Los demócratas quieren teñir de azul el Congreso con más socialistas que nunca y las encuestas soplando a favor
- Los demócratas necesitan ganar 11 escaños más en la Cámara de Representantes y 4 en el Senado
- Progresistas y conservadores, muy igualados en algunos feudos republicanos

Activistas provoto en una carretera de Augusta, en Maine (EE.UU.), uno de los estados claves en las eleccionesSpencer Platt/Getty
Los demócratas quieren recuperar el control de las dos cámaras del Congreso de EE.UU. y teñirlas de azul, su color, en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre, con más candidatos socialistas que nunca, aunque los de perfil moderado o independiente siguen siendo mayoría, y las encuestas soplando a favor en un momento en que la popularidad del presidente estadounidense, Donald Trump, no hace más que descender.
En la jornada electoral se renovará la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 del Senado. En la primera, los demócratas tienen ahora 214 asientos y los republicanos, 218. Hay también un independiente y dos escaños vacantes. En la Cámara Alta, la proporción es de 53 legisladores conservadores y 47 progresistas. El promedio de encuestas de DatosRTVE indica que el Partido Demócrata roza la posibilidad de controlar ambos, lo que dependerá de hacia qué lado se incline la elección de cuatro senadores y en torno a una decena de congresistas. Para dominar el Senado, los progresistas necesitan 51 asientos, porque en caso de quedar igualados 50-50, la ley establece que el voto de desempate sea el del vicepresidente del país, es decir, JD Vance.
Según el newsletter de análisis Cook Political Report, el resultado de los comicios en la Cámara Baja dependerá de 21 circunscripciones en estados como Texas, Florida, California, Colorado y Michigan, y de siete en el Senado en sitios como Arkansas, Iowa, Kansas, Maine y Ohio, donde los sondeos están muy igualados. Para esta votación, el Comité de Campaña Demócrata del Congreso ha fijado 66 distritos para lanzar su ofensiva electoral con una "estrategia disciplinada" para conseguir más de los 218 escaños necesarios para una mayoría absoluta en la Cámara de Representantes, mientras que el órgano equivalente para el Senado anunció a comienzos de este año como metas Alaska, Iowa, Maine, Carolina del Norte y Ohio. Además, la directora ejecutiva del Comité de Campaña Demócrata del Senado, Devan Barber, informó de que iban a construir "campañas fuertes" en sitios donde sus senadores se presentan a la reelección, en concreto en Michigan, Georgia y Nuevo Hampshire.
El historiador de la Universidad de Georgetown, Michael Kazin, autor del libro 'What it took to Win - A History of the Democratic Party', considera, en declaraciones a RTVE Noticias, que es "realista" esperar que los demócratas retomen tanto la Cámara Baja como la Alta. "La Cámara Baja es casi seguro que cambiará de manos". El Senado está más abierto, ya que hay estados en los que los demócratas quieren ganar en distritos en los que Trump venció en las pasadas elecciones presidenciales por más de 10 puntos, como Kansas, Ohio, Alaska y Iowa. "Al final, como pasa siempre, depende de quién salga a votar", recuerda Kazin.
Menor participación en las 'midterms'
Es habitual que en los comicios de medio mandato el porcentaje de participación sea menor que en las presidenciales. "Es muy raro que supere el 50 %, mientras que en las elecciones presidenciales han estado recientemente cerca del 60 %", dice Kazin, quien no descarta que la afluencia a las urnas sea mayor en esta ocasión en aquellos estados donde los aspirantes de ambos partidos están muy igualados.
Muchos de esos lugares son zonas rurales y feudos republicanos, que los progresistas quieren virar a su favor. En el Senado es el caso de Texas, que no ha elegido un senador demócrata desde 1993 y donde el legislador estatal de este partido James Talarico aventaja ligeramente en los sondeos al fiscal general del estado, el republicano Ken Paxton; el de Iowa, donde el dos veces medalla de oro en baloncesto en silla de ruedas en los Juegos Paralímpicos Josh Turek se disputa el asiento con la congresista conservadora Ashley Hinson; el de Florida, donde la progresista Angie Nixon aspira a derrotar al conservador Ashley Moody; o el de Carolina del Norte, donde el exgobernador demócrata Roy Cooper adelanta por 10 puntos en algunas encuestas al expresidente del Comité Nacional Republicano Michael Whatley. Maine se ha vuelto un estado competitivo en estas elecciones, donde el exsenador estatal demócrata Troy Jackson, que presume de ser la quinta generación de leñadores en su familia, busca arrebatar el asiento en la Cámara Alta nacional a la republicana Susan Collins, de 73 años y en el puesto desde 1997.
El fiscal genral de Texas, el republicano Ken Paxton (i), y el congresista estatal demócrata James Talarico LM Otero y Eric Gay/AP
En la Cámara de Representantes, algunas de las carreras más reñidas son las del distrito 22 de California, donde el hijo de inmigrantes mexicanos Randy Villegas, perteneciente al ala izquierdista del Partido Demócrata, se bate con el congresista republicano David Valadao, que se presenta a la reelección; el 8 de Colorado, donde el abogado y legislador estatal Manny Rutinel pretende hacer lo mismo con el conservador Gabe Evans; la circunscripción 7 de Michigan, donde el senador estatal progresista Sean McCann quiere derrotar al congresista republicano Bill Huizenga; o la 8 de Pensilvania, donde la alcaldesa demócrata de Scranton Paige Cognetti desafía al legislador de la Cámara Baja nacional Rob Bresnahan.
Con la vista puesta en el 3 de noviembre, si hay algo que ha caracterizado las primarias demócratas es la selección de candidatos vinculados con el movimiento de los Demócratas Socialistas de EE.UU. (DSA, por sus siglas en inglés), que ha ido ganando relevancia en los últimos años, especialmente tras la elección en 2025 de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, pese a que no es una corriente nueva, ya que fue fundada en 1982. En esta ala de los progresistas se sitúan también el senador y excandidato presidencial Bernie Sanders o la congresista Alexandria Ocasio-Cortez. Para estos comicios, uno de sus mayores exponentes es el aspirante a senador por Michigan, Abdul El-Sayed, de credo musulmán como Mamdani y que ha basado su campaña en una defensa acérrima de la atención sanitaria universal, tras haber trabajado en el Departamento de Salud de Detroit. En los últimos días, tanto la exaspirante presidencial Kamala Harris como el expresidente Barack Obama (2009-2017) han participado en actos de campaña de El-Sayed.
Más de 280 candidatos demócratas socialistas
El centro de pensamiento Brookings apunta que para esta votación hay 282 aspirantes respaldados por DSA. Como este movimiento está muy descentralizado, la mayoría han sido apoyados por filiales de DSA locales y solo 29 han recibido un respaldo explícito por parte de la organización nacional, aunque también hay varios que se identifican como demócratas socialistas que no están bajo el paraguas de este grupo.
Aparte de El-Sayed, algunos demócratas socialistas que concurren son Claire Valdez, por el distrito 7 de Nueva York; Christopher Rabb, por el 3 de Pensilvania; Melat Kiros, por el 1 de Colorado; Darializa Avila, por el 13 de Nueva York; y Mai Vang, por el 7 de California. Los cinco se presentan para lograr un asiento en el Congreso.
La candidata a congresista por Colorado Melat Kiros (d) junto al senador Bernie Sanders (iz) en DenverMichael CiagloMichael Ciaglo/Getty
En su plataforma nacional, el DSA aboga por una atención sanitaria universal, la construcción de vivienda pública, el fin de la violencia de género, la desmilitarización de la Policía y un nuevo Pacto Verde para una transición ecológica hacia un futuro más sostenible. También defiende el desmantelamiento del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), la eliminación del Departamento de Guerra (que es como ha rebautizado el Gobierno de Trump al antiguo Departamento de Defensa), el fin de los conflictos de EE.UU. en el extranjero, y el apoyo a los palestinos y a la Corte Penal Internacional, entre otros.
El DSA es la mayor organización socialista de la historia del país con más de 120.000 afiliados y está en el centro de un resurgimiento de esta corriente política, aunque Kazin avisa de que puede ser más a nivel local que nacional en áreas de dominio azul. "Si el socialismo demócrata revive para convertirse en un movimiento de masas en este país, ocurrirá a nivel local", augura el historiador.
Pese a una polarización cada vez mayor tanto a la derecha como a la izquierda, Kazin no cree que el Partido Demócrata vaya a hacerse socialista a corto plazo y opina que para movilizar a los votantes necesita buscar el equilibrio entre su ala más izquierdista y los moderados, que pueden vencer en estados clave o de color rojo —el de los republicanos—, como Kansas, Ohio o Arizona. "A los demócratas les ha ido históricamente mejor cuando se unen en torno a una serie de políticas y un discurso -un lenguaje político- que denomino capitalismo moral, que no es tanto socialismo como lo que en Europa se llama socialdemocracia y que no se opone a la energía emprendedora, ni a que la gente se haga rica produciendo cosas, sino a que las corporaciones no tengan regulación, y que apoya a los sindicatos y más impuestos para los ricos", indica Kazin, quien subraya que estas ideas han sido populares en el pasado y lo siguen siendo en algunas partes. En ese sentido, afirma que la mayoría de los estadounidenses "nunca ha sido socialista", e incluso algunos ni siquiera están seguros de lo que significa.
Buscar puntos en común entre los demócratas
Para el partido todavía es complicado encontrar puntos en común entre los moderados y su ala más izquierdista. "Creo que todavía les cuesta coincidir en asuntos como la manera de oponerse a la corrupción de Donald Trump, que ha ganado 2.000 millones de dólares desde que se convirtió en presidente; las criptomonedas; los impuestos a los ricos; la expansión de la atención sanitaria financiada por el Gobierno...", enumera Kazin, quien, no obstante, llama la atención sobre el hecho de que cuando los demócratas socialistas son elegidos, como es el caso de Mamdani, Ocasio-Cortez o Sanders, luego demuestran que son políticos pragmáticos y no se transforman en las figuras que algunos socialistas defienden.
Tradicionalmente, las elecciones de medio mandato son vistas en EE.UU. como un referéndum sobre la gestión del presidente de turno y normalmente el partido en el poder suele retroceder. Y con los índices de popularidad de Trump por los suelos por el elevado coste de vida y la guerra con Irán, los demócratas esperan que una gran ola azul barra el país para retomar las dos cámaras.
Con los vientos a favor, Kazin advierte de que si hay un error que los demócratas deberían evitar antes de los comicios legislativos e incluso si recuperan el control del Congreso es "pasar demasiado tiempo atacando a Donald Trump", o puesto en otras palabras, "no hablar de temas reales". Por ejemplo, "deberían evitar dedicar la mayor parte del tiempo a intentar abrirle un juicio político de nuevo o investigar cada elemento de lo que él haya hecho en estos dos años o antes".
"Los demócratas deberían decir 'miren, él (Trump) saldrá del poder en dos años y tenemos que hablar sobre el futuro y cómo queremos que sea", medita.
En EE.UU. se suele decir que la campaña para las presidenciales, que serán en 2028, comienza al día siguiente de las elecciones de medio mandato y, si los progresistas quieren volver a ser el partido mayoritario, tienen que recuperar el apoyo de la clase trabajadora que no ha ido a la universidad. "Los demócratas saben que la razón por la que no ganan elecciones de la manera en que antiguamente lo hacían es porque han perdido votantes de esa base, especialmente los blancos de clase trabajadora, porque la mayoría de los negros de clase trabajadora todavía votan por los demócratas".
La clase trabajadora blanca ha migrado, especialmente durante el mandato de Obama, al Partido Republicano y a Donald Trump. "La única manera de recuperar el voto de esas personas es hablarles de una manera que entiendan y con la que puedan identificarse, además de evitar los llamados temas 'woke' con los que los Demócratas se han identificado, sobre todo, a su izquierda y de los que ya nadie habla, como desfinanciar a la policía o tener una frontera más abierta con México", concluye Kazin.



