Julian Barnes, Princesa de Asturias de las Letras: "Las artes expresan versiones nuevas de verdades antiguas"
El escritor inglés Julian Barnes en su discurso en los Premios Princesa de Asturias 2026 ha reflexionado sobre la idea de progreso en las artes y la literatura. El distinguido con el galardón de las letras apunta que cuando era joven "daba por sentado sin la menor duda que cada una de las artes, a lo largo de los siglos, evidenciaba un progreso inevitable. Era una presunción tácita, basada en el hecho de que todo lo demás en el mundo también había progresado: la ciencia, la tecnología, la sociedad, incluso la política".
El octogenario autor, retirado del oficio de novelista, solo mantiene sus comentarios como crítico de arte, mientras los periódicos sigan queriendo contar con sus colaboraciones, justifica su creencia juvenil por su educación oxoniense en la que el orden cronológico en las artes implicaba un avance: "Primitivismo, clasicismo, romanticismo, realismo, naturalismo, impresionismo, simbolismo y al final el modernismo, el posmodernismo, etcétera. Y más novedoso significaba claramente mejor".
Con veinte años leyó que "Voltaire desdeñaba a Shakespeare: reconocía su genio, pero lamentaba que no tuviese la más ínfima chispa de buen gusto y ni la más mínima comprensión de las normas dramáticas; además, su influencia en el teatro británico había sido desastrosa", pero a la par cayó en sus manos Shakespeare Our Contemporary del crítico polaco Jan Kott en donde "explicaba la claridad y la autoridad con que el dramaturgo había comprendido, descrito -y predicho- el mundo moderno".
Verdades antiguas
El joven Barnes encontraba esto "un tanto confuso, pero solucionable". En su discurso en el Teatro Campoamor afirma que "las artes pueden dar la impresión de progreso, aunque a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas".
El Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 rinde homenaje a los grandes iconos de la cultura española y recuerda que en plena era impresionista "Renoir visitó España y acortó su visita por la razón siguiente: 'Cuando miras a Velázquez te das cuenta de que todo ya está dicho'".
Barnes confiesa que uno de sus pasajes favoritos de la literatura universal está en la segunda parte del Quijote, en la que Cervantes hace referencia al Quijote de Avellaneda, continuación "pirata" del ingenioso hidalgo: "Don Quijote y Sancho topan con gentes que han leído cosas acerca de ellos no sólo en la primera parte original, sino también en la segunda parte apócrifa. Perplejos, caballero y escudero oyen que esas gentes les desprecian e incluso un individuo hasta se permite tachar de impostor en las barbas del propio Quijote porque afirma que él había conocido al auténtico".
Diálogo imposible
Estos episodios "¿son lúdicos, posmodernos, autorreferenciales, intertextuales, metaficciones?", se interroga el escritor, reconociendo el genio del inventor de la novela moderna. Llega a la siguiente conclusión: "Así que ya no pienso que las artes sean progresivas y que cada evolución mejore la precedente. Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos".
En un diálogo imposible Barnes imagina que "Renoir le pregunta a Velázquez cómo demonios pintó sus cuadros, que Voltaire rectifica el desdén que profesaba antaño a Shakespeare, que Flaubert (que se describía a sí mismo como “un viejo romántico”) manifiesta su veneración por Cervantes y también, quizá, pone mala cara a ese inglés, sentado ahí en un taburete, que tuvo la insolencia y la locura, un siglo después de muerto el autor francés, de escribir un libro titulado El loro de Flaubert".