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La voz prodigiosa de Janis Joplin llena 'La madeja'

  • Este sábado, La madeja de Radio 3 repasa la vida y obra de la cantante
  • La figura de Joplin ha adquirido con los años perfiles mitológicos
IÑIGO PIÑEIRO (RADIO 3)

Una voz sensacional. Tal vez no perfecta en técnica, pero intachable en la ejecución de piezas de blues-rock desgarrado y emocionante. La garganta de Janis Joplin forma parte de la historia intocable del rock, al mismo nivel que las caderas de Elvis, la guitarra de Hendrix, los versos nasales de Bob Dylan o el órgano carnavalesco de The Doors.

Su muerte prematura, causada por el abuso insensato de alcohol y drogas duras, no ha hecho más que agrandar su leyenda. Más aún al haber coincidido en el tiempo con los fallecimientos -también accidentales, también precoces y causados por sustancias tóxicas- de otras estrellas del rock dorado: Jimi Hendrix y Jim Morrison. Ese hecho marcó para siempre su leyenda post mortem. Su inclusión inmediata (e inevitable) en el club de los caídos a los 27, desenfoca en gran parte su perfil artístico.

Una chica de pueblo

Janis no transformó el lenguaje instrumental del rock como hizo Jimi Hendrix con su guitarra incendiaria, ni tenía la capacidad lírica ni la inquietud (contra)cultural de Jim Morrison. Ella era una chica que creció en un pueblo industrial de la conservadora y racista Texas de los años 50, que muy pronto se rebeló contra las convenciones, se empapó de la música negra y disfrutó sin contención de los placeres de la vida mientras desarrollaba una carrera espléndida en San Francisco como intérprete de blues evolucionado y rock estándar.

No fue más ni menos que eso. Por supuesto, canciones vibrantes como "Piece of my heart", "Down on me" o "Try (Just a Little Bit Harder)", y sus versiones personalísimas del blues tórrido "Ball and Chain" (original de Big Mamma Thornton); de "Cry Baby", con ese desgarro vocal que tanto la define o del "Me and Bobby McGee" de Kris Kristofferson, merecen pasar con todos los honores a la historia del rock.

Otra cosa es que la obra de Janis Joplin resista la comparación con coetáneos que transformaron los géneros pop para siempre. Pero su voz, su carisma y sus canciones no pierden vigencia. La emoción genuina nunca la pierde.

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