en el mar con los amantes, fundidos en un abrazo.